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| 4/18/1983 12:00:00 AM

LA RUEDA DE LA FORTUNA

El eje del proceso económico es el sector productivo: sin producción no hay consumo, ni comercio ni riqueza, ni se requiere financiación.

Aunque nadie sepa, a ciencia cierta, dónde y cuándo surgió el dinero, ni quién "inventó" la moneda como medio de pago, ha tenido, con los siglos, tanta importancia como la rueda, como el alfabeto, como la pólvora.
En cambio, la historia si registró, con mayor precisión, los orígenes de la banca y la intermediación financiera. Más aún, se podría afirmar que son contemporáneos el primer banquero, la primera hipoteca y el primer deudor moroso célebre. En efecto, se cuenta que Carlos V hipotecó aún antes de poseerlo, el Sacro Imperio Romano con la Banca Alemana y que un pequeño banquero alemán, Jacob Fugger fue quien decidió el destino final de la disputada corona, entre Carlos V y Francisco I de Francia. Y, muy probablemente, el mismo Carlos V, ya coronado, haya sido el primer gran moroso que registre la historia bancaria, ya que la devolución del préstamo fue obtenida por Fugger, después de años y años de airados reclamos.
Cuatrocientos años despues de los Fugger y sus colegas, los Médici o los Peruzzi, la intermediación financiera ha adquirido una importancia que va desde el más simple acto cotidiano hasta las complejísimas relaciones entre los estados.
Sin embargo, la gran mayoría de los colombianos desconoce los mecanismos y las leyes que regulan el funcionamiento del sector financiero, así como su rol en el desarrollo económico. El año pasado, a raíz de la crisis del Banco Nacional, el ciudadano medio comenzó a conocer e interiorizarse de algunos problemas graves en el sistema financiero local. Miles de pequeños ahorristas supieron por primera vez qué era un "autopréstamo", cuando sufrieron las consecuencias de semejantes prácticas que diezmaron sus peculios.
La resonancia periodística de aquellos hechos, así como sus consecuencias, que aún perduran, opacaron el final de una década de sostenido crecimiento del sector financiero.
TIEMPO DE CAMBIOS
En épocas no muy lejanas, la idea de préstamos, garantías y finanzas, estaba asociada, casi con exclusividad, a un puñado de bancos y de banqueros con nombre propio. Referirse, entonces, al sector financiero de la economía nacional, era referirse a esos bancos.
En las últimas décadas, a nivel mundial, y en los últimos 15 años en Colombia, la denominación de intermediarios financieros abarca a una gama mucho más amplia de instituciones, modalidades y servicios, donde tienen cabida desde organismos orientados a los créditos de fomento, así como las Corporaciones de Vivienda, las aseguradoras, las empresas de Leasing, las financieras y los tradicionales bancos.
Sin embargo, por encima de las complejidades y de sus diferencias hay un rasgo común a todos ellos: el rol de los intermediarios financieros debe ser facilitar la transferencia del dinero de los ahorristas a los productores y canalizar hacia la producción los ahorros que la sociedad obtiene. Estos intermediarios financieros le ofrecen al ahorrista la gran ventaja de suplir su falta de información sobre las empresas o personas que requieren ese dinero, así como de diversificar su riesgo hasta minimizarlo, ya que la mayoría de las colocaciones en el sistema financiero son o bien vigiladas por organismos gubernamentales o bien respaldadas por ellos. Por otra parte, la especialización y profesionalización del sistema financiero significa, a la par que una mayor seguridad para el ahorrista, un beneficio para el conjunto de la sociedad, en la medida en que disminuye el costo social de la administración del dinero.
La imagen del pequeño ahorrista que estudiaba al detalle los balances de una sociedad, investigaba sus ventas, conocía a sus directores y, finalmente, invertía en acciones de esa empresa, ha quedado relegada al olvido. El ahorrista ha pasado a ser, con el desarrollo de la intermediación financiera, un "prestador" de su dinero, con escasos riesgos, a las instituciones del sector, que son quienes estudian, analizan, investigan, asumen riesgos y canalizan los fondos hacia el sector productivo.
