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| 3/20/1989 12:00:00 AM

La moñona del IFI

Se despeja el futuro de tres de los mas grandes proyectos industriales de Colombia.

La moñona del IFI La moñona del IFI
Fue una de esas moñonas que raras veces se ven en el sector oficial colombiano. En cuestión de ocho días, el Instituto de Fomento Industrial, IFI, culminó tres negociaciones que despejaron el futuro de algunos de los proyectos industriales más controvertidos en la historia del país. Los acuerdos comprendieron la venta de las acciones del IFI en Sofasa Renault por 52.5 millones de dólares, la compra de las deudas del proyecto Papelcol por 70.8 millones de dólares y la reprogramación de la deuda externa de Cerromatoso por 254 millones de dólares.
Semejante cadena de éxitos acabó de un plumazo con dolores de cabeza que, con el correr del tiempo, ya se habían vuelto crónicos. Al cabo de años de críticas a los proyectos en los cuales se habia metido el IFI, lo cierto es que por primera vez desde hace rato, la controvertida entidad está viendo la luz al final del túnel.
EL AMIGO FIEL
Ese camino se inició a mediados de 1987 con la decisión gubernamental de vender el millón largo de acciones de Sofasa Renault (49.7% de la empresa) que el IFI poseía. Según los partidarios de la idea, había que salirse de la ensambladora debido a que ésta ya se encontraba consolidada, había interés de compra por parte del socio mayoritario -la Régie Renault de Francia--y, por encima de todo, era la única posibilidad de recupera la inversión. Al cabo de 20 años de estar metido en Sofasa, lo obtenido por el IFI era poco. La empresa había pagado dividendos en sólo dos oportunidades, el control administrativo se encontraba en manos de los franceses y las perspectivas de una buena rentabilidad de la inversión (1.090 millones de pesos) no eran alentadoras. "El gran negocio lo hacía la Renault francesa con la venta de los CKD (el componente importado de los vehículos) que compraba Sofasa", le dijo el ministro de Desarrollo, Carlos Arturo Marulanda, a SEMANA.
Frente a esá evidencia, las negociaciones comenzaron en firme. El IFI hizo avaluar su parte y se sentó a negociar con los representantes de la firma francesa. Las cosas marcharon tan bien, que ya el 19 de marzo del año pasado se llegó a un acuerdo en París sobre un precio, que acabó siendo muy similar al definitivo.
No obstante, a pesar de ese principio de entendimiento, hubo tropiezos en los meses siguientes. Tantos, que cuando Marulanda llegó al Ministerio, la primera carta que recibió fue una del consejo de ministros que tocaba al tema de Sofasa. En los días siguientes las negociaciones volvieron a reactivarse y el tiempo se dedicó a sortear trabas y trámites. Entre estos se incluyó el de ofrecer públicamente las acciones a los inversionistas nacionales, pero debido a que nadie aparte de la Régie Renault, resultó interesado, la firma escogida fue la multinacional francesa.
PAPEL PROTAGONICO
Coincidencialmente, esa venta terminó siendo el salvavidas de Papelcol, el proyecto papelero ubicado en Caloto, Cauca, que parecía estar irremediablemente perdido. La acumulación de costos financieros y los retrasos continuos en el montaje de la planta, hacían más barato dejar la cosas a medias, que terminarlas. Frente a esa realidad, la única posibilidad era la de obtener que los bancos y el gobierno francés (que habían financiado el proyecto) aceptaran entregar sus pagarés por una fracción de su valor nominal.
En ese sentido se dirigieron las negociaciones a partir de 1987. Incluso en noviembre de ese año se llegó a un principio de acuerdo por 150 millone de dólares, que fue vetado por el Ministerio de Hacienda colombiano, -el cual consideraba que una deuda que en ese momento se acercaba a unos 320 millones de dólares, no podía comprarse en más de 60 millones.
Los contactos se volvieron a restablecer en marzo de 1988, cuando la misión colombiana que viajó a París a hablar sobre Renault aprovechó la oportunidad para reunirse con la gente de Coface, la entidad estatal francesa que poseía la mayoría de los pagarés de Papelcol. En esa oportunidad, el industrial Jimmy Mayer, delegado presidencial a la junta del IFI, planteó la necesidad de que se aceptara el esquema de reducción exigido por el Ministerio de Hacienda. En contraste con las oportunidades anteriores, los franceses no negaron esa posibilidad de plano.
