Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/06/11 00:00

La última gota

El petróleo se acaba y el hueco para las finanzas de la Nación será enorme.

El presidente de Ecopetrol, Isaac Yanovich, señala que a pesar de no haberse encontrado nuevas reservas, la exploración sísmica y la perforación de pozos va en aumento. Una condición necesaria pero no suficiente para acabar con el problema de la pérdida de autosuficiencia petrolera

Una temible profecía está a punto de cumplirse. Y no es precisamente la de Damián o la de la supuesta fecha del anticristo el día 6 del mes 6 del año 06. Es un apocalíptico vaticinio que se viene escuchando desde hace mucho tiempo en Colombia. Se trata de la pérdida de autosuficiencia petrolera, el catastrófico evento que podría cambiar para siempre el orden de las cosas en el país.

Para que se haga una idea de lo que esto significa, imagínese por un momento la siguiente película de terror: Colombia se queda sin excedentes de crudo. El petróleo pasa de ser el mayor rubro de exportación a constituirse en el mayor rubro de importación. El impacto negativo sobre el déficit fiscal y la balanza de pagos es enorme. Ni hablar del golpe a las finanzas de entidades territoriales, que verían reducidas significativamente sus regalías.

Esa es la pesadilla de muchos por estos días. Empezando por el propio presidente Álvaro Uribe, quien habló del tema hace unas dos semanas durante su discurso de victoria en las urnas. "Tenemos muchas dificultades en el futuro del petróleo. Todavía no hemos podido despejar el camino", dijo el primer mandatario el domingo 28 de mayo, después de conocer el resultado de las elecciones.

No es para menos. En su primera administración, el gobierno Uribe se rajó en aumento de reservas, pese a los esfuerzos en exploración. El propio ministro de Minas y Energía, Luis Ernesto Mejía, reconoció públicamente, a finales del año pasado, que no fue posible cumplir con la meta de encontrar 1.000 millones de barriles en el cuatrienio 2002-2006 y admitió que se equivocó al establecer un objetivo de esas proporciones en el Plan Nacional de Desarrollo. El funcionario admitió que sólo se encontraron 300 millones de barriles, es decir, la tercera parte de lo presupuestado.

A eso se suma que los pozos que fueron presentados a la opinión pública como la solución a todos los problemas han sido una decepción absoluta. La semana pasada se supo que en Tángara, uno de los prospectos más prometedores del país, no se encontró el objetivo, a pesar de meses de perforación y 80 millones de dólares de inversión. En otras palabras, no hay hidrocarburos comerciales. Igual ocurrió con el pozo Niscota de BP, en diciembre de 2004. Nada de nada.

Y la única noticia realmente positiva -un descubrimiento en Gibraltar- resultó no ser tan buena como la pintó el gobierno. Se dijo que había reservas aproximadas de 200 millones de barriles de petróleo, pero hoy se sabe que contiene gas y no crudo. Una noticia agridulce: el gas sirve, pero no para resolver el problema de autosuficiencia. De alguna manera, Gibraltar el fantasma de Coporo, el publicitado pozo que resultó seco durante la administración Samper.

La realidad es que hace 13 años el país no encuentra un yacimiento de importancia. Cusiana y Cupiagua fueron los últimos grandes pozos petroleros descubiertos en Colombia. Hoy, las reservas de crudo son tan solo de 1.450 millones de barriles, 50 por ciento menos de las que había hace una década. Y eso está llevando a que se aproxime el día 'D' de la temida profecía: que el país pase de exportador a importador neto de petróleo.

¿Y eso cuándo va a pasar? Depende de la definición de autosuficiencia petrolera. Si se trata de la cantidad de crudo que tiene Ecopetrol para cargar sus propias refinerías, esa ya se terminó en el año 2001, según la Contraloría. Desde 2002, la estatal petrolera viene completando la carga de las refinerías de Cartagena, Barranca, Orito y Apiay con crudo de regalías, que se paga a un precio por debajo del internacional.