Evidentemente, el eje del proceso económico es el sector productivo: sin producción no hay consumo, ni comercio, ni riqueza, ni se requiere de financiación. Entonces, el sector financiero no puede desplazar la función básica de la producción, ni generar riqueza por sí mismo, pero si puede y debe ser un factor clave en impulsarla. El requisito indispensable para que ello sea así es que los recursos que los intermediarios financieros captan sean transferidos a los industriales, a los agricultores, en fin, a los productores, para contribuir a la formación de capitales en ese sector.
DEL DICHO AL HECHO
Pero los intermediarios financieros también pueden jugar un papel de freno al desarrollo económico del país y las recientes crisis del sistema financiero chileno y argentino, y de los bancos Nacional y del Estado en Colombia, lo ponen de relieve. Los economistas afirman que cuando las instituciones financieras abandonan el objetivo, que es su razón de ser, --financiar el sector productivo--, se convierten, objetivamente en impulsores de la actividad especulativa.
Cuando un banco capta recursos que la sociedad acumula y los destina a facilitar el control de empresas vinculadas, sin interesar mucho la eficiencia productiva, deja de cumplir con el objetivo socialmente necesario y traba el desarrollo económico. Los ingleses, que conocen como pocos el papel de la intermediación financiera, bautizaron los autopréstamos, como "préstamos incestuosos", destacando el carácter "pecaminoso" que involucra la maniobra. Y de las consecuencias del "pecado" pueden dar fe los miles de ahorristas perjudicados por el Banco Nacional o Furatena.
Ese tipo de acciones son, sin embargo, una consecuencia no deseada del crecimiento real y acelerado que experimentaron los distintos componentes del sector financiero en los últimos años. Al menos, ésa es la opinión de varios economistas que han seguido de cerca ese proceso, como Mauricio Carrizosa Serrano. El afirma que "a partir de los años 70 se produjo un acelerado crecimiento, sin que las instituciones y legislación reguladora y de control estuviese preparada para prevenir las posibles irregularidades que podrían presentarse".
En 1970 el sector financiero representaba el 3.4% del PBI. Diez años más tarde había crecido al 4.3%. En la primera fecha todas las instituciones financieras tenían menos de 2.000 oficinas en todo el país, alcanzando las 3.300 en 1.980. Estos dos indicadores, aun con ser parciales, muestran el crecimiento de la intermediación financiera en la década pasada. No obstante, ese crecimiento no fue sólo cuantitativo, sino también cualitativo.
En efecto, en este período surgen las Corporaciones de Ahorro y Vivienda y las Compañías de Financiamiento Comercial, se introducen nuevos activos financieros, como los UPAC, y se establece una nueva reglamentación para los Certificados de Depósitos a Término. Y, aunque en esta década se suceden tres gobiernos --Pastrana, López y Turbay- cuyas políticas hacia el sector financiero no siempre fueron coincidentes, las captaciones, en sus diversas modalidades, llegaron casi a duplicarse.
El surgimiento de las Corporaciones de Ahorro y Vivienda (ver recuadro), a partir de mayo de 1972, diversificó y fortaleció al sector.
Otra manifestación del crecimiento de los años 70 ha sido la concentración institucional en las captaciones de los ahorros. En el año 1979, dos bancos, el de Colombia y el de Bogotá, captaban el 40 por ciento de los ahorros colocados en C.D.T. o en Caja de Ahorros, mientras los otros 23 bancos se repartían el 60 por ciento restante. En lo que hace a las Corporaciones Financieras, una de las treinta instituciones, Grancolombiana, obtenía el 43 por ciento de los depósitos que el público colocaba en estas instituciones. Finalmente, cuatro de las diez Corporaciones de Ahorro y Vivienda eran favorecidas con el 65 por ciento de los depósitos en UPAC. En resumen, siete instituciones sobre 65 captaban el 52 por ciento de los ahorros colocados en C.D.T., Caja de Ahorros o UPAC.
