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| 8/4/2012 12:00:00 AM

"La locomotora del café salió del taller"

Tras el palo que ha recibido la Federación de Cafeteros por la prolongada caída en la producción, su gerente, Luis Genaro Muñoz, asegura que a partir de ahora el panorama del sector mejora. Anuncia que en unos años se llegará a 16 millones de sacos, que se exportará grano a Brasil y que se abrirán tiendas Juan Valdez en Oriente Medio. Así responde el dirigente a las críticas.

SEMANA: La gente está preocupada con lo que viene pasando con el café. De ser el segundo país productor mundial pasamos al cuarto. Colombia está perdiendo protagonismo en el mundo del café. ¿Qué está pasando?

LUIS GENARO MUÑOZ:
Esto hay que mirarlo desde varios ángulos. Uno, la producción, pues desde 2009 ha caído un 30 por ciento anual y hay que recuperar el volumen que permita volver a poner a Colombia en los primeros lugares del mundo. Pero también hay que mirar otro ángulo y es el de la especialización y la calidad, en la cual, sin duda alguna, Colombia sigue siendo reconocida como el país que produce el mejor café del mundo. Por eso al país se le pagó como prima de calidad el año pasado 250 millones de dólares. La relevancia de la especialidad y la calidad lejos de perderse se ha fortalecido. La tarea es recuperar la producción, que es el insomnio de los cafeteros. Claro que nos vamos a recuperar. La locomotora de la caficultura estaba en el taller ajustando piezas y ya salió.

SEMANA: ¿Qué piezas se ajustaron y eso en qué se traducirá?

L.G.M.:
Se está dando un cambio trascendental en la estructura de la caficultura en busca de que el 100 por ciento de nuestros cafetales tengan variedades resistentes; que permanezcan jóvenes y estén tecnificados. Si logramos que el 100 por ciento de la caficultura esté en esas condiciones vamos a retornar no solo a los volúmenes habituales del país de 11 millones de sacos sino avanzar un poco más hacia 16 y 18 millones de sacos al ampliar la frontera cafetera a 1 millón de hectáreas. Eso no solo volverá a Colombia a los primeros lugares en volumen, sino al mejor café del mundo.

SEMANA: ¿Qué ocasionó la caída tan profunda en la producción en los últimos cuatro años?

L.G.M.:
Es una cadena de males. Cafetales viejos -lo que es fatal para la producción-, susceptibles a plagas y con baja tecnificación y un invierno fuerte y prolongado.

SEMANA: ¿Y estas condiciones han cambiado en algo?

L.G.M.:
Afortunadamente sí. En 2009 teníamos una afectación de roya del 40 por ciento, hoy estamos en 8 por ciento. En cuanto al clima, los cafeteros preferimos Niño que Niña y un período seco -como el que se pronostica- le conviene mucho a Colombia. Ahora también tenemos mejor sanidad, que se traduce en mayor productividad.

SEMANA: Suena alentador, pero ¿qué están haciendo para subir la producción?

L.G.M.:
Colombia tiene alrededor de 900.000 hectáreas de café. En los últimos años nos hemos dedicados a renovar toda la caficultura. Hoy la radiografía es la siguiente. Vamos a tener la mitad de la caficultura tecnificada, joven y resistente. De las hectáreas que teníamos envejecidas nos faltan 100.000. Y en las llamadas susceptibles a plagas se ha mejorado un 30 por ciento. En 2011 se renovaron 120.000 hectáreas y este año se ha aumentado 10 por ciento. Colombia en lo que va del año ha sembrado 252 millones de nuevos árboles. Con este ritmo acabaremos en dos años la tarea de renovación y volveremos a los niveles del pasado. Además vamos a llegar al millón de hectáreas cultivadas.

SEMANA: Dado que en el pasado reciente los pronósticos han fallado, ¿Qué tan confiables son estas proyecciones?

L.G.M:
Es cierto. En 2009 la proyección de la cosecha apuntaba a 11,3 millones de sacos y caímos a 8. En materia de proyección hay que tener mucho cuidado. Los modelos nuestros estaban fallando porque estaban concebidos para unos periodos de menor variabilidad climática. Eso lo hemos corregido, buscamos asesoría en Estados Unidos, en la Universidad de los Andes y con nuestros propios investigadores en Cenicafé y corregimos el modelo. Ahora tenemos proyecciones mucho más cercanas a la realidad. En el primer semestre de este año que estrenábamos la metodología, la desviación fue de 0,8 por ciento. Eso nos permite decir que en materia de producción, este año vamos a estar más cerca de los 9 millones de sacos que de los 8 millones.

