Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/10/16 00:00

La guerra de las monedas

Mientras Estados Unidos inunda el planeta de dólares, China se resiste a revaluar el yuan. Pagan los platos rotos los países como Colombia, que desesperadamente tratan de detener la caída del dólar y el fortalecimiento de sus monedas.

La guerra de las monedas

El mundo está ante una nueva faceta de la crisis económica, que, como ya dicen algunos, más parece un virus mutante que se extiende por todas partes del planeta, adoptando distintas formas. Lo que comenzó como una crisis inmobiliaria se convirtió en una tormenta financiera, para posteriormente alcanzar dimensión de recesión mundial. Más adelante mutó en forma de crisis fiscal y del empleo y ahora se ha transformado en una "guerra de divisas" o de tasas de cambio.

Lo que faltaba. Ahora las grandes potencias se enfrascan en una batalla por sus monedas, justo cuando la recuperación de la economía mundial es todavía débil y cualquier cosa podría provocar una recaída.

Hace pocas semanas, el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, acuñó la expresión "guerra de divisas" que explica lo que está pasando: varios países están manipulando su tasa de cambio para arreglar más rápidamente sus economías internas y crecer sus exportaciones en detrimento de otros.

El tema estuvo en el centro del debate de la pasada reunión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington, en donde su director, el francés Dominique Strauss-Kahn, afirmó que muchos están considerando su moneda como un arma, y eso no le hace bien a la economía mundial.

En este pulso de poderes están Estados Unidos y China, las dos grandes potencias económicas. A los chinos se les acusa de mantener artificialmente devaluado el yuan para no afectar su competitividad, favorecer a sus exportadores y seguir creciendo a altas tasas. Basta observar el gigantesco déficit comercial de Estados Unidos frente a China. Las últimas cifras del Departamento de Comercio estadounidense muestran que hasta agosto de este año las importaciones desde el país asiático superan las exportaciones a ese mercado por 28.000 millones de dólares, una cifra sin precedentes.

Por otro lado, a Estados Unidos se le critica porque está inundando al mundo de dólares en una política deliberada para devaluar su moneda y reactivar así su economía (aunque no lo reconozca). Según el ex ministro de Hacienda Rodrigo Botero, devaluar el dólar favorece el interés nacional de Estados Unidos por varias razones. Primero, porque es el único país del mundo cuya deuda externa está denominada en su propia moneda. Esto significa que al devaluarla disminuye su deuda. En segundo lugar, porque esto le permite promover las exportaciones, y en tercero, porque de esta manera puede tomar una retaliación, no explícita, contra la política mercantilista de la China. "Le asesta un golpe al valor de las reservas internacionales de esa nación que, en parte considerable, están denominadas en dólares". Al fin y al cabo, las reservas chinas en moneda extranjera crecen velozmente. Según The Wall Street Journal, subieron a 2,6 billones de dólares (millones de millones) a finales de septiembre, un alza récord. La razón es que el banco central de China viene aumentando sus reservas en una clara política para limitar los movimientos del yuan.

Todo comenzó...

Aunque la economía mundial está entrando en un terreno hasta ahora desconocido y peligroso ciertamente, este desorden cambiario no comenzó hoy. La historia se remonta 20 años atrás, cuando China adoptó un modelo de crecimiento similar al que siguieron los llamados tigres asiáticos (Singapur, Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur), basado en las exportaciones. Estos países se lanzaron a crecer y a exportar manteniendo deliberadamente devaluada su moneda, a través de controles cambiarios (combinado con educación, productividad y baja inflación), y la estrategia les dio resultado. Pero una cosa es que lo hicieran estos pequeños países y otra diferente, China, con sus 1.300 millones de habitantes. El gobierno de Beijing también aplicó la estrategia de mantener devaluado el yuan, y así sus productos se ven baratísimos cuando cualquier importador, en cualquier lugar, los mide contra su moneda. El resultado es un mundo inundado de manufactura china. De esta manera su economía se fortaleció, y eso, que implicaría que su moneda se revaluara, no ha ocurrido. El gobierno no lo ha permitido para evitar el desempleo y el malestar social.

Desde junio hasta la fecha, la divisa china subió solo 2,3 por ciento frente al dólar, y los analistas estiman que puede estar subvaluada entre el 20 y el 40 por ciento.

