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| 5/16/2004 12:00:00 AM

La hora de la verdad

Serán cuatro los puntos clave de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que arranca sesiones esta semana.

Llegó la hora de negociar el acuerdo comercial más importante de la historia del país. Este martes 18 de mayo se inician en Cartagena las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos, en las que también estarán presentes Ecuador y Perú. Durante dos días, los representantes de estos países se sentarán a la mesa para determinar la mecánica que seguirán en las ocho reuniones que, se espera, conducirían a la firma del tratado.

Este tipo de negociaciones suele tener un comienzo feliz. El protocolo exige a los funcionarios salir sonrientes en las fotos y dar declaraciones cargadas de optimismo. Pero el trabajo de los negociadores se complica a medida que destapan sus cartas y avanzan hacia los temas más sensibles del acuerdo. Entonces comienza el verdadero tire y afloje, en el que se pondrá a prueba la capacidad del equipo colombiano para ganar en algunos puntos beneficiosos para el país. ¿Cuáles serán los temas clave de la negociación? El gobierno ha identificado 350 puntos críticos en los 23 temas que se discutirán en las mesas de trabajo. No ha dado detalles, pero, según los expertos del sector privado consultados por SEMANA, hay cuatro temas especialmente críticos.

El agro, punto crucial

La apertura del sector agrícola es siempre el 'chicharrón' de los acuerdos comerciales. Estados Unidos protege a sus agricultores dándoles ayudas económicas, calculadas en 180.000 millones de dólares para los próximos 10 años. A un cultivador estadounidense, por ejemplo, producir una tonelada de arroz le cuesta 186 dólares. A uno colombiano, 175 dólares. El arrocero gringo, sin embargo, puede vender su producto en el mercado internacional a 101 dólares la tonelada -por debajo del costo- porque recibe de su gobierno una ayuda que le permite hacerlo ganando plata. El colombiano, en cambio, no recibe ningún subsidio y está protegido solamente por los aranceles, que varían según baje o suba el precio internacional del arroz. Con ellos se busca impedir que lleguen al país importaciones artificialmente baratas con las que no puedan competir los arroceros nacionales.

El problema está en que mientras la eliminación gradual de los aranceles es un objetivo del TLC, el desmonte de las ayudas que reciben los agricultores norteamericanos no lo es. Estados Unidos ha dicho que sólo negociará este tema en la Organización Mundial del Comercio, cuando otros países como los europeos también estén dispuestos a hacerlo. El reto de los negociadores colombianos es acordar algún mecanismo que contrarreste el efecto de las ayudas agrícolas estadounidenses mientras estas se mantengan.

La encrucijada de las patentes

Otro tema crítico tiene que ver con las normas de propiedad intelectual. Es de esperar una fuerte presión de Estados Unidos para que los países andinos sean más estrictos a la hora de proteger las marcas, los derechos de autor y las patentes. Aunque se trata de una pretensión válida, el asunto se enreda cuando esa mayor protección puede limitar, por ejemplo, el acceso de los colombianos a medicamentos de bajo costo.

Con las normas vigentes, un laboratorio farmacéutico que desarrolle un producto innovador puede obtener en Colombia una patente que da derecho a comercializarlo de forma exclusiva por 20 años. Además, toda la información que suministre al Invima con el fin de obtener el registro sanitario para algún medicamento no puede ser utilizada por otro laboratorio por un término de cinco años. Así consigue la exclusividad en la venta por ambas vías y, al mismo tiempo, se asegura de no tener la competencia de las llamadas drogas genéricas, que tienen un menor costo.

Ir más allá de lo que hoy tiene Colombia en esta materia, como quiere Estados Unidos, implicaría cambiar varios aspectos. Uno es que Colombia otorgue patentes a los medicamentos viejos a los que se les encuentren nuevos beneficios (las famosas patentes de segundo uso). Esto sucede, por ejemplo, en el caso del Viagra, que fue desarrollado para enfermedades cardíacas y que ahora se usa para la impotencia sexual masculina. Otro es aumentar el tiempo en que la información del registro sanitario está reservada.

Los laboratorios nacionales se oponen a que el gobierno ceda en estos puntos con el argumento de que impediría la producción de genéricos, que abastecen el sistema de salud colombiano y, por tanto, el acceso de los consumidores a nuevos y mejores medicamentos. La tarea del equipo nacional es encontrar la forma de proteger adecuadamente la propiedad intelectual -algo indispensable para promover la investigación y el desarrollo de nuevos productos-, sin aceptar presiones externas de las compañías farmacéuticas multinacionales.

La plata del gringo

Que vengan los inversionistas estadounidenses al país es uno de los principales intereses de Colombia al firmar el TLC. Son comunes las quejas de las empresas extranjeras por los frecuentes cambios en las reglas de juego (en impuestos o en contratos con el gobierno, por ejemplo) y por las demoras y la falta de transparencia en los mecanismos para resolver disputas. El acuerdo buscaría darles a los inversionistas la tranquilidad de tener un marco legal claro y estable al traer sus dólares a Colombia.

Un punto sensible en la negociación será el de los controles a los llamados "capitales golondrina", que al entrar y salir de los países causan algunas veces movidas fuertes e inesperadas en la tasa de cambio o en los intereses. Para evitar estos efectos poco deseables, Colombia pretendería mantener la posibilidad de imponer restricciones temporales a esas inversiones de corto plazo. Estados Unidos, por el contrario, es amigo de eliminar todas las barreras que impiden la libre movilidad de los capitales.

Servicios sin fronteras

Cada vez que se habla del TLC suelen mencionarse los beneficios que traería, por ejemplo, para las confecciones o las amenazas para algunos productos agrícolas. Sin embargo, poco se dice de un sector que representa más del 60 por ciento del PIB colombiano y que ha crecido aceleradamente en los últimos años: el de servicios. Abarca tantas actividades y tan diversas, que la negociación tocará temas que van desde las reglas para que un ingeniero colombiano pueda ejercer en Estados Unidos hasta la posibilidad de que una aseguradora norteamericana venda sus pólizas en Colombia sin tener que montar una filial en el país.

Este último punto es quizás el centro de la discusión en el tema de servicios. Estados Unidos busca que se libere, por ejemplo, el negocio de telefonía de larga distancia o que la sucursal de una entidad bancaria estadounidense utilice el capital de su casa matriz para hacer operaciones en Colombia. Entrarían a competir con las compañías colombianas en estos sectores. El reto en la negociación es garantizar que lo hagan en igualdad de condiciones, es decir, cumpliendo las mismas normas y pagando los mismos impuestos que los jugadores locales.

Dentro de un año, cuando se haga el balance de la negociación, habrá que evaluar el TLC como un todo. Es decir, sumar los logros y restar las concesiones en los distintos temas. Lo que está en juego es mucho más que el desmonte de los aranceles. Se trata de un cambio profundo en las reglas de toda la actividad económica colombiana.
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