Lunes, 3 de agosto de 2015

| 2010/01/09 00:00

La gran hazaña

Con el aumento de sólo 2 por ciento en los precios al consumidor en 2009, Colombia se puso a la par de las economías más desarrolladas. ¿Qué significa tener la inflación más baja en casi seis décadas y qué pasará este año?

La gran hazaña

La mayoría de los colombianos no sabe lo que es vivir con una inflación tan baja como la registrada el año pasado, cuando llegó al 2 por ciento. Un dato menor a esta variación sólo se vivió en 1952, cuando la inflación se situó en 1,82 por ciento. Pero en los años 70, 80 y buena parte de los 90, la inflación se movió entre el 18 y el 32 por ciento.

Sin duda la cifra observada para 2009 es una gran noticia, pues como dice el gerente general del Banco de la República, José Darío Uribe, significa que Colombia alcanzó un nivel de inflación internacional.

Más allá del récord estadístico, lo más importante de este hecho son los beneficios que reciben las familias por tener precios bajos y estables. En economía se sabe que la inflación alta es un impuesto perverso que afecta a todo el mundo, pero en mayor medida a los pobres, pues hace que se esfumen sus salarios e ingresos.

De hecho, gracias a la bajísima inflación alcanzada el año pasado, se le dio un respiro a los castigados bolsillos de los colombianos, pues permitió incrementar el poder adquisitivo de los hogares. Mientras los precios de los productos que integran la canasta familiar subieron 2 por ciento en 2009, el salario mínimo para ese año fue reajustado en 7,67 por ciento. Es decir, los trabajadores que ganan un salario básico tuvieron un incremento real de 5,67 por ciento en su ingreso. En otras palabras, los ingresos el año pasado rindieron más. Por otra parte, ¿a quién no le gusta comprar más con la misma plata? Pues eso es lo que se gana cuando el país tiene bajas inflaciones. Además tiende a favorecer el ahorro.

Y hay muchos otros beneficios. Por ejemplo, el hecho de haber cerrado el 2009 con una variación del IPC del 2 por ciento le dará una mayor tranquilidad a la junta del Banco de la República para mantener estables las tasas de interés o incluso para pensar en una próxima reducción.

Y las tasas de interés bajas siempre serán una buena noticia para los consumidores y para las empresas. Abaratan el crédito y dinamizan la demanda de bienes y servicios. Nada hace más atractiva la compra de vivienda que tener bajas tasas de interés para los créditos hipotecarios, pues se trata de inversiones de largo plazo.

La estabilidad de precios es un logro muy valioso para cualquier economía porque facilita celebrar contratos de largo plazo en las empresas, lo que permite hacer planes de inversión. En economía, las expectativas juegan un papel muy importante y si todos confían en que los precios se mantendrán bajos y estables habrá menos incertidumbre para tomar decisiones.

Para el gerente del Banco de la República son muchos los males que le dejaron al país los largos años de inflación alta: las tasas de interés subieron, las inversiones y el crédito tendieron a ser a plazos cortos, las negociaciones salariales fueron difíciles, la especulación fue una práctica común y los ingresos y los ahorros se erosionaban a medida que la inflación subía.

Aunque todo parece sonreír cuando hay bajas inflaciones, no hay que desconocer que de seguir cayendo los precios se puede llegar a lo que se conoce como deflación, un fenómeno al que los economistas le tienen pánico por lo difícil de controlar. En estos casos los consumidores prefieren esperar que los precios continúen bajando y no gastan, lo que se vuelve un espiral incontrolable.

La deflación llevó a serios problemas a Japón en los años 90 y en varias partes del mundo en los años 30. Pero este no es el caso de Colombia, donde la probabilidad de caer en una deflación no se ve en el horizonte, según los expertos.

Qué sigue ahora

Lo cierto es que con el dato de inflación de 2009, los más contentos son los miembros de la junta directiva del Banco de la República, porque la entidad tiene la obligación constitucional de mantener la capacidad adquisitiva de la moneda y eso se logra con una inflación baja y estable.

Y aunque la medalla hay que colgársela al banco central, pues hizo muy bien su tarea el año pasado, hay que reconocer que también contribuyeron otros elementos. Sin duda la recesión mundial y la desaceleración de la economía en Colombia fueron los principales factores que ayudaron a mantener la inflación controlada. Ante la deprimida demanda local, muchos productores se vieron forzados a no reajustar precios de los artículos y servicios. Adicionalmente, el clima favoreció la buena oferta de alimentos. Y hasta el bloqueo comercial que impuso Venezuela a los productos colombianos tuvo bastante que ver con la menor inflación. Los exportadores terminaron por vender localmente, aumentar la oferta y bajar los precios.

Un dato: los alimentos cayeron 0,32 por ciento, una variación que no se había visto en años. Y hay que recordar que este grupo pesa el 28 por ciento en la canasta familiar.

Sin embargo, la feria de bajos precios no es eterna. Para este año, la situación se ve diferente. Los analistas y el Banco de la República están esperando un repunte de la inflación para el primer semestre del año, como consecuencia del fenómeno de El Niño; la subida de los commodities ante la recuperación de la economía mundial y los pronósticos que indican que la economía local comenzará a crecer y la demanda a reactivarse. Esto hará subir el precio de los alimentos y otros bienes y servicios. El gerente del Banco de la República cree que el aumento será temporal, pues en la segunda mitad de 2010 se podrá corregir.

No hay duda de que en materia de inflación 2009 se despidió con buenas noticias. Ahora se espera que las señales positivas de recuperación que advierten muchos analistas para el nuevo año se concreten y no sea que se estén pensando con el deseo.

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