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| 4/13/2003 12:00:00 AM

La encrucijada

Nada garantiza que cuando termine el conflicto en Irak la economía mundial se recupere.

"El ritmo de la recuperacion global se ha reducido desde finales de 2002 en medio de la incertidumbre geopolítica y el prolongado desinfle de los mercados bursátiles". Así comienza el informe de perspectivas económicas mundiales del Fondo Monetario Internacional (FMI) publicado el miércoles pasado, el mismo día en que los televisores del mundo entero transmitieron las imágenes de la toma de Bagdad por parte de las tropas estadounidenses, con lo cual los televidentes pudieron constatar que, definitivamente, la guerra resultó corta.

A muchos pareció inoportuno que el FMI publicara sus sombríos pronósticos justo cuando se estaba despejando la principal incertidumbre que pesa sobre la economía mundial, que es la guerra. Si algo tuvo frenados los negocios y deprimidas las bolsas durante los últimos tres meses fue la inseguridad que generaba el conflicto en Irak y, sobre todo, el temor de que fuera a ser muy largo y costoso. La apuesta de empresarios y economistas era que, si la guerra resultaba corta, los negocios y las finanzas volverían a florecer.

Es una apuesta que ahora parece ligera, pues nada garantiza que terminado el conflicto la economía mundial se vaya a recuperar. En realidad el FMI no estaba tan despistado cuando publicó sus proyecciones de corte pesimista el día del mayor triunfo de la coalición. En el informe el organismo ya advertía de los múltiples riesgos que enfrentan las economías del planeta y decía que "el crecimiento bajo persistiría aun en ausencia de la guerra".

Quieta la bolsa

La semana pasada, tras conocerse las noticias de Bagdad, las bolsas estadounidenses subieron muy poco y después volvieron a caer. Luego de varias semanas en que las especulaciones sobre la guerra movían los mercados la atención se volvió a centrar en los resultados de las compañías. Esta semana empezarán a publicar los balances del primer trimestre y ya hay algunas del sector comercio, como Target y J.C. Penny, que les han advertido a los inversionistas que no cumplirán sus metas financieras. Las expectativas para otras empresas, en general, no son muy buenas. Por eso al cierre de la ronda bursátil del jueves pasado, dos días después de la caída del régimen de Saddam Hussein, el índice S&P 500, que incluye las acciones más representativas de la economía norteamericana, se encontraba 0,2 por ciento por debajo del nivel que tenía el 19 de marzo, cuando se inició la guerra.

Los datos de los grandes almacenes estadounidenses sugieren que ha habido una caída en las ventas, que está asociada a la menor confianza de los consumidores en la situación económica. Las estadísticas también muestran que en marzo cayó la producción industrial en el país del norte, donde se perdieron 108.000 empleos en el mismo mes. De otro lado, las importaciones de Estados Unidos cayeron 0,4 por ciento en febrero. Si se tiene en cuenta que por esos días el precio del petróleo estuvo por las nubes, inflando por lo tanto este rubro, las importaciones no petroleras tuvieron que haber caído mucho más. Esta es una mala noticia para países como Colombia, que tienen en Estados Unidos el principal mercado de exportación.

De hecho, una de las primeras cosas que advierte el FMI en su informe es que la suerte de la economía mundial depende excesivamente de Estados Unidos. En los últimos cinco años este país ha aportado casi dos tercios del crecimiento económico global. Ni Europa ni Japón están en condiciones de imprimirle dinamismo al aparato productivo mundial.

La locomotora

Una cosa que podría impulsar la economía estadounidense y las de otros países es el petróleo. El precio del crudo se acercó a 40 dólares por barril en los días de la preguerra pero ya ha caído y la semana pasada se acercó a 25 dólares. Tampoco hay perspectivas de que vuelva a subir mucho, pues ya hay una oferta abundante y estable de petróleo, aún sin contar con los campos iraquíes, que ya están en manos de la coalición y que entrarán en producción dentro de pocos meses. Es una buena noticia para los países desarrollados, que tienden a ser importadores netos de crudo y ahora verán reducidos sus costos. La otra cara de la moneda es, naturalmente, para los exportadores de petróleo, entre los que está Colombia.

Con la caída del régimen de Hussein se descartó tempranamente un escenario que hasta hace poco se veía probable: el de una guerra larga. Esto deberá traer tranquilidad y favorecer la inversión y el crecimiento de la economía mundial. Los escépticos, sin embargo, anotan que no por ganar la guerra se acabará la incertidumbre. En Estados Unidos sigue latente el temor de nuevos ataques terroristas. De otro lado, la división política en torno al tema de Irak preocupa a las multinacionales de ambos lados del Atlántico. Se ha hablado de boicoteos, y de eventuales retaliaciones comerciales, pero hasta ahora no han sido más que especulaciones.

Más allá de esto, la política económica interna de Estados Unidos es objeto de intenso debate. El presidente George Bush tiene unos planes ambiciosos de reducción de impuestos que la oposición republicana rechaza con el argumento de que los más beneficiados serían los ricos. El FMI, por su parte, celebra que se corrijan defectos estructurales del sistema impositivo de Estados Unidos (como la doble tributación), pero expresa sus temores por el déficit fiscal que generarían los recortes. Este año el faltante de las finanzas públicas en el país del norte subirá a 4,6 por ciento de PIB. Este es, hoy por hoy, el talón de Aquiles de la economía estadounidense.

Tres años después de haberse reventado la burbuja bursátil de las 'punto com' hay quienes dicen que todavía no ha terminado el "guayabo" que dejó ese auge. Algunos analistas advierten que, aún hoy, acciones de las empresas en Estados Unidos siguen, en general, sobrevaluadas. Los pesimistas también temen que la propiedad raíz, que en los últimos años ha impulsado la economía estadounidense, se desinfle con consecuencias económicas mucho más graves.

Los optimistas, con el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a la cabeza, descartan esta posibilidad. La semana pasada el jefe de la FED descartó un desinfle inmobiliario y resaltó la inusitada resistencia que ha mostrado la economía de su país. Ni la caída de la bolsa, ni los ataques del 11 de septiembre o los elevados precios del petróleo lograron pararla.

Pero no todo el mundo está tan convencido. Al presentar sus números el FMI optó por la cautela y pronosticó un crecimiento de 2,2 para la economía de Estados Unidos en 2003, una cifra modesta y muy similar a la del año pasado. Para el mundo entero espera un crecimiento de 3,2 este año, medio punto por debajo de lo que calculaba hace seis meses.
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