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| 5/22/2000 12:00:00 AM

La nueva contabilidad

La forma tradicional de valorar las empresas ha quedado atrás. Ahora pesa más el conocimiento que los activos físicos.

Que el tamaño no importa parece demostrado hoy en día en la economía de las empresas. En el mundo actual los activos más valiosos ya no son la maquinaria, los edificios, las instalaciones, los inventarios o los depósitos en los bancos. Hoy por hoy pesan más los activos intangibles que tienen su origen en los conocimientos, habilidades, valores y aptitudes de las personas que forman parte de la empresa.

Basta con mirar la lista de Standard & Poor’s de las 500 compañías más grandes de Estados Unidos para percibir que el valor en libros refleja sólo entre un 10 y un 15 por ciento de su capitalización de mercado. Dicha brecha se acentúa aún con más fuerza entre las empresas de consultoría, Internet, alta tecnología y telecomunicaciones.

Este dilema ha hecho que los intentos por medir y unificar la información sobre los activos intangibles sean cada vez más una prioridad para la comunidad financiera. El último esfuerzo por encontrarle una solución al problema es el método desarrollado por Baruch Lev, quien intenta poner en números puros los activos no materiales. El nuevo enfoque, llamado Contabilidad Basada en el Conocimiento (Knowledge Capital Scoreboard), calcula el potencial de las ganancias futuras que crea el conocimiento a través de la normalización de los ingresos intelectuales.

Por ejemplo, los cálculos más recientes de Lev indican que los activos de conocimiento de Microsoft valen 211.000 millones de dólares; los de Intel 170.000 millones y los de la farmacéutica Merck & Co. 110.000 millones. Contrario a lo anterior, empresas de gran renombre como Coca-Cola o Dupont —que se caracterizan por tener enormes plantas, edificaciones e inventarios físicos— tienen activos de conocimiento por apenas 60.000 y 41.000 millones de dólares respectivamente.

La diferencia que existe entre los balances financieros y los valores bursátiles de las compañías ha puesto a inversionistas y académicos de todo el mundo a cuestionarse sobre el valor real de las mismas. ¿Están sobrevaloradas en la bolsa las empresas que se basan en el conocimiento? ¿Están pagándose exageradas sumas de dinero por la adquisición de activos intangibles? ¿Pueden los viejos sistemas contables captar el valor de la nueva economía?



El problema

El dilema radica en que los sistemas contables y financieros que se usan en la actualidad datan de hace más de 600 años. El tradicional sistema de partida doble —desarrollado en Venecia por el matemático Luca Pacioli en el año de 1400— ya no logra captar el valor de la nueva economía, la cual se basa en la creación de activos intangibles tales como el capital intelectual, el desarrollo de marcas y patentes, la capacidad de innovación, la experiencia y formación de los empleados, entre otros.

Así lo confirma Lev, profesor de contabilidad y finanzas del Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y experto en el tema al señalar que “estamos usando un sistema que tiene más de medio siglo para tomar decisiones en un contexto de negocios complejo en el cual los activos esenciales que crean valor se modificaron fundamentalmente”.

Este anacronismo, señala el experto, quien también dirige el instituto de investigación contable Vincent C. Ross, se refleja hoy más que nunca en los balances financieros de cientos de compañías que basan su gestión en la distribución y uso de conocimientos. Un claro ejemplo es Microsoft Corporation, cuya capitalización bursátil es aproximadamente el ciento por ciento más que la de General Motors, pero con una considerable menor cantidad de activos físicos. Al igual que el titán del software, compañías como Motorola, Hewlett-Packard, IBM, grandes firmas de consultoría y agencias de publicidad, deben su valor de mercado al uso intensivo de capital intelectual y no al número de activos tangibles que poseen.

Dicho desajuste de los métodos contables afecta no sólo a los inversionistas y directivos del sector financiero. Los empleados de las empresas tampoco saben cómo valorar sus contribuciones y los gerentes carecen de referencias confiables a la hora de decidir si deben respaldar una iniciativa o de evaluar el rendimiento de un proyecto.



Estructurar conocimiento

En la nueva economía el capital intangible es —cuando menos— tan valioso como el tangible. Esta tendencia está demostrada por el hecho de que el Producto Interno Bruto de Estados Unidos, medido en toneladas, es aproximadamente el mismo que hace 100 años pero su valor económico real es 20 veces mayor. En otras palabras, que se han añadido atributos intangibles —tales como el conocimiento— a la gama de bienes y servicios que producen las naciones y que se reflejan en sus respectivos PIB.

Este hecho ha puesto en evidencia la poca utilidad de los reportes financieros actuales y, peor aún, las erradas decisiones a las que puede llevar la lectura de los mismos. “La contabilidad tradicional es ignorante en el tratamiento de activos intangibles tales como el recurso humano, la investigación y desarrollo de productos, la consecución de clientes nuevos y la creación de marcas, licencias y patentes”, señala Alonso Martínez, presidente en Colombia de la firma de consultoría Booz-Allen & Hamilton.

Es así como la contabilidad que emplean hoy día las empresas registra los intangibles no como activos sino como gastos o costos en los que incurren las mismas. Un ejemplo de ello es la compra de Lotus por parte de IBM en 1995. Como requerimiento contable IBM tuvo que contabilizar la parte de investigación y desarrollo de Lotus —que era de 1.840 millones de dólares— como un gasto por culpa de las reglas de la contabilidad. Como resultado, no quedó ninguna huella de la existencia de un activo.

Así mismo, cuando en 1995 America Online capitalizó algunos de sus costos de adquisición de clientes como activos los analistas creyeron que AOL trataba de manipular sus ganancias. En otras palabras, AOL estaba afirmando que, al adquirir nuevos clientes, había creado un activo único que le permitiría a la compañía tornarse más rentable en el futuro. Los analistas financieros consideraron eso como una trampa. Finalmente, en octubre de 1996, AOL abandonó su intento y reflejó como gasto los 385 millones invertidos en adquirir clientes. Actualmente AOL tiene un valor de mercado de aproximadamente 140.000 millones de dólares, pero hace cinco o seis años los analistas financieros decían que era un engaño.

Esta insensata anulación de todas las inversiones en activos de conocimiento revela que no existe una forma de medir o cuantificar el rendimiento de una inversión de este tipo. Y el problema no hace sino empeorar: en la última década, mientras el valor real de estos activos inmateriales ha subido, ese valor, tal como es representado en los informes financieros, aparece como si hubiera disminuido.

Lo anterior lleva a concluir que, al parecer, la ventaja competitiva de las compañías que triunfan en los mercados bursátiles obedece a la habilidad que tienen de generar y estructurar conocimiento. Hoy más que nunca el peso que tiene el capital intelectual en la valoración de una empresa ha concientizado a las organizaciones de la importancia de la capacitación del recurso humano.

Atrás ha quedado la era del capital físico, de las grandes fábricas, de la maquinaria pesada y de los enormes depósitos bancarios para entrar a una nueva era basada en el conocimiento, las relaciones interpersonales y las organizaciones dinámicas e inteligentes. De ahí que iniciativas como la del profesor Lev resulten un intento interesante por actualizar la contabilidad a tono con la era cibernética.
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