Si se trata de autosuficiencia para la Nación, ésta se pierde a finales de 2007, según un informe de la Contraloría General de la República. Desde el primero de enero de 2008, la Nación deberá comprarle petróleo a las empresas privadas a Ecopetrol, a precios internacionales, para llenar los faltantes. Aunque Ecopetrol reconoce que esto es cierto, no lo considera estrictamente una importación, ya que el costo es menor y ese petróleo paga regalías e impuestos.

El último caso es el de la autosuficiencia del país. Y en este aspecto, tanto la Contraloría como el gobierno están de acuerdo: alcanza hasta 2011. A partir de ese momento, el crudo producido dentro del territorio nacional -de propiedad de Ecopetrol, de regalías y de las empresas privadas- ya no será suficiente para abastecer la demanda interna. En otras palabras: habrá que importar petróleo de otros países, posiblemente de Venezuela.

Esa es la cruda realidad. Una situación apenas comparable con la que vivió el país en los años 70, cuando tuvo que importar crudo, al acabársele el bombeo de la Concesión de Mares por el oleoducto a Cartagena. Con tan mala suerte que, mientras tuvo que importar, los precios de los hidrocarburos se multiplicaron por 15. Y se repite la historia de los precios. Entonces, como ahora, se había advertido con mucha antelación que Colombia perdería la autosuficiencia.

Contra reloj

Desde hace por lo menos nueve años se veía venir esta situación. La pérdida de autosuficiencia no es algo que ocurra en una fecha específica. De hecho, el país empezó a perder autosuficiencia a mediados de la década de los 90, cuando comenzó a producir más petróleo del que descubría, lo cual se tradujo en menores reservas. Se gastaba más de lo que se recibía. Esta situación ha pasado casi inadvertida en los últimos años, debido a la lotería de los altos precios internacionales, que le ha permitido a la Nación unos ingresos mayores a los esperados y le ha evitado males mayores.

El asunto es que el país se acostumbró a pensar que cada 10 años llegaba la lotería geológica mediante un descubrimiento de talla mundial, como Caño Limón, a comienzos de los 80, y Cusiana-Cupiagua en los 90. Ese pensamiento, y el miedo de que los socios privados se aprovecharan de los recursos naturales, hizo que se endurecieran los términos para la inversión privada en el sector. Se cerraron puertas al capital de riesgo, en el momento preciso en que se abrían en el resto del mundo. Durante la década de los 90 se perforaron en Colombia un promedio de 12 pozos por año, algo insignificante versus los 73 pozos exploratorios de 1988. Y como el que no busca no encuentra, el desenlace era previsible.

Colombia trató de corregir el camino ya entrado este siglo, pero era demasiado tarde. Las administraciones de Andrés Pastrana y Uribe crearon un nuevo escenario para atraer la inversión extranjera, con el cambio de las regalías, la escisión de Ecopetrol y la Creación de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y un contrato más seductor para los inversionistas. Todo eso se vio reflejado en una inversión extranjera en el sector de hidrocarburos de 1.500 millones de dólares el año pasado, en la firma de 58 contratos -el más alto en varias décadas-, en la exploración de 6.000 kilómetros de sísmica y en un aumento del total de pozos perforados anuales de 13 a 35.

Todo este esfuerzo es enorme y suena muy bien. Casi como un mundo color rosa, soñado por John Lennon en Imagine. Pero, de vuelta a la realidad, las cifras, lejos de ostentar un aumento en las reservas, ponen de presente una dramática caída: en los últimos cinco años la producción del país ha caído en casi 300.000 barriles diarios, al pasar de 817.000 barriles diarios en 1999 a 520.000 en promedio para 2005. Tan grave es la situación, que de nada sirve que se estén perforando 35 pozos por año. Según la Asociación Colombiana de Petróleos (ACP), se necesita explorar por lo menos 66 pozos anuales para reemplazar las reservas que se van agotando. La razón es sencilla: uno de cada siete pozos tiene petróleo.

