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| 5/20/1996 12:00:00 AM

LA HORA DEL ADIOS

DESPUES DE 35 AÑOS COMO EMPRESARIO, JIMMY MAYER SE RETIRA DE LA PRESIDENCIA DEL GRUPO SANFORD

De un hombre que a los 60 años compra una motocicleta Harley Davidson para montar como si tuviera 20 se puede esperar cualquier cosa. Se puede esperar, por ejemplo, que se obsesione como un niño con los computadores y quiera meterse de lleno en cuentos como el de Internet, cuando lo normal en la gente de su edad es que le huya a esos aparatos que parecen monstruos. Se puede esperar que todavía quiera crear nuevas empresas como si su carrera estuviera comenzando. Que piense en el país y busque soluciones para la crisis nacional durante las 24 horas del día, pero que nunca opine, teniendo la autoridad y las oportunidades para hacerlo. Lo que ocurre, en últimas, es que cualquier cosa puede resultar de una mente en la cual se mezclan el análisis meticuloso con el instinto al tomar decisiones, como le pasa a Jimmy Mayer, el presidente del grupo Sanford, dueño de grandes porcentajes en unas 20 empresas, entre ellas Petroquímica Colombiana, Centelsa, Propilco y Biofilm. Sólo alguien así podía tomar la decisión de retirarse de su cargo y quedar sólo como accionista de sus compañías, en un país donde todo el mundo quiere ser figura durante toda la vida, bien sea político, deportista o empresario. Mayer estudió física en el Massachussetts Institute of Technology MIT y luego llegó a Colombia para trabajar en la fábrica de cajas de cartón que tenía su papá en Barranquilla, pero que nunca fue un éxito. Al mismo tiempo, su amigo Edmundo Esquenazy, con quien había vivido en Boston durante tres años, trabajaba en una firma de arquitectos de su familia. Un día él le comentó a Mayer que en Colombia no había material para hacer pisos. La idea les quedó sonando y armaron viaje para Estados Unidos a estudiar el tema. Luego llegaron a Bogotá y decidieron montar una empresa que hasta hace unos años fue de ellos: Pavco. No tenían plata y no superaban los 27 años, pero a punta de préstamos y entusiasmo arrancaron. Les gustó tanto que siguieron juntos en su idea de crear industria.Hoy en día, Mayer cree que llegó la hora de decirle adiós al día a día de los negocios, aunque tiene tan arraigada la vena de los negocios que nadie le cree que se va a retirar del todo. Sin embargo, como él mismo dice, "llevo 35 años haciendo negocios y ya no tengo los mismos bríos que la gente de 40. Es mejor que haya sangre nueva, y por eso me retiro, aunque pienso seguir participando activamente como accionista y mirando posibilidades, porque hacer industria es para mí una goma". Y es que el placer por los negocios es para él indescriptible, tanto que el dinero se le ha vuelto secundario. Es como hacer arte, y así se lo dice a su esposa, Becky, que es artista. "Uno imagina el producto y comienza a concebir mentalmente la planta. Después contrata gente para que le haga un estudio más serio y luego la monta. Eso es bonito", dice. Pero no sólo porque es mejor darle vía libre a la juventud y poner en práctica una de sus reglas de oro en los negocios, cual es la de confiar en la gente, es lo que lo lleva a retirarse. También influyen las ganas de dedicarse a viajar por el mundo, porque siempre que lo ha hecho ha estado de afán; el deseo de estar con su familia y de escuchar música, ojalá de Bach o los Beatles, especialmente Sgt. Pepper's Lonely Heart_s Club Band; las ganas de perfeccionar su golf y de montar en moto para recordar tiempos como aquel en la universidad, cuando duró tres meses recorriendo desde Boston hasta Bogotá en una motoneta. Ahora, su vida cambiará tanto que pasará menos tiempo en Colombia, aunque mantendrá todas sus inversiones. En parte, se alejará porque el país para él se ha vuelto difícil de manejar, pues hay cosas más grandes que cualquiera, como la inseguridad. Y es que a pesar de querer con toda el alma al país donde ha visto crecer sus negocios, considera que ya es hora de corregir fallas como la falta de justicia o el hecho de que el Estado entorpezca el ánimo de crear industria, para que éste se vuelva el paraíso de América Latina.
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