Lunes, 16 de enero de 2017

| 2008/11/29 00:00

La pirámide invernal

El invierno tomó por sorpresa a las autoridades, pues los aguaceros resultaron más duros de lo esperado. Los efectos: un gran problema social, alto costo fiscal y golpe al crecimiento.

Pobladores del departamento de Córdoba tratan de evitar que las aguas inunden sus cosechas. Según el gobierno, 44.000 hectáreas de cultivos se han visto afectadas

Estos no son buenos días para el país. A la catástrofe social y económica de las pirámides se le está sumando otra: la del invierno, que ha dejado, según las cuentas de las autoridades, al menos 500.000 damnificados, muchas vías taponadas, pérdidas en cosechas y ganados y un considerable costo fiscal que ahora es necesario ver cómo se financia.

El panorama no es muy halagüeño, pues el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, aseguró que lo visto hasta ahora es apenas la punta del iceberg, pues tanto desde el punto de vista social como del económico, las cuentas no se pueden totalizar, mientras no se haga un censo real sobre la magnitud de la tragedia y sus costos.

Lo primero que hay que decir es que esta época de lluvias es realmente una de las más duras de la historia del país. Según Humberto González, ingeniero jefe de servicio de pronósticos y alertas del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), el país está frente a una temporada invernal atípica con lluvias muy por encima del promedio histórico. Esto tiene a los ríos Magdalena y Cauca en sus niveles más altos de los últimos años.

Varias anécdotas revelan la dimensión del problema: la Gobernación del Atlántico informó hace un par de semanas que durante sólo un aguacero, el del 2 de noviembre, cayó más agua que durante todo octubre, mes que también tuvo altas precipitaciones. Otro dato: según el Ideam, el pasado miércoles 25 de noviembre fue el día en que más llovió en Colombia durante el último año en el país. Finalmente, las Empresas Públicas de Medellín (EPM) tienen un punto de medición de lluvias en el centro de la capital paisa, conocido como la estación Miguel de Aguinaga. Según los datos recolectados en lo corrido del año, 2008 ya logró el récord en lluvias de los últimos 54 años.

Por eso los desastres han sido superiores a los de otras temporadas invernales. Hasta el momento han sido afectados 24 departamentos, 500.000 personas y se han perdido 44.000 hectáreas de cultivos y 10.000 cabezas de ganado. El río Cauca revivió el drama de La Mojana y el Magdalena ya empezó a tomarse casas y calles de muchos municipios a lo largo de su cauce. Fuera de eso, actualmente 14 departamentos tienen más de 70 puntos viales críticos por derrumbes, hundimientos de bancadas y caídas de puentes.

Pero la magnitud de la tragedia todavía no se conoce, pues las autoridades deben esperar a que bajen las aguas y nadie garantiza que en las próximas jornadas no ocurran más novedades.

Muchos líos

El impacto social es la principal consecuencia de todo esto, por la cantidad de personas afectadas: se han perdido cultivos, viviendas e infraestructura, porque el invierno se las ha llevado. De allí se desprenden otras cuatro grandes implicaciones: el costo fiscal de la recuperación, los problemas de transporte, el golpe al crecimiento económico y la generación de empleo, y un eventual impacto en el precio de los alimentos, que han sido los que más han aportado a los problemas inflacionarios del país en el último año.

El problema fiscal es grande. La dirección de Atención y Prevención de Desastres del Ministerio del Interior cuenta con cerca de 23.000 millones de pesos para afrontar la emergencia. Según la directora de esta entidad, Luz Amanda Pulido, esos recursos son suficientes para aplicarlos en subsidios de arrendamiento, obras de emergencia, asistencia humanitaria, apoyo alimentario y todo lo que se necesita ya mismo para paliar la situación de los afectados.

Pero el hueco se abre cuando se mira hacia el futuro, en el proceso de recuperación de las zonas afectadas. Sólo un botón de muestra: el departamento de Cauca ha sido una de las zonas más golpeadas por la emergencia y, según el gobernador, Guillermo Alberto González Mosquera, necesita 120.000 millones de pesos de manera urgente. Aunque las cifras no se han consolidado, si la emergencia ha afectado por lo menos 26 departamentos del país, el costo podría superar con creces los 500.000 millones de pesos.

Así que la única salida para el gobierno, en palabras del ministro Arias, es raspar la olla. El presidente Uribe prometió en la cumbre de gobernadores facilitar recursos del fondo interministerial, de las regalías y si hace falta, de vigencias futuras, para ayudarles a los gobernadores a enfrentar la situación. Además se creará un banco de materiales, para contribuir en los procesos de reconstrucción de las viviendas.

Nadie ha dicho cuántos recursos se alcanza a recoger con estas medidas, pero está quedando la impresión de que cualquier esfuerzo se va a quedar pequeño frente al tamaño de la emergencia. La directora de Atención de Desastres agregó que el costo total de la recuperación no se puede consolidar hasta tanto bajen las aguas, para medir los daños definitivos. Así que es evidente que el problema fiscal es bien complicado y que se va a necesitar mucha creatividad para sacar esos recursos de manera expedita. porque en frentes como el de las carreteras, los arreglos tienen que ser inmediatos.

El director del Instituto Nacional de Vías (Invías), Daniel García, reconoció que la situación es realmente crítica y que hoy están haciendo traslados presupuestal es dentro de la institución, para cubrir las emergencias. "Le estamos dando respuesta a un invierno que no tiene precedentes", explicó. Aseguró además que si bien hay restricciones presupuestales, la plata tiene que salir de algún lado, pues es necesario enfrentar las emergencias.

Menos crecimiento

Pero las repercusiones no son sólo presupuestales. También está el impacto en el crecimiento. Los agricultores están preocupados porque estos días de lluvias le podrían quitar entre un punto y un punto y medio de crecimiento al sector agrícola en 2008. El gobernador de Cauca ratificó esta idea al explicar que sólo en su departamento la cosecha cafetera sufrió una gran reducción porque no hubo floración y esto va a afectar a 86.000 familias que viven del cultivo; "me preocupa el tema del empleo", explicó. Además del impacto social, las pérdidas para muchos agricultores y ganaderos van a ser considerables y esto podría terminar afectando las posibilidades laborales en muchas de estas regiones; por eso varios gobernadores sugirieron declarar nuevamente la emergencia social por cuenta de la crisis invernal y meter en los planes del gobierno, apoyo efectivo para la recuperación económica de estas zonas.

De otra parte, aunque el Ministro de Agricultura se mostró tranquilo por el efecto en los precios de los alimentos, pues hoy la oferta es suficiente, reconoció que es necesario trabajar duro para evitar una futura presión al alza en las cotizaciones de los productos de los cultivos que se perdieron.

Es evidente que la temporada invernal se convirtió en otro tema clave de la agenda colombiana. Los impactos sociales y económicos que ha generado tienen en líos a las autoridades. Los recursos para atender la emergencia y la recuperación de las zonas afectadas son escasos y muy probablemente no estén tan a la mano como lo esperan los gobernantes.

¿Será que nuevamente les cogió la noche a las autoridades para enfrentar un problema que se veía venir y que tiene implicaciones sociales y económicas muy grandes? Cualquier parecido con el caso de las pirámides no es ninguna coincidencia: la realidad es tozuda y es claro que si hoy el país está en problemas, es porque los encargados del tema no tuvieron en sus cuentas que se les podría venir un invierno más fuerte que el de siempre. Mandatarios locales tienen su cuota de responsabilidad. Esta vez la naturaleza puso su granito de arena para complicar las cosas.
 

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