Esta concentración institucional tuvo como efecto facilitar el manejo profesional y especializado de la intermediación financiera, a la vez que fue un factor decisivo en el auge de los años pasados.
CRECIO EL ENANO
Para Mauricio Carrizosa Serrano, uno de los factores que originan el acelerado crecimiento del sector financiero de los años 70 debe buscarse unos cuantos años antes: "El establecimiento de la doble tributación para las sociedades anónimas, bajo el Gobierno de Rojas Pinilla, se transformó en un aliciente para otras formas de inversión, en lo que hace al ahorrista, y de otras modalidades de obtener recursos para las empresas". En efecto, todo indica que a partir de allí el mercado accionario comienza a perder paulatinamente su importancia. Para que una acción sea rentable, desde la óptica del ahorrista, los dividendos que eventualmente cobre deben ser lo suficientemente altos como para cubrir el nuevo régimen de impuestos y otorgar una buena expectativa de rendimientos. Para la empresa, obtener recursos por esta vía se transforma en algo demasiado oneroso. Y así, el mercado accionario entra en un agudo declive.
Por otra parte, si las empresas captan recursos a través de los intermediarios financieros, pueden efectuar descuentos tributarios de una buena parte de los intereses pagados, con lo cual orientan, definitivamente, su búsqueda de dinero hacia el mercado financiero.
Sin embargo, como anota el mismo Carrizosa Serrano, se necesitaba estimular al ahorrador para que pasase de ser un inversionista a ser un prestamista de su dinero. Y ese estímulo llega a fines de los años sesenta con la aceptación de que las tasas de interés efectivamente pagadas al ahorrista, deben ser positivas, es decir, estar por encima de la inflación. Con las cédulas de inversión del B.C. H., primero, y la creación del sistema UPAC, después, esa nueva política se afianza institucionalmente, sentado las bases para el despegue del sector financiero.
Otros observadores apuntan dos razones adicionales, que, de alguna manera, reforzaron ese proceso. En primer lugar la tendencia de los accionistas más importantes de las grandes empresas a reforzar su control sobre las mismas, prefiriendo aumentar el endeudamiento de la sociedad, aun pagando altos intereses, y no abrirla a la participación de nuevos accionistas. Por otra parte, la aparición de empresarios neófitos, con escasos conocimientos del manejo del sector financiero pero atraídos por sus altos rendimientos y que no supieron calcular los riesgos que la audacia implicaba, contribuyó artificialmente al auge de las finanzas.
A estas razones económicas cabe agregar las distintas medidas adoptadas por los tres gobiernos que se sucedieron en el período, algunas de ellas de consecuencias muy duraderas, tales como la creación de las Corporaciones de Ahorro y vivienda o la legalización del sector extra bancario, transformándolo en Corporaciones Financieras.
VIENEN LOS PROBLEMAS
El actual Superintendente Bancario, Dr. Germán Botero de los Ríos, decía, en el prólogo de uno de los más recientes trabajos sobre el desarrollo financiero de la pasada década, que éste "ha sido uno de los períodos más interesantes en nuestro desarrollo financiero... Rápidamente se extendió el afán, a todos los niveles, de exigir un mejor pago por el dinero disponible, y el sistema financiero se conmovió y creció en forma impresionante. Quizás este cambio acelerado en las costumbres bancarias sea una de las mayores contribuciones al balance económico de la década".
Obviamente, un cambio tan rápido origina consecuencias inesperadas, no siempre las más deseables. Que ellas no se hayan hecho presentes de inmediato, sino hacia el final del período, no significa que no hayan existido desde los inicios del auge. Por ejemplo, es bastante conocido que las prácticas de "autopréstamos" no son nuevas y se vienen reiterando desde hace años; sin embargo,se ponen de manifiesto, con toda su carga perjudicial, cuando las condiciones económicas comienzan a estrecharse. En efecto, una vez más, la verdad a veces olvidada de que quién realmente produce riqueza es el sector productivo, se hace presente con la recesión de la economía mundial y colombiana. Cuando la industria y el campo empiezan a afrontar dificultades, quienes habían jugado irresponsablemente a la especulación comienzan a pagar el precio y, lo más perjudicial de su jugada, a hacérselo pagar a todo el sistema financiero, con el descrédito que le acarrean.
