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| 9/15/2012 12:00:00 AM

La nueva tecnología 4G: ¡Qué chicharrón!

La subasta para la nueva tecnología 4G ha levantado un avispero en el país. Todos los ojos están puestos en este proceso por el impacto que tendrían sus resultados en un mercado altamente concentrado como el colombiano. ¿Como se la jugará el Estado?

El gobierno tiene que definir en las próximas semanas un tema crucial que revolucionará las telecomunicaciones del país. Se trata de la subasta para adjudicar el espectro electromagnético para internet de alta velocidad, más conocido como la tecnología de nueva generación 4G.

El asunto es de singular importancia para el desarrollo de las telecomunicaciones del país, pues a diferencia de las anteriores generaciones, los teléfonos celulares 4G serán capaces de compartir voz, datos y servicios de multimedia en cualquier momento y lugar, y tan rápido como el computador conectado desde la casa.

En el trasfondo de esta adjudicación hay mucho en juego. Además del interés del gobierno por aprovechar esta poderosa herramienta como política pública para masificar el acceso a internet, los actuales operadores del mercado y quienes aspiran a entrar a él están luchando a muerte por salir ganadores en la subasta porque este es el negocio del futuro.

Precisamente en este último punto se ha centrado el debate. La adjudicación será clave para definir cómo se repartirá la torta del mercado de las telecomunicaciones en Colombia, donde -según la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC)- ya existe un operador en telefonía móvil con posición dominante, Claro (antes Comcel), del grupo del magnate mexicano Carlos Slim.

A muchos les preocupa que, según quien sea el adjudicatario, se concentre más la participación de operadores móviles en el país. Críticos y observadores del proceso afirman que se corre el peligro de extender el cuasi monopolio que tiene Claro en la telefonía celular al resto del servicio que se logra con la tecnología de alta velocidad, es decir, a internet e incluso a televisión.

El tema llegó al Congreso, en donde se han dado tres debates en comisiones y se alista uno más en plenaria del Senado para esta semana. Curiosamente, los citantes han sido dos parlamentarios que navegan en orillas ideológicas diferentes. Jorge Robledo del Polo Democrático Alternativo y Juan Mario Laserna del Partido Conservador comparten su posición sobre los efectos que tendría en el mercado si Claro resultara adjudicataria de la tecnología 4G.

Para los dos senadores Claro ya es un cuasi monopolio. Según la CRC, cuenta con el 62,4 por ciento del total de usuarios, seguido por Telefónica (Movistar) con un 24,7 por ciento y Colombia Móvil (Tigo) con un 12,4 por ciento. El 75 por ciento de las utilidades del sector corresponde a la compañía de Slim, así como el 50 por ciento del mercado de televisión por suscripción.

No se trata de una decisión sencilla, por las implicaciones económicas. Los efectos de tan alta concentración del mercado han causado alarma. Según Juan Mario Laserna, no es un asunto de simple cuota de mercado, "sino de un conjunto de situaciones y comportamientos que, sumados a su tamaño, hacen que tenga la capacidad de determinar las condiciones del mercado".

Economistas franceses también analizaron el mercado móvil colombiano y concluyeron que la competencia en Colombia está en riesgo y requiere medidas regulatorias. Según el índice HHI (una medida típica de concentración de mercado), Colombia está tendiendo hacia un modelo cuasi monopólico en este sector. Es el segundo más concentrado en la región, después de México.

Un estudio de Fedesarrollo sobre? la Promoción de la Competencia en Telefonía Móvil en Colombia afirma que la penetración de la telefonía móvil en el país ha evolucionado positivamente. Sin embargo, en comparación con el resto de países es relativamente más lenta y una de las razones es la alta concentración. Calcula que la actual estructura del mercado de las telecomunicaciones les cuesta a los colombianos en términos de bienestar 0,77 por ciento del PIB, es decir unos 2.500 millones de dólares al año. En otras palabras, la falta de competencia genera bajos niveles de inversión, baja calidad de servicios y mayores tarifas para los consumidores, lo que reduce la entrada de usuarios.

