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| 7/12/2008 12:00:00 AM

La nueva colonización

Las empresas bandera del país dejaron de ser colombianas y ahora son controladas por multinacionales extranjeras. La última fue Coltejer. ¿Seguirá la tendencia?

¿Quién hubiera imaginado hace dos años que El Tiempo, el diario de mayor trayectoria e influencia del país, podría quedar en manos extranjeras? ó ¿alguien habría pensado que Coltejer, la más emblemática textilera nacional, orgullosamente antioqueña, dejaría de ser colombiana? Probablemente nadie.

Sin embargo, ha sucedido. Como resultado de la globalización, en los últimos seis años, más de 20 compañías locales han pasado a ser controladas por capitales foráneos.

Algunos todavía se sorprenden al ver que Almacenes Éxito ya no es una empresa de los antioqueños y que ahora está bajo el dominio francés; que Paz del Río, la siderúrgica de Boyacá, es hoy de propiedad brasilera, o que buena parte de la televisión por suscripción de este país comenzó a ser manejada por mexicanos. Pero, acaso no era de esperarse, si ya Caracol Radio, la insignia de la radiodifusión de Colombia; Avianca, la aerolínea bandera del país, y Bavaria, la industria nacional más antigua, habían pasado a manos extranjeras.

Muchos se preguntan si es bueno o malo que las marcas históricamente colombianas sean hoy propiedad de grandes corporaciones globales. Y la respuesta depende del lente con que se mire. Para algunos, significa que el país tiene una economía pujante que despierta interés y confianza entre los inversionistas internacionales. También que las empresas colombianas son atractivas y que, a pesar de que se han valorizado, siguen siendo baratas para los inversionistas extranjeros. Los expertos en temas de negocios afirman que este es un mercado cautivo, con la cuarta población más grande de América Latina y un consumo interno que está en crecimiento. Pero, además, con el TLC con Estados Unidos en perspectiva (hay que cruzar los dedos para que así sea), esta economía tendrá un atractivo mayor para los planes de expansión de muchas multinacionales.

De hecho, el año pasado la economía nacional recibió el monto de inversión extranjera directa (IED) más alta en toda la historia: 9.028 millones de dólares (5,3 por ciento del PIB) y en 2006 la IED había marcado otro récord: 6.464 millones de dólares.

Algo importante es que los inversionistas están contentos con los resultados. Las empresas de capital extranjero localizadas en Colombia les enviaron el año pasado a sus casas matrices muy buenas utilidades y dividendos: 6.523 millones de dólares, casi 2.000 millones más que un año atrás.

Pero otros miran este fenómeno con un lente diferente. Después de ver el historial de negocios de los últimos años (ver recuadro), cuestionan que la inversión extranjera haya llegado a Colombia con mayor ímpetu para comprar compañías locales que para crear nuevas empresas. Para ellos lo ideal no es que las grandes multinacionales sólo vengan a sacar por la vía de dividendos todo lo que destinaron a la inversión. A cambio, lo deseable es que aporten más, traigan planes de expansión, modernización, innovación tecnológica y de servicios, acceso a nuevos mercados y, en general, propicien el crecimiento.

Sin duda el tema despierta debate. Para David Bojanini, presidente de Suramericana de Inversiones (Suraminv), holding financiero y de seguros del llamado Grupo Empresarial Antioqueño, la globalización es inevitable. "Ayuda a desarrollar los países. Aquellos que han abierto sus fronteras al capital extranjero han logrado desarrollar negocios competitivos para el mundo", dijo a SEMANA.

La llegada de las multinacionales a Colombia, así sea para comprar algunas empresas locales, trae cosas buenas. "La competencia es necesaria porque hace que uno se exija y es excelente para los consumidores", afirma el presidente de Bancolombia, Jorge Londoño, banquero que lo ha comprobado en carne propia. Aunque la competencia en la banca siempre ha existido, la llegada de entidades financieras internacionales estimuló a las locales a elevar sus estándares de calidad de servicio.

Para Mauricio Rodríguez Múnera, rector del Cesa y estudioso del mundo empresarial, son muchas las ventajas de ser parte de una compañía global, y muchos los riesgos de no serlo. "Es muy importante tener como mínimo una alianza estratégica".

Lo impensable

El asunto es que en los últimos años se han vendido empresas de todos los sectores. Aquí no ha valido el argumento de que son renglones estratégicos para el país y la economía, ni ha primado el arraigo regional.

El año 2007, por ejemplo, marcó historia para los medios de comunicación en Colombia. El Grupo español Planeta, después de un fuerte pulso con Prisa, se quedó con el control de la Casa Editorial El Tiempo, el centenario diario liberal del país. El Grupo Planeta tiene hoy el 55 por ciento de las acciones de la Casa Editorial y pagó por ello 185 millones de dólares.