Otra de las consecuencias indeseadas ha sido la virtual eliminación de un buen y robusto mercado accionario, al cual recurran las empresas en busca de recursos. La Bolsa ha mantenido su importancia, pero no ya como escenario de transacciones accionarias, sino de papeles y títulos tales como CAT Certificados de Cambio y similares.
Por otra parte, y como consecuencia de lo anterior, los intereses crecieron en menos de diez años en más de un 50 por ciento; de tasas de captación que oscilaban en un 20 a 22 por ciento anual, a principios de los años 70, se pasó a tasas que superaban holgadamente el 30 por ciento, originándose así una de las situaciones más complejas y contradictorias del actual mercado financiero.
No es de extrañar, entonces, que el endeudamiento de las principales empresas se haya duplicado, ni que la cartera vencida siga una sostenida curva ascendente.
CRUCE DE CAMINOS
Hace una semana, el Presidente Belisario Betancur dirigió un severo llamamiento al sistema financiero para lograr una baja en las tasas de interes. Este llamamiento culminó con la advertencia de que si no se alcanza la tan ansiada reducción a través del diálogo, ella podría ser ordenada por el Gobierno. El presidente ponía así énfasis, en el cumplimiento de una de las metas de su programa y se hacía eco de un reclamo generalizado de los gremios de la producción.
Aún a riesgo de exagerar, muchos industriales señalan a las altas tasas de interés como un factor de principalísima importancia en las condiciones recesivas de la economía. Los responsables del sector financiero, por el contrario, señalan que la recesión interna no puede aislarse de la situación de la economía internacional. Para reafirmar esta apreciación toman como ejemplo que en EE.UU. recientemente han bajado las tasas de captación del dinero, pero que las de colocación se han mantenido altas. Y para ellos la explicación es la misma allá que aquí: el aumento del riesgo de prestar, el crecimiento de la cartera vencida compensan el menor costo del dinero y no permiten una baja real de los intereses.
Sin embargo, cualquiera sea la explicación correcta, lo cierto es que el sector financiero se encuentra hoy ante el desafío de demostrarle al conjunto del país que, realmente, puede ser un motor que facilite el desarrollo de la economía, en los momentos en que más necesitado de estímulos está el aparato productivo. La estructura que se ha desarrollado, profesionalizado y depurado, en los últimos años, tiene todas las posibilidades de responder satisfactoriamente esos requerimentos.
EVOLUCION DEL P.B.I. Y DE LA PARTICIPACION DEL SECTOR FINANCIERO
Sector Año 1980 Año 1970
Sector financiero 4.3 3.4
Agropecuario 23.7 25.3
Ind. Manufacturera 21.8 18.6
Comercío 17.8 17.2
Construcción 4.8 5
Transporte 5.6 5.9
Minería 1.82
Pesca Caza 0.9 0.6

PARTICIPACION DEL SECTOR FINANCIERO EN EL P.B.I. (1977)
Ingreso per capita Dólares
COLOMBIA 3% 720
Ecuador 5% 790
Chile 7% 1.160
Israel 17% 2.850
EE. UU. 11% 8.520
Bélgica 7% 7.590


A QUIEN LE PRESTAN
Sistema Bancario Cartera por sectores Económicos Distribución %
1977 1981
Dic. Dic.

Agropecuario 20.2 16.0
Minería 0.5 0.1
Industria 2 34.1 39.2
Construcción 3.2 1.7
Bonos de prenda 3.0 2.0
Comercio 19.8 25.6
Consumo 2.8 3.8
Transporte 0.9 0.5
Educación 0.9 0.5
Servicios Públicos 12.9 8.3
Otros 1.7 2.3
Total(millones$) 70.296. 150.596
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