Como siempre, entre los economistas no hay consenso. Hay quienes piensan que a esto no se le puede llamar guerra de monedas. Para el economista español José Juan Ruiz, subdirector de análisis y estrategias del Banco Santander, lo que está ocurriendo en el mundo no es más que una consecuencia de los cambios económicos que dejó la crisis. "Esto no es una guerra en la que la gente o los países se enfrascaron porque sí. Este es un fenómeno que responde a que los países emergentes presentan mejores perspectivas de crecimiento".

Tiene argumentos de peso para sustentar su tesis. Los países desarrollados están creciendo poco y con problemas, y mientras tanto los emergentes crecen mucho y de forma bastante saneada. Esto ya de por sí implica una transformación que tiene sus consecuencias en las decisiones de los inversionistas. Hoy los que tienen capitales tratan de mirar hacia los países donde las tasas de crecimiento son más altas y sostenibles, y están encontrando eso precisamente en los países emergentes de Asia y de América Latina.

Además, en los países desarrollados los bancos centrales inyectaron liquidez para sostener sus sistemas financieros, y estos recursos buscan otros mercados donde las tasas sean más rentables. "Creo que es la restauración de la normalidad, cuando los capitales fluyen de los ricos a los pobres", dice Ruiz. Para el analista, el problema tiene que ver más con la política monetaria que con países que quieran manipular la tasa de cambio para robarle crecimiento a otros. En la historia eso no ha funcionado. Todos los países que han manipulado la tasa de cambio al final terminan pagándolo con inflación. "La competitividad de una economía no se puede lograr solo con base en la tasa de cambio, eso es falso. Eso se logra con capacidad de crecimiento, con sus exportaciones, con productividad, con un sistema educativo", afirma. Mejor dicho, si la tasa de cambio fuera una variable que al manipularse llevara a la prosperidad, ya América Latina sería la zona más próspera del mundo. Varios países en el pasado probaron esa receta y no les salió bien.

Que alguien ponga orden

Muchos consideran que el asunto es tan grave que amerita una coordinación económica internacional para tratar de sentar a las potencias en la mesa y exigir soluciones. Es una tarea casi imposible. Hay que poner de acuerdo a cuatro actores principales para que funcione: Estados Unidos, Japón, la Unión Europea y China. En la pasada reunión del FMI no se tuvo éxito.

Ahora en noviembre viene el Foro del G-20 (las economías avanzadas y en desarrollo), y el tema se va a plantear, pero ya muchos se declaran escépticos de que se logre algún acuerdo.

El papel de América Latina en este rollo es limitado. Todavía son economías que no pesan mucho en el mundo, si bien son miembros del G-20 Brasil, México y Argentina. También es difícil que Brasil quiera casar una pelea con China, que se ha convertido en su gran socio y comprador sin igual de materias primas. En la pasada reunión del FMI, Brasil dejó claro que no está interesado en meterse en esta pelea. No hay que olvidar que hace parte de los Bric, donde justamente están China, Rusia e India.

Para los analistas, los chinos tienen la sartén por el mango con América Latina y buscarán que esos países generen presión a su favor, porque son sus socios. Tampoco se espera que Corea del Sur, país anfitrión de la reunión del G-20, quiera casarle un pleito a China en este momento.

La presión por un acuerdo tal vez llegue del lado de las otras dos grandes potencias. De los países de la Unión Europea, que están preocupados pues el euro continúa apreciándose frente al dólar. Y de Japón, que acaba de anunciar que no dejará revaluar más el yen y por eso su banco central ha hecho millonarias intervenciones en el mercado cambiario.

Si no hay coordinación de las economías mundiales, es muy probable que los países sigan buscando mecanismos para devaluar sus monedas. Pero si todos los hacen al mismo tiempo, es el caos total. Es como si todos los aficionados se pararan al mismo tiempo en un estudio para ver mejor el partido. Nadie lograría un mejor panorama. Alguien tiene que arreglar este desorden. De lo contrario, la "guerra de divisas", de la que todos hablan por estos días, tendría graves consecuencias para la recuperación de la economía mundial y, a diferencia de las guerras convencionales, en esta no habría vencedores.

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