SEMANA: Un estudio de analistas, entre ellos dos codirectores del Banco de la República, dice que hubo lentitud de parte de la Federación para adoptar nuevas tecnologías, variedades resistentes a las plagas, y mejorar fertilización. ¿Usted cree que se demoraron?

L.G.M.:
Más que hablar de lentitud, uno no puede perder el contexto de Colombia. En el país estamos trabajando desde hace 30 años las variedades resistentes. Pero luego vino el período de violencia. Las condiciones sociopolíticas eran nada propicias para la inversión. ¿Quién le apostaba hace 10 años a invertir en el campo? Únicamente los cafeteros nos quedamos en el campo a invertir. Otra cosa, si revisamos el precio, a duras penas llegaba al dólar. Frente al famoso estudio, pienso que faltó profundidad.

SEMANA: ¿Y qué opinan del planteamiento de sembrar café en otras zonas como la Orinoquia, así sea calidades inferiores?

L.G.M.:
Muy peligroso. ¿Qué pasaría con la prima que recibe Colombia por la calidad de su café? Es arriesgar una marca que hemos logrado posicionar en el mundo por décadas. Hay que mirar el tema con muchísimo más cuidado. Por otro lado, ¿quién podría sembrar por ejemplo en la Orinoquía? ¿el pequeño caficultor colombiano o más bien multinacionales extranjeras? Claro, bienvenida la inversión, pero qué pasaría con los bienes públicos cafeteros generados por los pequeños cafeteros. Podríamos terminar los colombianos financiando las grandes firmas multinacionales. O la investigación en lo que se invierten cerca de 20.000 millones de pesos o el servicio de extensión.

SEMANA: La gente no entiende ¿Por qué un país cafetero tiene que importar café?

L.G.M.:
Mire una cosa, por qué vamos a obligar al productor colombiano que vende su café en el exterior a 2 dólares, a que lo venda acá a un dólar. El 95 por ciento de la producción de un caficultor es calidad exportable y solo 5 por ciento es inferior. Ahora, el consumo interno es mucho más del 5 por ciento de la producción, por lo tanto se requiere importar. Por supuesto no todo el café que se importa es para consumo interno. La industria trae de otros orígenes, lo transforma en soluble y vuelve a exportarlo. Eso es normal. Alemania no tiene ni una mata de café y es un gran exportador pues lo importa, lo procesa y lo exporta. El café colombiano llega a la mayoría de países que son productores. Exportamos a Ecuador y Perú. Y antes del 31 de diciembre habremos puesto el primer contendor de café colombiano en Brasil. Y los brasileños no se desgarran las vestiduras porque el mayor productor y consumidor del mundo también importa café de Colombia. El mercado es para competir.

SEMANA: ¿Cómo van las tiendas Juan Valdez, en expansión y en resultados?

L.G.M.:
Es una compañía que tiene 10 años. La más joven del mundo en este negocio. No van mal. Como toda empresa joven hay que estar revisando la estrategia. Este año tuvimos un crecimiento del 17 por ciento en ventas. Cuando una compañía nace, la utilidad contable en los primeros años no es un reflejo único del éxito de la empresa. Además en nuestro caso, las tiendas Juan Valdez hacen algo que ningún otro competidor hace. Pagan regalías al Fondo Nacional del Café. Ya han aportado al fondo 27.000 millones de pesos en regalías, que habría que sumarlas a la utilidad. Y en ese sentido el balance es muy positivo. El Ebitda también está cerca de los 6.000 millones de pesos.

SEMANA: ¿Cuántas tiendas hay en el país?

L.G.M.:
En Colombia hay 138 tiendas y con las internacionales se completan 184.

SEMANA: ¿A propósito cómo van los planes de expansión internacional?

L.G.M.:
Estamos a días de firmar franquicias con la región de Oriente Medio y Norte de África donde Juan Valdez no existe, pero sí el café de Colombia como concepto. También vamos a llevarlas a México, donde el mercado es dominado por una multinacional. Y estaremos en Bahamas y Centroamérica. En los próximos cinco años tendremos el doble de tamaño de la compañía.
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