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| 4/27/1992 12:00:00 AM

LAS CUENTAS CLARAS

EL GOBIERNO ASEGURA QUE LA REFORMA TRIBUTARIA NADA TIENE QUE VER CON UN "MALO DE PELICULA" LLAMADO CUENTA ESPECIAL DE CAMBIOS.

LAS CUENTAS CLARAS, Sección Economía, edición 517, Apr 27 1992 LAS CUENTAS CLARAS
EN LOS ULTIMOS DIAS SURgió un nuevo "malo de la película" dentro de la controversia suscitada en torno a la Reforma Tributaria. Hay quienes sostienen que la propuesta fiscal gubernamental busca recursos para tapar el roto dejado por el excesivo costo de las llamadas Operaciones de Mercado Abierto, Omas, mediante las cuales las autoridades buscan controlar la expansión de circulante en manos de los consumhores. Esas operaciones superaron en 1991 los 260 mil millones de pesos y su monto podría ser mayor en 1992. Algunos críticos, encabezados por el senador alvarista Rodrigo Marín Bernal, se montaron en ese caballito de batalla para debatir el proyecto, pero el equipo económico del Gobierno desmiente tajantemente esas afirmaciones.
La defensa de la administración advierte que los intereses de las Omas se pagan con los ingresos generados por la Cuenta Especial de Cambios -CEC-. En esencia esa cuenta es un mecanismo de regulación cambiaria y monetaria. Allí el Banco de la República registra los movimientos de ingresos y egresos de las reservas internacionales, o sea de los dólares que tiene bajo su custodia. Según los asesores del Ministerio de Hacienda en el Banco de la República, dichos ingresos son suficientes para pagar los costos de las debatidas Omas.
¿Pero qué tiene que ver la Cuenta Especial de Cambios con el proyecto de Reforma Tributaria? Para los detractores mucho, y para el Gobierno nada. Lo cierto es que esa cuenta ha sido históricamente controvertida y la Contraloría advierte que CEC no quiere decir Cuenta Especial de Cambios, sino Cuenta Especialmente Confusa. Su manejo y sus utilidades han dado de que hablar. Antes de 1983, la ley permitia que el superávit de la CEC fuera un recurso ordinario del Presupuesto Nacional. Incluso, en periodos de baja de reservas internacionales como 1981 y 1982, se encontró que esas utilidades iban a financiar el Presupuesto (llegó a aportar casi la tercera parte de los ingresos corrientes del Gobierno) en cuantias muy superiores a aquellas que generaban sus ingresos, especialmente las rentas de impuestos que manejaba.
A finales de 1983 se introdujeron dos cambios sustanciales a la CEC, orientados a evitar a que sirviera como recurso fiscal ordinario. El primero fue que los impuestos ad valorem al café y complementario de remesas dejaron de ser ingresos de la CEC y el segundo consistió en prohibir la financiación fiscal con recursos inciertos de origen monetario. En reemplazo, en enero de 1983 se creó la distribución de utilidades de la cuenta en favor de los Fondos de Estabilización Cambiaria (FEC) y de Inversiones Públicas (FIP). En desarrollo de esta política, el FEC logró acumular recursos por 240 mil millones de pesos y el FIP por 20 mil millones de pesos.
Desde 1989 se modificó la política vigente y se permitió que parte de las utilidades de la CEC, en un monto anual fijado por la Junta Monetaria, pudieran constituir recursos de capital para el Gobierno. Asi se trasladaron a la Tesorería 87 mil millones de pesos en 1989 y 110 mil en 1990, sumas que el Gobierno destinó a cancelar la utilización de créditos de Tesorería con el Banco de la República. En 1991, sin embargo, el Gobierno no solicitó traslados de recursos por utilidades de la CEC, con lo cual buscaba un manejo fiscal más conservador. Según un alto funcionario del Ministerio de Hacienda, "se puede ver claramente quela CEC no ha sido fuente de recursos presupuestales desde 1983, con la excepción de las partidas referidas en 1989 y 1990 y, por lo tanto, la necesidad de nuevos recursos tributarios no puede imputarse a que las utilidades de la CEC hayan sido bajas en 1991 y en lo que va de este año ".
El costo de la política monetaria en el país y en particular el de las Operaciones de Mercado Abierto siempre se cubrió con recursos de la CEC. Este fenómeno que ha sido un hecho en el pasado, es más válido en la actualidad, debido a que las Omas se llevan a cabo para esterilizar el efecto monetario derivado del incremento de las reservas internacionales. Según el Gobierno, resulta claro entonces, que si las reservas producen emisión, el costo de la congelación de los pesos que se realiza para evitar el desbordamiento monetario se deba atender, en primera instancia, con los intereses que estas producen y con los demás ingresos de la CEC antes de acudir a los recursos del Presupuesto Nacional. La Contraloria incluso ha censurado esta actitud económica, pues en últimas el Gobierno subsidia así a los rentistas que compran los papeles usados por el Gobierno para recoger dinero circulante.
En el cuadro adjunto se puede observar que hasta ahora el costo financiero de las Omas siempre ha sido inferior a los ingresos de la inversión de las reservas internacionales. Por lo tanto, en este período, las Omas no han demandado financiación a través de emisión o de recursos del Presupuesto Nacional. Esto ha permitido que el Fondo de Estabilización Cambiaria posea recursos por cerca de 240 mil millones de pesos, saldo para atender futuras pérdidas de la Cuenta, aunque aquí las autoridades reconocen que su utilización eventual obviamente tendría efectos monetarios.
En resumen, según el Gobierno se podría afirmar que las Omas no tendrán un efecto presupuestal. Las utilidades de la CEC no constituyen desde 1983 un ingreso ordinario del Presupuesto, pues si así fuera, equivaldría a permitir la financiación monetaria del gasto público, lo que tendría serias implicaciones inflacionarias. Lo deseable consiste en que la financiación del Gobierno provenga de recursos ordinarios ciertos, como ocurre últimamente.
Para los asesores del ministro de Hacienda las Omas no hán mermado el Presupuesto Nacional y por lo tanto esa no es la causa para aumentar los ingresos públicos, y los recursos tributarios adicionales que busca el Gobierno nada tienen que ver con la a veces tristemente célebre CEC. Porque esta cuenta y su uso han sido señalados como imprudentes en muchas ocasiones. Como quien dice, "son mejores las cuentas claras y el chocolate espeso."

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