Lunes, 22 de diciembre de 2014

| 1995/04/24 00:00

LA PELEA NO ES PELEANDO

Las tensas relaciones entre Colombia y Venezuela pueden poner en peligro el proceso de integración comercial más exitoso de toda América Latina.

LA PELEA NO ES PELEANDO

FUE UN LLAMADO A LA CORDURA ESCRIto con ritmo de bambuco y joropo. Sus tonadas se escucharon la semana pasada cuando en un comunicado conjunto el presidente de la Asociación Nacional de Industriales de Colombia, Carlos Arturo Angel, y el presidente de Fedecámaras, de Venezuela, Edgar Romero, se pronunciaron en contra de las tensiones que por estos días han calentado la frontera entre los dos países. Lo que el comunicado puso en claro es la preocupación que los industriales de ambos países sienten, porque temen que las dificultades bilaterales comiencen a afectarles el bolsillo.
Aunque Colombia y Venezuela se han convertido en dos socios comerciales que cada día sienten más la necesidad de trabajar juntos, apostarle al futuro de las relaciones comerciales entre ambos países cada día se vuelve más difícil. La primera dificultad se presentó el año pasado, cuando por los problemas cambiarios del vecino país el comercio se paralizó durante tres meses. Ahora lo que pone en jaque el intercambio es el enfriamiento de las relaciones entre los dos gobiernos, que si bien aún no ha tocado las puertas de los negocios, podría llegar a ocasionar un deterioro en el comercio bilateral.
Las posibles consecuencias de la tensión fronteriza han dado para toda clase de especulaciones. Estas van desde que no ocurra nada y los negocios se mantengan -que es lo que muestra la bola de cristal de la mayoría de los analistas- hasta el caso extremo de que se cierre la frontera, lo cual interrumpiría el paso de los productos en ambas direcciones. Los más pesimistas contemplan incluso la idea de que los venezolanos extiendan el anticolombianismo que expresan en los medios de comunicación hacia los productos 'made in Colombia'.
Sin embargo, aún no hay síntomas muy claros de que la cosa sea tan grave. Para comenzar, sería muy alta la cuenta que tendrían que pagar los venezolanos si le apostaran a un futuro comercial sin Colombia. Sería dejar a un lado, no sólo al primer socio comercial que tiene esa Nación, sino al vecino que le permitió a las empresas venezolanas sobreaguar en la peor de sus crisis. "Como el mercado colombiano es tan bueno, la caída en la demanda interna venezolana en 1994 se logró amortiguar al interior de muchas empresas", dijo desde Caracas el representante de la oficina comercial de Colombia en Venezuela, José Abril.
En la actualidad, el 27.4 nor ciento de las exportaciones no tradicionales que hace Venezuela llega a Colombia. Este nivel supera incluso el de las exportaciones del vecino país hacia Estados Unidos, que recibe el 24,8 por ciento. Adicionalmente, el saldo es ampliamente favorable a Venezuela, que le vende a Colombia casi dos veces más de lo que ésta exporta en el otro sentido. Según las cifras más recientes, la balanza comercial fue positiva para los venezolanos en 1994 en casi 600 millones de dólares.
Como si todo esto fuera poco, este año Colombia comprará el 30 por ciento de sus ventas no petroleras al exterior, lo que equivaldría a 1.400 millones de dólares. De ahí la importancia que tiene para Caracas cuidar al vecino, a pesar de los problemas políticos.
Las exportaciones venezolanas tuvieron un buen año, primero porque ante la caída del mercado interno muchas empresas comenzaron a buscar su salvación en Colombia, y segundo por la devaluación del 60 por ciento hizo más competitiva, que la producción local.
Magdalena Pardo, ex directora de la Cámara de Comercio e Integración Colombo-Venezolana dice que "si algo bueno le ha pasado a Venezuela es su relación con Colombia, pues eso le permite diversificar sus exportaciones, dejar de depender del petróleo y cambiar su modelo económico".
Al fin y al cabo, Venezuela tiene el reto de sacar su economía del abismo en el que entró el año pasado: una disminución del Producto Interno Bruto (PIB) del 3,3 por ciento, aunque la actividad petrolera tuvo un nuevo crecimiento del 5,7 por ciento; la actividad privada se cayó en 6,6 por ciento; la inflación cerró en 70 por ciento; y el sector público consolidado cerró con un déficit equivalente al 15,2 por ciento del PIB, por el auxilio prestado a los bancos para salir de su crisis. Para cambiar el rumbo de esos indicadores, Colombia es un aliado que no conviene dejar entre el tintero.
Javier Díaz, vicepresidente de la Asociación Nacional de Exportadores -Analdex- afirma por su parte que "los gobiernos tienen que prestarle la mayor atención al problema, porque en el corto plazo es probable que no afecte, pero terminará siendo perjudicial para los negocios en el largo plazo ".

