Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/03/29 00:00

La suerte está echada

En los próximos días, el presidente George W. Bush enviará, por fin, el TLC al Congreso controlado por la oposición demócrata. ¿Cuáles son los escenarios posibles?

La suerte está echada

Después de muchos ires y venires, al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC) le llegó la hora de la verdad. Desde cuando fue suscrito en Washington a finales de 2006, por Colombia y Estados Unidos, el tratado ha dormitado en el escritorio de Susan Schwab, la alta representante comercial de ese país, a la espera de que el Congreso norteamericano le dé su aprobación para que pueda entrar en vigor. El gobierno republicano de George W. Bush se ha abstenido de enviárselo al Legislativo porque la bancada mayoritaria de la oposición demócrata ha dicho que votará en contra. Su argumento es que Colombia registra una alta criminalidad contra los sindicalistas y no respeta algunas normas que protegen el medio ambiente. Pese a todo, Bush enviará el TLC al Congreso en los próximos días para forzar un voto. La fecha más probable será el martes de la semana entrante. Ese día se abrirá una incógnita sobre la suerte del acuerdo.

La idea de sacar adelante el tratado se le ha metido entre ceja y ceja al Presidente estadounidense. Para Bush, el TLC no es sólo un asunto de comercio, sino un tema de seguridad nacional. En ese sentido confía en que los demócratas van a apoyar su tesis en el Congreso. Así lo dejó claro el pasado 12 de marzo en un discurso que pronunció ante la Cámara de Comercio Hispana con sede en Washington. "Este año hay tres tratados comerciales en la agenda del Congreso: los de Colombia, Panamá y Corea del Sur. Los tres son importantes, pero el de Colombia es especialmente urgente -dijo. Y agregó-: Ese acuerdo favorecerá nuestros intereses comerciales y nuestra seguridad nacional. Colombia es uno de nuestros aliados más cercanos en el hemisferio occidental".

Bush anunció igualmente que, tan pronto terminara el receso legislativo de Semana Santa -que finalizó el viernes pasado- les hará llegar el texto del tratado a los congresistas. Ese anuncio de Bush no le cayó muy bien a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que es la mandamás de la bancada demócrata. Poco después de las palabras de Bush, esta célebre congresista por San Francisco señaló que una buena agenda comercial debe contar con el respaldo tanto del gobierno como del Legislativo, y advirtió que, de no ser así, en el caso del TLC las cosas podrían ir por mal camino. No obstante, sólo 24 horas más tarde matizó su pronunciamiento inicial y dijo que "mientras no exista una Ley de Ajuste Comercial robusta" ella no ve "ninguna posibilidad para el TLC con Colombia". Eso, en plata blanca, significa que a pesar de sus críticas al presidente Álvaro Uribe por la violencia que sufren los sindicalistas, la señora Pelosi está dispuesta a negociar el tratado siempre y cuando Bush la ayude con la Ley de Ajuste Comercial, que se ha negado a impulsar. El TLC se ha convertido, pues, en una moneda de cambio.

¿De qué trata esta famosa Ley de Ajuste Comercial? Mejor conocida por su sigla en inglés de Trade Adjustment Act (TAA), la ley permite que los trabajadores estadounidenses que se vean perjudicados por el comercio internacional puedan recibir créditos para el pago de los impuestos y los seguros médicos, así como ciertas facilidades para conseguir empleo. Fuentes legislativas le dijeron a SEMANA que, sólo si Bush acepta darle un espaldarazo a la TAA, Pelosi le meterá el hombro al TLC. Al fin de cuentas, esa sería la forma como los demócratas podrían salvar la cara ante los grandes sindicatos estadounidenses de la Federación Americana del Trabajo y del Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), que financian buena parte de las campañas políticas de ese partido.

¿Cuántos votos se necesitan en el Congreso norteamericano para que el TLC entre en vigor, cuántos hay de momento y dónde está el lío? Las cosas en el Senado no pintan mal. Generalmente, los acuerdos comerciales no sufren tropiezos entre los 100 miembros de ese organismo, que en su mayoría favorecen el libre comercio. La complicación viene en la Cámara. Allí se requieren 218 votos, de los 435 posibles. El otro escollo es que, desde las elecciones de noviembre de 2006, los demócratas controlan 233, y los republicanos, 192. De momento, el TLC tiene unos 180 votos en la Cámara. El asunto saldría adelante si la señora Pelosi dejara votar libremente a sus amigos. Para convencer a la bancada demócrata de los progresos de Colombia, varios demócratas han venido al país y algunos han regresado a Washington con otra opinión. "En los últimos meses han ido 53, muchos de los cuales han cambiado de parecer sobre los avances colombianos", le dijo a SEMANA la embajadora en Estados Unidos, Carolina Barco, que ha acompañado a casi todas las delegaciones y que no ha parado de hacer lobby en el Congreso.

Bush tiene fe en que los demócratas van a 'comprarle' el argumento de que el TLC es vital para la seguridad nacional norteamericana y de que Colombia es un país muy distinto a la Venezuela de Hugo Chávez. Por eso va a remitirles muy pronto el tratado a los congresistas, que están obligados a emitir su voto según una la Ley de Autoridad de Promoción Comercial (Trade Promotion Authority), también conocida como Vía Rápida o Fast Track. "Esta ley, que entró en vigencia en los años 70, deja en libertad al Presidente de Estados Unidos para negociar los tratados comerciales y obliga a los congresistas a votarlos en su totalidad en 90 días y a no modificar el texto", explica desde Washington el abogado colombiano Nicolás Lloreda, de la prestigiosa firma norteamericana Sidley Austin.

Varias fuentes señalan que Bush le remitirá el acuerdo al Congreso el 8 de abril. Lloreda añade que si el Congreso rechazara el TLC, el tratado quedaría muerto. En ese escenario, el único salvavidas disponible serían las preferencias arancelarias que gozan los productos colombianos en Estados Unidos hasta el 31 de diciembre de este año y se pueden renovar.

Como quiera que sea, tanto la Casa Blanca como el gobierno colombiano se muestran optimistas con el futuro del TLC. "Casi todos los debates sobre tratados de libre comercio son difíciles. Así pasó con el de Centroamérica y con el Nafta (suscrito con México y Canadá)", le dijo Susan Schwab a SEMANA. "La ventaja es que estos acuerdos contribuyen a fortalecer la democracia, el crecimiento económico y el imperio de la ley, y son un antídoto para los falsos populismos", agregó. Por su parte, el ministro colombiano de Comercio, Luis Guillermo Plata, le indicó desde California a esta revista que si Bush va a enviar el TLC al Congreso "es porque tiene un buen conocimiento del tema" y que esa decisión es sólo de la Casa Blanca y no del gobierno colombiano. Y subrayó: "Entre 2002 y 2007, en Colombia ha habido una reducción del 80 por ciento en la violencia contra sindicalistas. Además, nadie me ha explicado cómo la no aprobación de un tratado comercial puede mejorar aún más esa estadística".

Pero las cosas no son tan fáciles, y menos aún en un año de campaña electoral en el que los demócratas tienen aparentemente las de ganar (ver recuadro). Eso, a pesar de las bondades que según sus partidarios tiene el TLC, puede dar al traste con el tratado en su etapa decisiva, que empieza en los próximos 10 días.

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