Con base en esa idea se renovaron los contactos y se empezó a trabajar una fórmula en la cual Colombía incluyó no sólo elementos económicos y financieros, sino también políticos. No obstante, la marcha del proceso se vio afectada por las elecciones presidenciales francesas que crearon un margen de incertidumbre.
Ese paréntesis se cerró en el mes de julio, cuando una misión colombiana conformada por el gerente del IFI, Edgar Robayo, el presidente de Papelcol, Diego Muñoz, y el industrial Jimmy Mayer, viajó a París para tratar de definir las cosas. A lo largo de diez días hubo reuniones, al cabo de las cuales se llegó a dos posiciones: los franceses pedían 500 millones de francos (algo más de 80 millones de dólares en esa época), mientras los colombianos ofrecieron 400 millones.
A todas estas, la diplomacia empezó a influír. En Bogotá, el ministro Marulanda habló con el recién nombrado embajador francés, Paul Dijoud, a quien le manifestó su descontento por la dureza gala. Ese mensaje le fue repetido días más tarde a la viceministra de Relaciones Exteriores de Francia, cuando Marulanda le recordó a la funcionaria que Papelcol era mucho más que una fábrica de papel, debido a su incidencia sobre la generación de empleo y el ahorro de divisas.
Como consecuencia de esas presiones, una delegación gala llegó a Bogotá a principios de agosto y en cuestión de días se llegó a un arreglo: las acreencias de Papelcol valían 450 millones de francos franceses que debían ser pagados el 9 de febrero.
Ya con eso definido, el paso siguiente fue el de sacar del ring al socio problema, de Papelcol, el controvertido español Manuel Isidro Tejedor, quien exigía 55 millones de dólares por su parte y acabó transándose por 6.5 millones. A partir de ahí, la prioridad fue conseguir el dinero para los franceses. Originalmente estaba presupuestado que el IFI recibiera 150 millones de dólares cuando se hiciera la sindicación del crédito "Challenger". No obstante, cuando el gobierno tuvo que rebajar sus aspiraciones iniciales de 1.850 millones de dólares y contentarse con 1.700 millones, el IFI fue sacado del paquete.
Cuando esa noticia se supo, se estudiaron dos posibilidades: o conseguir la plata a toda costa, o pedirle una prórroga más a los franceses. En algún momento, la situación estuvo tan desesperada que el director del IFI le escribió una carta al embajador francés sugiriendo la posibilidad del aplazamiento, idea que fue planteada también por Marulanda, en conversación con el diplomático.
La gravedad de la situación fue aliviada por las negociaciones en torno a Sofasa. El ministro de Desarrollo insistió entonces que el pago de las acciones de la ensambladora se debía hacer a comienzos de febrero, para así poder utilizar parte del dinero en la compra de la deuda de Papelcol.
Ese elemento ayudó a que el gobierno se decidiera a cumplir con el compromiso adquirido. Adicionalmente, se tuvieron en cuenta factores como el de que había bancos franceses que deseaban bombardear la operación y de que existía preocupación sobre un incumplimiento que podía enrarecer el ambiente bancario internacional, en momentos en que se estaba haciendo la sindicación de los fondos del crédito "Challenger".
La urgencia de conseguir el dinero condujo a que los últimos días de enero y los primeros de febrero fueran una verdadera carrera contra el reloj. Las cosas estuvíeron tan apretadas que el acuerdo de Sofasa se cerró en la madrugada del 9 de febrero en Ginebra (Suiza), pocas horas antes de que el ministro de Desarrollo y el gerente del IFI tomaran un avión con destino a París, donde se debía pagar lo de Papelcol.
La consecución de los fondos para esta operación, también fue a las carreras. Con base en los pagarés otorgados por la Renault por la venta de las acciones, el Banco Morgan de Nueva York prestó 29 millones de dólares en un crédito puente. El Banco Cafetero, sucursal Panamá, dio 27 millones de dólares adicionales, a los cuales se le agregaron 14 de recursos propios del IFI y 2 más provenientes de la Corporación Andina de Fomento. En total, se consiguió reunir los 450 millones de francos franceses, equivalentes a 70.8 millones de dólares, al cambio de la fecha.

