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| 1/23/2005 12:00:00 AM

La supercadena

El poder de Wal-Mart es tan grande que parece más un Estado que una empresa. Sus dueños, los cinco Walton, quedaron entre los 10 más ricos del mundo en la lista de la revista 'Forbes'.

Por años fueron los Rockefeller, los Ford o los Carnegie. Más recientemente, los Morgan o los Trump. Ahora la familia más rica de Estados Unidos lleva el legendario apellido de la pantalla chica: los Walton. Sus miembros son los dueños de la cadena de tiendas Wal-Mart, la mayor empresa del mundo por ventas y la octava por utilidades.

De la lista Forbes de las 500 personas más ricas del mundo en 2004, los Walton ocupan cinco de los 10 primeros lugares. Helen, Robson, John, Jim y Alice Walton -viuda e hijos del fundador de Wal Mart, Sam Walton- tienen una fortuna personal de 20.000 millones de dólares cada uno. Juntos duplican la riqueza de Bill Gates, creador de Microsoft, número uno de la lista, con 46.600 millones de dólares.

La fortuna de la familia Walton es tan grande como las dimensiones del negocio de Wal-Mart, la corporación más grande del mundo, por encima del gigante petrolero Exxon-Mobil. Su facturación anual es de 256.000 millones de dólares, equivalente al producto interno bruto de Arabia Saudita. Unos 20 millones de clientes visitan a diario sus más de 4.500 locales repartidos en cuatro continentes, los cuales son atendidos por más de 1,3 millones de empleados.

La cadena de tiendas ocupa el puesto 19 entre las 100 economías más poderosas del planeta, de las cuales ya sólo 49 son países. Su poder de compra es tan grande que incluso supera al de muchos Estados. De hecho, si fuera un país independiente, Wal-Mart sería el octavo mayor socio comercial de China. Cada semana compra en sus almacenes el equivalente de toda la población de Francia y España juntas.

Claro que los Walton no crecieron siendo ricos. Eran muchachos comunes y corrientes cuyo padre poseía unas tiendas exitosas. La riqueza no apareció sino cuando se hicieron adultos.

NACE EL GIGANTE

Todo empezó a partir de un almacén que Sam Walton, un veterano de la Segunda Guerra, instaló a comienzos de los 60 en un pueblo rural de uno de los estados más pobres de Estados Unidos, Arkansas. Walton estaba convencido de que la idea del autoservicio y del descuento sería el futuro. Comprar barato, apilar mucho y vender barato era su lema.

En 1966, cuando ya tenía 20 tiendas, acudió a una escuela de IBM, donde se dio cuenta de que su negocio no podría crecer tan rápido sin sistematizar el control de mercancías. Hoy la base de datos de Wal-Mart sólo es inferior a la del Pentágono en cuanto a capacidad.

De ahí en adelante, nadie ni nada lo detuvo en hacer de Wal-Mart una de las firmas más exitosas del mundo y, de paso, a su familia una de las más ricas. En los 90 Wal-Mart abrió 700 tiendas fuera de Estados Unidos, principalmente en Canadá, México, Brasil, Argentina, Alemania e Inglaterra. Cada una de sus tiendas es una mole de 18.000 metros cuadrados que prácticamente contiene un centro comercial entero: desde panadería y cafetería hasta óptica, farmacia y ferretería.

El modelo de negocios que ha hecho famoso a Wal-Mart es simple: comprar al menor costo posible para poder vender a precios de liquidación todos los días del año. Algunos economistas han llegado a plantear que esta dinámica ha incidido en las modestas tasas de inflación que ostenta la economía estadounidense.

El impacto cultural de esta compañía tampoco es menor. Varios analistas sostienen que Wal-Mart tiene el poder para convertir una novela en un best seller con sólo exhibirla en sus escaparates. Así mismo, en el negocio de la música ha sido determinante en el lanzamiento al estrellato de una generación de vocalistas de música country. Incluso se dice que ha empezado a modificar los hábitos de compra del país más poblado del mundo. A través de los 40 establecimientos que tiene Wal-Mart en la China, la población del país asiático está pasando de hacer mercado en la calle, donde venden productos frescos, a comprar en un gran supermercado reluciente de artículos envasados.

Debido a su tamaño y poder de compra, Wal-Mart recibe un trato preferencial de sus 65.000 proveedores. Son excepcionalmente cumplidos en sus entregas: demoran pocos días en promedio y rotan con mayor frecuencia las mercancías perecederas.

Los excepcionales niveles de servicio que ofrecen los proveedores se deben en parte a las elevadas sanciones que impone la compañía. Wal-Mart penaliza a los proveedores por no entregar pedidos por lo menos al 95 por ciento y por no hacerlo el día acordado con el 20 por ciento. La cadena además presiona constantemente a sus proveedores para que bajen sus costos operacionales. Varios productores mundiales de alimentos, aparatos electrodomésticos, herramientas y hasta medicinas se ven obligados a permitir que Wal-Mart examine sus finanzas para identificar 'costos innecesarios'. El poder de compra de la cadena es tan grande que algunos proveedores pueden simplemente dejar de existir si pelean con ella.

Los precios tan bajos de Wal-Mart entran en conflicto, además de con los proveedores, con los propios trabajadores. Los empleados de la compañía cobran unos ocho dólares brutos por hora, un 30 por ciento menos que en la competencia. Además, Wal-Mart deja sin seguro médico a alrededor de la mitad de su plantilla. Esa política de bajos salarios ha desencadenado fuertes polémicas en todo el mundo que en ocasiones han tenido que resolver los tribunales. Uno de cada 155 trabajadores la ha denunciado por malas prácticas laborales. Al día de hoy, Wal-Mart tiene 8.000 denuncias pendientes en los juzgados de Estados Unidos de ex empleados suyos.

Ante este desmesurado poder, Wal-Mart se ha convertido en una empresa-nación. Sus propias políticas económicas, sociales y laborales. Tiene una política exterior con otros países. Ha desarrollado su propia cultura, su identidad, una forma de pensar y unos valores propios. Como los Estados de épocas pasadas, continúa creciendo y ampliando su dominio, su espacio vital. Los dólares de los consumidores extienden los tentáculos de Wal-Mart.

Wal-Mart todavía no ha llegado a Colombia, pero puede que no tarde el desembarco. Para entonces habrá que estar preparados.
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