Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1984/12/24 00:00

LES PUSIERON EL GUANTE

Durante operativo policial caen en España Jorge Ochoa Gilberto Rodríguez, acusados de poseer armas. Los E.E. U.U. los reclaman por narcotráfico

LES PUSIERON EL GUANTE

A las once y media de la noche del viernes 16 de noviembre, tras un programa-concurso y una serie norteamericana, la televisión estaba a punto de enviar a los madrileños a dormir con la sintonía del último telediario. A pesar del frío, algunos trasnochadores se dirigían por el elegante barrio de Salamanca hacia los bares y discotecas de la zona. No lejos de la embajada norteamericana, un grupo de periodistas que desde hacía varias jornadas montaba guardia frente a la casa de una nieta de Franco, tratando de obtener la foto de su nuevo rostro de nariz recién operada, aguantaba estoico el frío viento que bajaba de la sierra. A escasas cuadras, en la calle General Oraa, había también quien aguardaba frente a un portal por razones bien diversas. Apostados en varios coches que discretamente habían ido llegando a los alrededores, aquellos hombres podían haber pasado por empleados de banco dispuestos a aventurarse en la larga noche del fin de semana. Pero cuando la calle se llenó de repente de ulular de sirenas y resplandores azules de señales luminosas, los desprevenidos transeúntes comprendieron que se encontraban ante un operativo policial de gran envergadura: conducidos por miembros de la Brigada Regional de Policía Judicial, descendían de un apartamento con destino a la comisaría más próxima, Jorge Ochoa, Gilberto Rodríguez, Ulises Betancur y las esposas de los dos primeros María Lía Posada y Miriam de Rodríguez.
Era el final de una operación que había comenzado por vigilar estrechamente los continuos encuentros de los tres hombres en el apartamento de Rodríguez y que pondría aquella noche ante un adormilado comisario de distrito a un grupo de colombianos del que además formaban parte Santiago Irazabal, Margarita Vargas de Ochoa, Pilar Rodríguez y Martha y Angela Ochoa.
Estos últimos, sin embargo, serían puestos en libertad más adelante sin cargo alguno. Las mujeres se encaminaron hacia las afueras de Madrid y más concretamente hacia un complejo residencial de nombre bastante irónico dadas las circunstancias: Urbanización Bonanza. Allí se encuentra la casa de los Ochoa, una mansión de 10.000 metros cuadrados, con amplio jardín, piscina y club hípico cercano.
El fin de semana había sembrado el desconcierto en el clan, algo que seguramente estaba en los planes de los investigadores al elegir el día y la hora de la operación y, mientras en Colombia el abogado Bernardo González Gómez emprendía viaje hacia Madrid para asesorar jurídicamente a los detenidos, en la capital española el asunto pasaba a manos de uno de los juristas más prestigiosos del país, Joaquín RuizGiménez Aguilar, hijo del conocido político del misno nombre, bajo cuya dirección se encuentra una de las instituciones más respetables del entramado estatal español y que aquí se conoce como el "Defensor del Pueblo"
Transcurre el tiempo y los cinco detenidos cumplen las 72 horas de límite reglamentario en manos de la policía antes de pasar a disposición judicial, como es preceptivo en España. La Policía ha encontrado, un argumento para continuar su incomunicación: el informe de la Interpol y de la DEA que puso en marcha la operación tres meses antes, los da como poseedores de un verdadero arsenal de armas de guerra, aviones, yates, amen de una flota de coches Mercedes requisados en España. No se trata de unos detenidos normales y corrientes: se les aplica la ley antiterrorista, motivo por el cual los abogados defensores presentan recurso de habeas corpus, que es atendido más tarde por el juez.
La justicia norteamericana, por su parte, los reclama de inmediato por "tráfico de estupefac¿entes" mientras que España los acusa de "tráfico de drogas y conexión con bandas armadas". Ochoa se hacía pasar por Moisés Moreno Miranda y Gilberto Rodríguez se hacía pasar por Gilberto González Linares, de nacionalidad venezolana.
El 20 por la mañana, tras las indagaciones policiales, los cinco detenidos pasan a disposición del juez de instrucción N°1 Ismael Moreno Chamorro, quien inicia la etapa sumarial con unos datos poco corrientes en caso de detención de extranjeros en España. Además de las peticiones de extradición de la justicia norteamericana, a nombre de las esposas de Ochoa y Rodríguez, que son acusadas de complicidad, hay millonarios depósitos bancarios, coches de lujo, apartamentos, un chalet y una finca de 4.000 hectáreas en Andalucía en donde, según la Policía, Jorge Ochoa y Gilberto Rodríguez estarían dispuestos a montar la infraestructura necesaria para la distribución en Europa de estupefacientes.
Entre los documentos encontrados en el apartamento de Gilberto Rodríguez, la Policía halla un libro de contabilidad en el que se registra una venta de 4.073 kilos de cocaína en 1973 y entre cuentas bancarias y dinero efectivo, más de dos millones y medio de dólares.
Terminada la etapa sumarial, el juez Moreno Chamorro dicta auto de procesamiento contra Ochoa y Rodríguez, quienes pasan a la cárcel de Carabanchel al tiempo que sus esposas, acusadas de encubrimiento ingresan en la prisión de mujeres de Yeserías. Ulises Betancur, en cambio, sale en libertad provisional bajo el pago de una fianza de medio millón de pesetas a medianoche del miércoles veintiuno.
Ismael Moreno Chamorro, un juez que apenas sobrepasa la cuarentena, y el 1.65 de estatura, frágil de aspecto y serio hasta decir basta, debérá ahora tomar la determinación que decida esta encarnizada batalla jurídica: inhibirse ante la petición de extradición presentada por la justicia norteamericana, o admitir tal peticion en cuyo caso pasaría al juzgado número 2 de Madrid, único competente para estos casos. Eso entonces significaría un período de 2 o 3 meses para decidir si se hace efectiva la extradición de Ochoa y Rodríguez. -

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