"A este paso vamos para el caso de México que es tan grave", señala el senador Jorge Robledo. En ese país Claro también fue declarada dominante y su porcentaje de participación en telefonía celular es equivalente al que tiene en Colombia. La Ocde en un estudio sobre políticas y regulación de telecomunicaciones en México, estimó que para los años 2005 a 2009 la falta de competencia en el sistema de telecomunicaciones de ese país tuvo un costo en el bienestar social de los mexicanos de 1,8 por ciento del PIB por año, algo así como 129.200 millones de dólares.

Tanto en México como en Colombia las empresas de Slim se han defendido argumentando que el hecho de tener mayor participación en el mercado no significa que tengan posición de dominio. El presidente de Claro en Colombia, Juan Carlos Archila, sostiene que no puede castigarse a estas empresas por ser exitosas o por su liderazgo, el cual, afirma, se han ganado en franca lid, gracias a la preferencia de los usuarios por la mayor cobertura, a los planes competitivos, a las grandes inversiones, y gracias a que cuentan con el mayor número de puntos de atención y prestan el servicio con calidad.

Estocada a la competencia

Como se ve, el ambiente para la subasta está bastante caldeado. El superintendente de Industria y Comercio, José Miguel de la Calle, en un documento en el que analiza la incidencia que tendría en el mercado el proceso de asignación de espectro que adelanta el Ministerio de las TIC, concluye que no habría un cambio estructural del statu quo, sino que por el contrario podría generar riesgos de mayor concentración en los operadores móviles en el país. La entidad analizó cuatro escenarios diferentes y en todos los casos el resultado es preocupante para una mayor competencia. Se evaluaron escenarios con diferentes posibilidades desde subastar todo el espectro, segmentarlo, reservar algo para operadores entrantes, hasta la opción de excluir a Claro.

Esta última opción que piden algunos, entre ellos los senadores Robledo y Laserna, tendría un gran debate jurídico. Hay quienes piensan que eso sería ir contra la libre competencia, básico en el modelo económico de mercado que Colombia practica.

Para Laserna, sin embargo, los mercados son imperfectos y el Estado tiene que entrar cuando sea necesario para darles bienestar a todos por igual. "Los monopolios son malos y deben ser regulados, pues inhiben la creatividad, la competencia y la generación de valor. Pueden ser un peligro para la sociedad".

El presidente de Claro defiende la conveniencia para el país de hacer una subasta abierta en la que puedan participar todos los operadores. Insiste en que si el gobierno decide incluir solo a los nuevos operadores correría el riesgo de que no pueda masificar el servicio como quiera, ya que algunos competidores no contarían ni con los recursos ni con el tiempo suficiente para poner en marcha la infraestructura requerida. Archila pide que les permitan a los usuarios de Claro recibir nuevos servicios y contar con las ventajas de esta nueva tecnología.

Uno de los más críticos es el presidente de UNE, Marc Eichmann, quien considera inconveniente adjudicar la subasta al operador dominante porque esto se traduciría en una gran desventaja para los demás que quieren participar en el negocio de datos y llevaría a que haya precios elevados y mal servicio. Esta posición es compartida por Tigo que señala que si no hay una mayor regulación el mercado de datos también quedaría en manos de un gran operador.

La forma como se desarrollará la subasta tiene en vilo a todos. La decisión está en manos del Comité Nacional de Espectro y del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones (TIC). El ministro Diego Molano asegura que el gobierno garantizará transparencia y que el cronograma seguirá en firme, es decir, que el proceso culminará antes de finalizar este año. El Estado como dueño del espectro debe tomar la mejor decisión en bien del país. No será fácil, pues en el medio está una de las empresas del hombre más rico del mundo, sin duda todo un chicharrón.
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