La operación, sellada a tiempo en París, tuvo que sortear no pocos tropiezos de última hora. Entre otras cosas, hubo que hacer abrir el Banco Cafetero en plenos carnavales de Panamá para que se hiciera el giro. La Junta Monetaria tuvo que expedir rápidamente varias resoluciones para sortear un inconveniente jurídico y conseguir que lo pagado por la Renault fuera aceptado como inversión extranjera, a pesar de que parte de los dólares no van a entrar al país. Fue necesario también tener abierta una comunicación entre Bogotá, Ginebra, París y Nueva York, para coordinar negociadores, bancos y abogados. El intercambio de papeles fue tan grande, que el ministro de Desarrollo -calificado como el artífice de semejante operación de relojería le dijo a SEMANA que "si no hubiera existido el fax, no habríamos podido hacer nada".
Ya una vez cerrados los negocios de Renault y Papelcol, hubo por fin tiempo para respirar. En el caso de la ensambladora se vendió una participación en buenas condiciones. Aunque no se sabe a ciencia cierta cuál fue la utilidad del IFI, el ministro Marulanda le aseguró SEMANA que "el negocio fue muy bueno". Adicionalmente, la operación de Papelcol garantiza, ahora sí, la culminación del proyecto. La compra de las deudas a los franceses por menos del 20% de su valor nominal, le vuelve a dar a la iniciativa la seguridad de ser rentable, si se termina en un plazo de unos 18 meses. Para tal fin, se busca la aceptación de una fórmula concordataria, la cual está prácticamente asegurada, dado que el IFI tiene 96% de las acreencias y puede imponer su voluntad. Una vez sorteado ese paso, la idea es vender la planta tal como está a un socio que la termine. Aunque es imposible saber el precio de venta, Marulanda le dijo a SEMANA que el proyecto terminado debe valer, unos 220 millones de dólares, lo cual hace pensar que el IFI podría recibir entre 150 y 180 millones de dólares por su parte, suma que alcanzaría para recuperar las inversiones que ha hecho la entidad en el proyecto.
LOS VIENTOS DEL NIQUEL
El final felíz de las operaciones de Sofasa y Papecol se completó con la firma en Nueva York de la reestructuración de la deuda de Cerromatoso, la fábrica de procesamiento de ferro níquel ubícada en Montelíbano, Córdoba. La planta fue terminada en octubre de 1982 con la participación mayoritaria del IFI y la Billiton Overseas, filial de la Shell. A pesar de su comienzo auspicioso, los precios del ferroníquel se deprimieron en el mercado internacional, hasta el punto en el cual las pérdidas acumuladas en 1987 llegaron a 32 mil millones de pesos.
Sin embargo, la buena fortuna llegó por fin ese año, cuando el metal empezó a repuntar en los mercados internacionales. La tendencia continuó en 1988, con lo cual Cerromatoso registró utilidades cercanas a los 23 mil millones de pesos el año pasado (la número uno del país). No obstante, para asegurar la rentabilídad del proyecto era necesarío renegociar los términos de los préstamos externos por valor de 254 millones de dólares, así como los de 94.5 millones de dólares más, prestados por los dos socios principales.
Ese acuerdo -comenzado en octubre de 1986 y concluído en mayo de 1988- fue el que se firmó en Nueva York la semana pasada. Con las nuevas condiciones se considera que la empresa tiene su futuro asegurado y que, si los precios del ferroníquel continúan tan altos como hasta ahora, la deuda podía cancelarse en menos de cinco años.
El éxito de Cerromatoso vino a cerrar con broche de oro un comienzo de mes que ha sido definitivo para el IFI. Al cabo de largos años de sinsabores, la entidad se encuentra ahora más fortalecida y ha demostrado que si fue capaz de meterse en problemas, también. supo cómo salirse de ellos. Eso, claro está, no quiere decir que todos los líos se hayan solucionado.
La semana pasada también se supo que otra empresa del IFI, Conastil, entró en concordato en la ciudad de Cartagena. No obstante, es innegable que después de haber salido adelante con lo de Sofasa, Papelcol y Cerromatoso, las otras dificultades se ven más manejables y que, después de tantos años de ser atacado por todos los flancos, al Instituto de Fomento Industrial le llegó el rosado momento de sacarse la espina.

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