CARROS SIN DESTINO
El caso del sector automotor sería particularmente dramático si se dañaran las relaciones. AL fin y al cabo, de no haber sido por el mercado colombiano, las filiales de General Motors o Ford habrían tenido que pasar las duras y las maduras. La capacidad instalada en el vecino país permite producir unos 200.000 carros al año. No obstante, en Venezuela no hay quien compre ni siquiera la mitad de ese total, de manera que la salvación es Colombia, que atraviesa por un boom de consumo automotor sin precedentes.
Pero no sólo los vehículos se quedarían sin uno de sus destinos predilectos. Otros sectores donde las consecuencias de un cierre comercial serían particularmente dramáticas serían el de aluminio y hierro. "Para Venezuela sería muy difícil buscar un mercado alternativo, por el tipo de productos que le vende a Colombia, lo que haría especialmente grave un deterioro en las relaciones, aunque eso aún no se ha visto. Incluso, hicimos un programa de promoción para la realización de negocios con Colombia y ya se han presentado 85 proyectos, lo que muestra que aún hay interés", dijo el director de la oficina de Proexport en Venezuela, Jorge Alberto Velásquez.
El panorama no sólo sería negro por el lado de las exportaciones, sino tamhién por el de las importaciones. Para Venezuela, comprarle productos de consumo masivo a otros países encarecería los costos y por ende los precios al público, lo que agravaría el riesgo de una hiperinflación, que es el mayor temor de los expertos de ese país, pues el año pasado el Indice de Precios al Consumidor superó el 70 por ciento y existe el riesgo de que este año alcance los tres dígitos, para después treparse hasta los cuatro.

LA OTRA CARA
Sin embargo, no sólo Venezuela saldría perdiendo. Del lado de acá la situación no es muy diferente: para Colombia, Venezuela es un socio comercial importante, y romper las relaciones sería como irse cuando se prendió la fiesta. Por una parte, 11 de cada 100 dólares de exportaciones no tradicionales salidas de Colombia, se van para el vecino país. Y aunque esa proporción es una tercera parte de lo que significa Estados Unidos como mercado, no es para nada despreciable.
Sectores como textiles y cueros, que han encontrado en Venezuela un paño de agua caliente para soportar su crisis interna; químicos y alimentos, verían disminuir sus ganancias de forma acelerada, pues el mercado venezolano se ha convertido en un importante destino para sus productos.
Colombia también perdería bastante si tuviera que frenar sus compras al vecino país, pues la mayoría son de materias primas, con las que hace productos manufacturados para exportar. Aunque podría buscarlas en otros países, el precio sería tan alto que llegaría a perder mercados.
El ministro de Comercio Exterior de Colombia, Daniel Mazuera, es optimista sobre los problemas políticos, en el sentido de que no afectarán las relaciones comerciales, aunque advierte que hay que estar alerta. "Es clara la voluntad de los dos gobiernos de no afectar la parte comercial, pues hay un flujo de negocios importante que seria difícil de detener. El tema no se ha tocado dentro de las conversaciones del Grupo Andino, lo que muestra que aun no hay preocupación al respecto".
Otro campo minado si las relaciones se dañaran sería el de la inversión extranjera. Venezuela ha disminuido su participación, pues pasó de traer 65 millones de dólares en 1993 a 20 millones de dólares el año pasado, que es una caída del 68 por ciento, lo que se explica por la crisis bancaria en el vecino país. Los colombianos, en cambio, dinamizaron el flujo de inversiones, pues pasaron de 11,6 millones de dólares hace dos años a 28,3 millones de dólares en 1994, con un crecimiento del 143,3 por ciento, lo que dificulta el rompimiento definitivo de relaciones. Precisamente, la semana pasada se cerró uno de los mayores negocios entre vecinos, con la compra por parte de Cadenalco, de Colombia de los supermercados Cada y Maxys de Venezuela.
Una esperanza para que las cartas se muestren favorables a las relaciones entre Colombia y Venezuela es que la integración comercial permitió superar el problema limítrofe que se presentó a finales de los años 80. De seguir por esa línea, quedaría demostrado que los problemas políticos pasan a un segundo plano para los empresarios, cuando de aumentar las ganancias de una compañía se trata.

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