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| 11/12/2001 12:00:00 AM

Línea caliente

Comienza la pelea por la licencia de los teléfonos móviles PCS. Lo que está en juego es uno de los negocios más grandes de los últimos años en Colombia.

Despues de tres aÑos de discusiones el gobierno inició la semana pasada el proceso de adjudicación de los Servicios de Comunicación Personal —PCS—, que ha generado una gran expectativa y controversia entre las empresas del sector y los grandes grupos económicos. Se trata de una licitación para elegir a los operado-

res de los inalámbricos que competirán directamente con las empresas de telefonía celular.

Los PCS son una versión más avanzada de los celulares. Se diferencian por contar con un ancho de banda más amplio, lo que les permite una mejor capacidad en la transmisión de datos. Al igual que los celulares, brindan servicios de transmisión de voz, imágenes e información.

La idea del gobierno con estas licencias es expandir y consolidar la competencia en la telefonía móvil inalámbrica, y así lograr una reducción en las tarifas que pagan los consumidores y un aumento en la cobertura de los servicios.

Mientras que en países como México o Paraguay el número de teléfonos móviles por cada 100 habitantes ya superó al de la telefonía fija, en Colombia, sin embargo, esta revolución no se ha producido. La tasa de penetración de los aparatos móviles es de apenas el 5,6 por ciento mientras que el promedio en Latinoamérica es de 9,5.

Con los PCS se espera que entren nuevos jugadores que inviertan en tecnología y servicio pero, sobre todo, que produzcan un cambio en los precios. El duopolio que se ha generado entre Celumóvil y Comcel ha creado un entorno poco competitivo en este aspecto, pues aunque las tarifas han bajado desde 1994 aún se mantienen altas frente al promedio internacional.

Los analistas pronostican que la competencia presionará una caída entre el 20 y el 30 por ciento en el costo de las llamadas y de los aparatos. En Chile, por ejemplo, donde se entregaron dos licencias de PCS en 1997, la penetración de la telefonía móvil aumentó de 2,9 por ciento en 1997 a 15,1 por ciento en 1999 debido a la guerra de precios por conseguir clientes.

El rezago

Varias razones explican el atraso de Colombia en materia de telefonía móvil. En primer lugar, que fue el último país en entrar a la era del celular, al lado de Haití, mientras que otras naciones empezaron a finales de los años 80.

El otro factor es que en la mayoría de los países de la región, exceptuando Uruguay, hay una densidad muy baja de telefonía fija, contrario a Colombia. En Paraguay o Venezuela muchos tienen que comprar un celular si quieren hablar por teléfono. Es su única opción. En Colombia, por el contrario, existen seis millones de líneas fijas y un poco más de dos millones de usuarios celulares.

Y hay un tercer elemento: el ingreso per cápita. La crisis económica regresó el salario de los colombianos a los niveles de 1996. Mucha gente canceló sus servicios y un gran número racionalizó su uso. Esto contribuyó a que la facturación por abonado pasara de 1.271 dólares en 1995 a 300 dólares en el año 2000. Atrás quedaron los años cuando los usuarios calmaron ‘goma’ pagando la nada despreciable suma de más de un millón de pesos por el celular y la línea.

De otro lado, las tarifas de la telefonía celular continúan siendo elevadas. Esto se debe en parte a los altos costos que tuvieron que pagar los operadores por adquirir las licencias de concesión —Celumóvil y Comcel pagaron en aquella época 330 millones de dólares cada uno—. También la cuantiosa deuda externa que contrajeron estas empresas, junto con los pagos por los derechos de utilización del espectro —que en 2000 ascendieron a 19,5 millones de dólares— explican las pérdidas acumuladas por 1.200 millones de dólares que han tenido estas compañías.

Por eso desde cuando el gobierno empezó a hablar de la apertura del sistema PCS hace tres años, las empresas celulares se han opuesto a su puesta en marcha. “Mientras más se demoren en llegar los PCS, más posibilidades tienen de seguir explotando un monopolio que por ley sólo se les amparó hasta 1999”, asegura un consultor. En efecto, el contrato de exclusividad que les otorgó el gobierno era sólo durante cinco años. El plazo iba hasta 1999 pero pasaron dos años más sin que el país disfrutara de la llegada de nuevos jugadores.

