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| 11/10/1986 12:00:00 AM

LA GUERRA DEL PETROLEO

En peligro la bonanza petrolera por los atentados guerrilleros

La escena se está volviendo increíblemente cotidiana tanto en Arauca como en Norte de Santander. Repentinamente y sin aviso, una columna guerrillera llega a uno de los inhóspitos tramos por donde pasa el oleoducto de 24 pulgadas de diámetro que transporta el petróleo desde los yacimientos de Cravo Norte hasta Coveñas, cava el metro y medio de tierra que cubre la tubería, coloca un par de cargas de dinamita y ¡boom!, se agrega un eslabón más a la larga cadena de atentados en la zona. Tantos, que hasta la semana pasada los hechos de violencia ascendían a 34 en lo que va del año.

Ese es, en pocas palabras, el gran dolor de cabeza que ha traído consigo la bonanza petrolera iniciada en 1985 y que le ha permitido al país pasar de importador a exportador del crudo en cuestión de meses. Como si no fueran suficientes los problemas de explorar y explotar petróleo en una zona difícil y alejada de los puertos, la presencia de los guerrilleros se ha convertido en un factor costoso, desestabilizador y que le coloca un gran signo de interrogación al futuro petrolero de Colombia.

Los atentados, con una frecuencia casi semanal en los últimos meses, han afectado por encima de todo a la asociación de Ecopetrol, Occidental y Shell que explota el yacimiento más rico del país, con una producción tope cercana a los 250 mil barriles de petróleo al día. Las estaciones de bombeo y el oleoducto son las víctimas constantes de las incursiones de los subversivos. En la más reciente ocurrida el 3 de octubre, una carga detonó un trecho de la tubería en cercanías del municipio de Bellavista en Norte de Santander, ocasionando el derrame de unos 15 mil barriles de petróleo que alcanzaron a llegar hasta el río Catatumbo, ocasionando graves daños ecológicos. A pesar de que a finales de la semana pasada ya se había restablecido el servicio, las pérdidas en este caso superaron de lejos los daños de ocasiones anteriores.

Los problemas con el oleoducto comenzaron tan pronto se inició su construcción en 1984. Las diversas compañías contratistas tuvieron roces constantes con el Ejército de Liberación Nacional que opera en el área.
Las incursiones a los campamentos y el secuestro de ingenieros colombianos y extranjeros se volvió casi constante, lo cual obligó a algunas compañías a retirarse de la zona. El único período de calma llegó cuando, obedeciendo a las presiones, la compañía Mannesman de Alemania que construyó el oleoducto Caño LimónRío Zulia, empezó a pagar la "vacuna petrolera". Sin embargo, los escándalós que se generaron por esa actitud y la posterior suspensión del giro de dinero al ELN ocasionó que las incursiones aumentaran en número y en violencia hasta el extremo de las últimas semanas. La prueba más clara se dio el 26 de septiembre cuando un comando guerrillero arrasó con las instalaciones de un campo petrolero operado por la Chevron en cercanías de Río Zulia. Según Ecopetrol, la suspensión de la producción es tan grave que tuvo que empezar a importar 400 toneladas de parafina al mes y 5 mil barriles de bases lubricantes a un costo estimado de 5 millones de dólares al año.

En respuesta, las compañías petroleras reafirmaron la semana pasada su intención de no pagar ningún dinero a la guerrilla. Al mismo tiempo, el ministro de Defensa, general Rafael Samudio, sostuvo que se intensificaría la presencia militar en el sector.

Sin embargo, es poco probable que las acciones terroristas se terminen.
La zona es tan amplia que aun los más optimistas reconocen que es imposible cuidar los 780. kilómetros del oleoducto, las estaciones de bombeo y mucho menos los numerosos campos de explotación y exploración que existen. Para aumentar la seguridad se han escuchado propuestas que van desde la vigilancia por satélite hasta la colocación de alarmas en el oleoducto, pero ninguna es lo suficientemente confiable para protegerse de una treintena de guerrilleros con varios kilos de dinamita.

La aparente resignación de la industria a convivir con la guerrilla coincidió con el anuncio del presidente de Ecopetrol, Francisco Chona, de intensificar la actividad exploratoria de la empresa estatal con el fin de evitar que el país pierda la autosuficiencia petrolera para 1993, época en la cual las reservas actuales serán insuficientes para atender el consumo nacional. Según el funcionario, el plan quinquenal de Ecopetrol contempla la perforación de 96 pozos entre 1987 y 1991, y 177 pozos más a través de los contratos de asociación. El costo del esfuerzo total requerido (685 pozos según Ecopetrol) es de unos 2.500 millones de dólares, de los cuales cerca de un 15% provendrían del Fondo de Exploración Petrolera. En todo esto, los expertos insisten en la necesidad de contar con las compañías multinacionales. Sin embargo, queda por verse si los inversionistas extranjeros están dispuestos a meterle su dinero al país, corriendo el peligro de que las esperanzas de utilidad se vayan en humo el día de un nuevo atentado petrolero. --
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