Aun si a Colombia se le apareciera la Virgen en este momento y descubriera un gran yacimiento petrolero al mejor estilo Caño Limón o Cusiana, lo más probable es que tarde por lo menos de cinco a seis años en desarrollarlo. Y es que sacar petróleo no es como abrir la llave del agua de la casa y ¡zaz! comienza a fluir. Pasan años entre buscar, encontrar, desarrollar y sacar petróleo.

A cruzar los dedos

Dentro de todas las preocupaciones nacionales de tener que importar crudo hay una que trasnocha a medio mundo: las profundas implicaciones macroeconómicas.

Colombia se acostumbró a vivir de minibonanza en minibonanza y, a lo largo de la historia, muchos se comieron el cuento de que era un país petrolero y no un país con petróleo. Craso error. Colombia se habituó a que el petróleo era el primer renglón de exportaciones, equivalente al 28 por ciento del total de las ventas externas del país. Con esa platica se construyó buena parte de las reservas internacionales que hoy tiene Colombia. La actividad comercial del sector petrolero ha aportado 3.362 millones de dólares en los últimos años a la consolidación de las reservas internacionales. Esto es más de una tercera parte.

La Nación también se acostumbró a que Ecopetrol le transfiriera todos los años el 70 por ciento de sus utilidades. Esos dividendos, junto con los impuestos de renta por el petróleo, le dejan a la Nación un promedio anual de 1,6 billones de pesos, que equivale al 22 por ciento del total de los ingresos del gobierno nacional central. Esto significa que uno de cada cuatro pesos del gobierno proviene del petróleo.

Como el país se comió el cuento de que Colombia era una Nación petrolera, los constituyentes de 1991 expidieron una Carta que distribuye transferencias a manos llenas. Y ni hablar de las regalías. Las regiones reciben un promedio anual de dos billones de pesos por este concepto. Los beneficiarios son 18 departamentos, 67 municipios productores y siete municipios portuarios, que también se acostumbraron a vivir de las mieles de los réditos de la producción de crudo.

El asunto es grave. Si se acaba el petróleo, ¿de dónde saldrá la plata para el funcionamiento del Estado? ¿Qué pasará con la inversión social regional? ¿Qué ocurrirá con la balanza de pagos del país?

Las proyecciones de la Contraloría General son bastante apocalípticas. De un promedio anual de aportes de Ecopetrol a la Nación de 0,9 por ciento del PIB en los últimos años, pasaría a 0,6 por ciento del PIB entre 2005 y 2010 y a 0,4 por ciento del PIB entre 2011 y 2015. Lo mismo sucede con las regalías.Estas pasarían de 1 por ciento del PIB actual a 0,3 por ciento hacia el año 2015. En conjunto, los aportes de la Nación se estarían reduciendo de 1,9 por ciento del PIB a 0,7 del PIB hacia 2015.

En castellano eso significa una pérdida de tres billones de pesos. Sin esa platica, el manejo de la política macroeconómica se vuelve bastante complicado. No sólo por lo que el petróleo representa actualmente para la balanza de pagos, sino porque los recursos que de allí provienen financian una cuarta parte de los gastos del gobierno nacional central y casi todos los de las entidades territoriales. Como quien dice, la viabilidad financiera del país está comprometida.

El panorama hacia adelante luce tan negro como el petróleo. La caída en la producción de crudo -y los menores ingresos para Ecopetrol- va a acarrear un mayor déficit público y externo. Tapar ese hueco puede implicar un recorte en la inversión y un menor consumo privado, lo que echaría al traste la reactivación económica.

Durante varios años se luchó para que Colombia atrayera una mayor inversión extranjera en petróleo y se reactivara la exploración. Eso ya se logró, gracias a la gestión del Ministerio de Minas, Ecopetrol y la ANH. Pero ese esfuerzo sólo tiene réditos en el largo plazo, una realidad que los responsables de la política fiscal pasaron por alto. Increíblemente, Colombia no parece tener un plan B para reemplazar esas divisas. La responsabilidad de esta crisis es de todos los gobiernos que se durmieron en los laureles y del Congreso que aprobó presupuestos no financiables a largo plazo. La pelota está en la cancha del Ministro de Hacienda, sea quien sea.

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