Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1984/07/09 00:00

LA OTRA DEUDA

El gobierno toma medidas para aliviar el problema de las deudas de dudoso recaudo de los bancos

LA OTRA DEUDA

Muchos ríos de tinta han corrido en los últimos días para referirse al caso de la refinanciación de la deuda privada externa. Y poco se ha dicho sobre la mano tendida por las autoridades monetarias al sistema bancario del país, en medidas recientes adoptadas por la Junta Monetaria que equivalen a una refinanciación de las denominadas deudas malas o de dudoso recaudo.
El problema era de tal magnitud que hasta se llegó a sugerir una fórmula similar a la propuesta para el caso de la deuda privada externa, o sea que el sector oficial se hiciera cargo de la cartera vencida de los bancos. Esto es, lisa y llanamente, una nacionalización de la deuda privada interna.
Sin embargo, los bancos manejaron el asunto con una extremada prudencia y cautela, quizás para no ir a crear un pánico colectivo que se tradujera, a su vez, en retiro masivo de fondos; o en darles a las gentes un nuevo motivo para desconfiar del sistema financiero del país, tan quebrantado por los recientes escándalos y quiebras. Lo cierto es que los hechos y las cifras hablan por sí solos.
Una deuda se considera de dudoso recaudo cuando ha transcurrido un año de haber pasado a cartera vencida; o cuando, por autorización de la Superbancaria, y ante el hecho cierto y conocido de la insolvencia del deudor, se la declara como tal, antes del término de un año. Las deudas de dudoso recaudo se clasifican, a su vez, en: deudas de dudoso recaudo del sector oficial; deudas de dudoso recaudo con garantía real, o sea aquellas que fueron avaladas mediante la pignoración de un activo; y las de dudoso recaudo con garantía personal.
Las deudas de dudoso recaudo con garantía personal, y aquella parte de la deuda que no alcanza a ser cubierta con la garantía real, tienen una enorme incidencia en la configuración no sólo de la liquidez, como en las utilidades del sistema bancario, dado que por mandato de la ley, los bancos deben hacer una provisión por el monta total de esas deudas, y que se imputa, en sus balances, como un egreso. Por ejemplo, por este concepto, las utilidades de los bancos disminuyeron, en el segundo semestre del año anterior, en una cuantía equivalente a un 50%.
Vistas así las cosas, pareciera entonces que las deudas de dudoso recaudo sólo constituyeran un problema particular de los bancos, que ven afectado el rubro de sus utilidades, pero sin ningún vínculo con el estado general de la economía. Y la realidad es otra. Hay una fuerte interdependencia e interrelación entre el sector productivo y el sector financiero. La intensa ola recesiva que ha golpeado a la empresa privada; y, de otra parte, las altas tasas de interés que han terminado por asfixiar a muchas empresas, se ha traducido en un sensible desequilibrio del sector financiero, acosado por la insolvencia de sus deudores; y ha reproducido, según lo reconoció una publicación tan ponderada como Estrategia Económica, una crisis similar a la que vivió el país en la década de los años treinta; y que llevó a la moratoria general de los pagos.
La cartera vencida del sistema bancario ha crecido entre diciembre del 82 y octubre del 83 a un ritmo del 39.2%. Y las deudas de dudoso recaudo, entre diciembre 29 del 82 y diciembre 2 del 83 a una tasa del 91.4%. En términos absolutos, la cartera mala, con más de un año de vencimiento, ha pasado de 21.532 millones, en diciembre del 82, a 41.394 millones, en diciembre del 83. Y en mayo de este año, 1984, ya ascendía a la exorbitante suma de 60 mil millones de pesos; de los cuales, 13 mil millones correspondían a deudas del sector oficial.
En síntesis, este alto grado de endeudamiento interno, de difícil recuperación, es un reflejo de la insolvencia de la economía que ha caído en un círculo vicioso, de la que tratan de sacarla las últimas medidas adoptadas por la Junta Monetaria. Dicho círculo podría definirse así: aumentar los márgenes de utilidad en el sector productivo para que pueda pagar, y en el sector financiero, para que pueda asumir las pérdidas.
Las medidas del gobierno que buscan el saneamiento de cartera y de la liquidez del sistema financiero, tomadas por la Junta Monetaria según resoluciones 28 y 29 del presente año estipulan, de un lado, un crédito de Banco de la República a dichas instituciones para permitirles financiar la venta a los particulares de los bienes dados en pago, en los procesos de recuperación de la cartera mala. Y de otro, un incremento, por el término de un año, de un 7% en la rentabilidad de los llamados titulos de Fomento Agropecuario Clase A, que hace parte del portafolio de inversiones forzosas que por ley deben hacer lo bancos. Estas medidas son las alternativas que el gobierno le ha encontrado a otras propuestas, poco viables o inconvenientes; como podrían ser, la socialización de dichas deudas, de imposible recibo entre la opinión nacional; o el alza de las tasa de interés, que contraría la lógica de proceso, puesto que los expertos la señalan como una de las causas que llevaron a la insolvencia del sector productivo.
Sin embargo, como en la fórmula para la refinanciación de la deuda privada externa, habrá que esperar el paso de los días para evaluar las provisiones del gobierno en torno a la recuperación de la solvencia de su cartera y liquidez del sistema bancario.
Muchos dudan, por ejemplo, de la eficacia de una medida como la financiación de la venta de los activos dados en pago, representados en acciones de empresas en concordato o en quiebra, o de maquinaria que sólo interesaba a los compradores originales. Podría aquí repetirse el sonoro fracaso del denominado Fondo para la Democratización de la Empresa Privada.
Y podría ser también que el plazo tan estrecho, señalado para la vigencia del alza acordada en los rendimientos de una cuota parte del renglón de las inversiones forzosas, no alcance a aminorar significativamente el gravísimo impacto que las deudas de dudoso recaudo están causando al sistema bancario del país.
Ya se verá, entonces, si el gobierno le supo encontrar una solución adecuada a tan delicado asunto; o, simplemente, optó por "meterle un empujoncito al problema" a la espera de que, como se viene pregonando desde las altas esferas gubernamentales, el sector productivo se recupere de sus estrecheces. Y, por lo tanto, todo vuelva a sus cauces normales.--

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