“Lo bueno de todo esto es que se trata de una competencia anunciada”, dice Larry Smith, presidente de BellSouth en Colombia. Por eso desde hace seis meses venimos trabajando en la ampliación de la red y el servicio así como mejorando la distribución y la gestión interna”, añade.

La puja

Uno de los temas más polémicos es el precio de entrada que deberán pagar quienes quieran una licencia PCS. Algunos dicen que el gobierno debe cobrar un peaje elevado para aliviar las finanzas públicas. Otros creen lo contrario.

Si bien las seis empresas de celulares pagaron en 1994 un total de 1.230 millones de dólares, sólo por las licencias, es claro que el momento y las condiciones del mercado eran muy diferentes a los actuales. Los operadores de PCS deberán enfrentarse a competidores establecidos en una economía a media marcha. Anteriormente el mercado era virgen y no existía ningún tipo de competencia. Por otra parte, la burbuja de las telecomunicaciones se ha desinflado en el mundo y las subastas que han ocurrido en otros países han mostrado que ya no se pagan las sumas de antes.

Lo cierto es que si lo que se busca con la introducción de los PCS es aumentar la cobertura, consolidar la competencia del mercado y fomentar la inversión en infraestructura y servicios móviles, la obtención de estos beneficios puede verse obstaculizada si el precio base resulta muy alto o si la puja se eleva a niveles extraordinarios. Así sucedió en México. La fuerte ‘pelea’ entre los empresarios, a la par que maximizó los ingresos de la nación, posteriormente se trasladó a los precios, encareciendo significativamente las tarifas.

Por eso varios de los interesados en participar en la subasta sugieren que el precio base sea divulgado antes de comenzar la ronda. Pero el Ministerio prefiere que esté en un sobre sellado y se dé a conocer al tiempo con las propuestas de los oferentes. Quienes ofrezcan por debajo del precio base (que sólo conocerá la banca de inversión Inverlink) quedarían automáticamente eliminados de las rondas futuras.

A partir de la primera semana de noviembre el gobierno recibirá las propuestas de las empresas o consorcios que quieran participar en la licitación de PCS. Se otorgarán tres licencias en áreas iguales a las que operan en la telefonía celular. Quienes clasifiquen pasarán al inicio de la ronda de subastas, que se llevará a cabo la última semana de enero de 2002. Un mismo comprador podrá ser el operador de las tres licencias.

Los jugadores

Entre las compañías que darían la pelea por la licencia de PCS figuran varias extranjeras y una local. Telefónica de España, Telecom Italia, Verizon, Ninex y Western Wireless, entre otros internacionales, participarían eventualmente en el proceso.

La más interesada sería Telefónica de España, una empresa líder en la provisión de servicios de telecomunicaciones en América Latina. Tiene más de 30 millones de clientes en la región (48 por ciento del total) y maneja una amplia gama de servicios. Opera en 17 países de América Latina y en los últimos años se ha dedicado a participar en licitaciones de PCS.

A nivel nacional la única empresa que ha manifestado abiertamente su disposición de participar en la puja es la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB). Esta última presentó un proyecto al Concejo de Bogotá que busca ampliar el cupo de endeudamiento en 500 millones de dólares para participar en la licitación de PCS.

Incluso su presidente, Paulo Orozco, contrató a la banca de inversión Santander Invesment para que realice la estructuración financiera y técnica del proyecto. Y es que, en opinión de Orozco, si la empresa no logra la licencia de este negocio en unos años dejará de ser viable en el sector de las telecomunicaciones. “Para que la ETB sea competitiva es necesario que amplíe su portafolio de negocios”, asegura.

EPM, por su parte, no parece estar muy interesada. La razón es que hay un nuevo invento en camino, que son las comunicaciones móviles de tercera generación, que ofrecen más posibilidades de transmisión de datos y servicios más novedosos. “Es mejor esperar de una vez la llegada de la tercera generación”, opina Iván Correa, presidente de Empresas Públicas de Medellín.

Por el momento la tecnología PCS le permitirá a Colombia avanzar en la modernización en las telecomunicaciones y acortar la brecha con el resto de países. “El proceso que iniciamos nos permite seguir fomentando el desarrollo tecnológico del país, a través de la participación de nuevos actores en las telecomunicaciones, a la vez que nos sirve de plataforma para estimular la atracción de nuevos inversionistas y generadores de empleo, tanto nacionales como extranjeros”, asegura la ministra de Comunicaciones, Angela Montoya. Así, pues, las cartas están echadas.
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