Y cómo olvidar que el grupo Santo Domingo vendió dos de sus más importantes inversiones en Colombia. Así, en 2004 la aerolínea Avianca pasó a manos de la compañía Sinergy, del empresario brasilero Germán Efromovich. Un año más tarde, en 2005, bajo la figura de una "fusión por absorción", el mismo grupo, mayor accionista de Bavaria, cambió el 71,8 por ciento de sus acciones en la cervecera por el 15,1 por ciento de SABMiller. Así, Bavaria se quedó en manos extranjeras, así como la aerolínea de la ruana roja.

Casi paralelamente, en abril de 2005, Copa Holdings, propietaria de la panameña Copa Airlines, adquirió el 99,7 por ciento de AeroRepública.

Sin asomo de sentimentalismos, el Grupo Empresarial Antioqueño salió de una de las marcas históricas del país: Almacenes Éxito ya no es una compañía paisa. El año pasado, el Grupo Casino de Francia compró el 21,94 por ciento de las acciones de la cadena y así elevó al 61,5 por ciento su propiedad en la empresa fundada por la familia Toro de Medellín.

Ahora bien, el orgullo paisa también pasó a un segundo plano ante las dificultades que enfrentaba Coltejer. El grupo mexicano Kaltex, textilero tradicional y quizás el más importante de América Latina, amplio conocedor de la industria textil mundial, acaba de quedarse con el control de la otrora más pujante industria textil nacional. Hay que reconocer que este socio extranjero significó para Coltejer la salvación, pues estaba al borde la quiebra. La Organización Ardila Lülle, su mayor accionista en los últimos 40 años, cedió su porcentaje.

Pero si la inversión extranjera rescató de la quiebra a la textilera antioqueña, hay que reconocer que también logró revivir a la siderúrgica Paz del Río. En marzo del año pasado, los trabajadores de Paz del Río y el IFI vendieron a Votorantim, de Brasil, el 52 por ciento de las acciones de la siderúrgica boyacense. El precio de la operación ascendió a 489 millones de dólares.

Pero la mejor muestra de este fenómeno llamado globalización es la venta de Telecom. Probablemente ahora nadie recuerde que en el pasado era la compañía más estratégica de Colombia y verla en manos extranjeras era algo impensable. Pero ocurrió en abril de 2006. La española Telefónica se convirtió en nuevo socio estratégico y gestor de la operadora, al adquirir el 50 por ciento del capital de la compañía más una acción. El resto del capital permanecerá bajo la titularidad del Estado colombiano, que dispondrá de una opción de venta hasta 2022. Telefónica, que ya contaba con activos de telefonía móvil en Colombia con Movistar, extendió su presencia al mercado de telefonía fija con Telecom y con una extensa red de fibra óptica.

En este mismo sector, hace dos años, la multinacional de telecomunicaciones Millicon International Cellular (MIC), con base en Luxemburgo, mediante subasta pública se convirtió en el socio estratégico de Colombia Móvil-Ola, en ese entonces de propiedad de la ETB y EPM. Millicon pagó cerca de 480 millones de dólares para quedarse con el control de la empresa colombiana.

Pero si hay que vender, hay que vender, dirían las compañías de cable del país y si es a Carlos Slim, el segundo hombre más rico del planeta, según la revista Forbes, mucho mejor. En 2006, después de un frustrado intento por hacerse a Telecom, la empresa Telmex, de propiedad de Slim, adquirió TV Cable, Superview y Cable Pacífico y las integró alrededor de esta última. Y no fue suficiente. En 2007 compró dos más: Cablecentro y Satelcaribe, con lo cual el gigante mundial de las comunicaciones se convirtió en el más importante proveedor de servicios de televisión por suscripción en Colombia.

En esta ola de ventas de empresas colombianas no podría faltar el sector financiero. A las ventas pasadas de los bancos Ganadero, Granahorrar y Bancoquia, se sumó el Grupo Colpatria. La multinacional General Electric (GE) adquirió el 49,7 por ciento de la entidad colombiana. El acuerdo hecho por las partes plantea una opción de adquirir en 2012 hasta un 25 por ciento adicional de las acciones del Banco Colpatria. Es decir, en un futuro GE controlará Colpatria.

Una cosa es cierta. Las empresas en todo el mundo se están globalizando y es difícil para muchas seguir solas en el mercado. Los expertos creen que hoy es fundamental ser parte de una organización de talla mundial.

Pero en otros países el asunto no se asimila con tan aparente indiferencia como en Colombia. Basta observar que hace unas semanas, tuvo repercusiones políticas la noticia según la cual Budweiser, la marca más famosa de cerveza en Estados Unidos y una de las más queridas por los norteamericanos, sería adquirida por una compañía extranjera. Tal vez los colombianos son más realistas. Porque muchas de las compañías vendidas en el país siguieron existiendo gracias a que llegó alguien, así fuera extranjero, para mantenerlas con vida. Y si no, que lo diga Coltejer. n
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