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| 9/15/1986 12:00:00 AM

LIO EN EL VECINDARIO

Devaluación en el Ecuador crea inquietudes sobre el aumento en el contrabando de productos hacia Colombia.

Vuelve y juega. Tres años después de que los problemas económicos de los países vecinos de Colombia pusieran en serios aprietos la estabilidad de las zonas fronterizas, la historia se está repitiendo. Tanto en Ecuador como en Venezuela, los respectivos gobiernos han tenido que adoptar una serie de medidas de austeridad como consecuencia del desplome de los precios internacionales del petróleo y, dentro de estas, se han presentado devaluaciones del sucre y del bolívar que han cambiado las condiciones económicas del comercio fronterizo. Debido a ello, los precios de los artículos de primera necesidad son actualmente más bajos en los países vecinos que en Colombia, hecho que ha ocasionado un flujo de contrabando millonario en el altiplano cundiboyacense, los santanderes y el sur del país.
Pero lo malo del cuento no termina ahí. Todo parece indicar que la peor parte está todavía por venir. Esa fue, por lo menos, la impresión que dejaron los hechos de la semana pasada, cuando el gobierno del presidente ecuatoriano, León Febres Cordero, liberó el mercado oficial de divisas para el comercio exterior, al tiempo que liberó las tasas de interés, como medidas para afrontar la caida de sus ingresos externos. Tal como se explicó ampliamente, todas las importaciones y exportaciones se negociaban a través del Banco Central, que cotizaba el dólar a un precio de 110 sucres. Al liberar el mercado, las transacciones externas quedaron sujetas a la tasa de cambio del mercado libre -70 sucres por dólar-, lo cual en la práctica equivale a una devaluación del 56%.
La justificación de las medidas fue dada por Febres Cordero en un discurso dirigido al Congreso de su país el pasado 10 de agosto. El crudo ecuatoriano, que se vendía a un precio promedio de 25.91 dólares en 1985, bajó a 13.80 dólares durante el primer semestre del año y en julio se vendió a 7 dólares, aunque subió a más de 11 en agosto. El gobierno trató de compensar el hecho exportando más pero de acuerdo con cifras del Ministerio de Energía y del Banco Central entre enero y junio de 1986 se vendieron 34.8 millones de barriles 27% más que en 1985, con un rendimiento de 529 millones de dólares, 37% menos que el año inmediatamente anterior. Ante esa circunstancia, se espera una reducción de unos 1.100 millones de dólares en los ingresos petroleros que constituyen cerca del 60% del total de exportaciones del Ecuador. Un informe del Consejo Nacional de Desarrollo, Conade, sostuvo que "el estímulo proveniente de las exportaciones y el crédito externo no compensarán la magnitud de los descensos de los ingresos por petróleo y por lo mismo la previsión actual de crecimiento del Producto Interno de 1.8%, es menor a la que se había estimado (2.5% al comenzar el año)".
Probablemente las penurias del Ecuador no tendrían tanta importancia en Colombia, si este no fuera vecino. Tal como ha sucedido en el caso de Venezuela, la entrada ilegal de productos por la frontera es cuantiosísima. Aunque las medidas de la semana pasada no van a influir inmediatamente en el flujo de contrabando ya que la tasa de cambio del sucre en el mercado libre -a la cual se transan los productos en la frontera- continúa constante, existen dudas sobre el futuro. Por una parte, el problema del contrabando ya existe, especialmente en el área de productos básicos y de electrodomésticos. El flujo de productos es constante y según Patricia del Hierro, de la seccional de Fenalco en Pasto, "el contrabando ya llega hasta el Valle del Cauca".
La gran duda radica, sin embargo, en una posible devaluación del sucre en el mercado libre. Aunque con la liberación cambiaria del lunes pasado los precios de los artículos importados subirán en el Ecuador y por lo tanto eso puede disminuir el contrabando hacia Colombia (especialmente de electrodomésticos), el resto de bienes seguirán vendiéndose con graves consecuencias sobre el comercio fronterizo. Según un comunicado de Fenalco, durante 1982 y 1983 cuando se presentó otra crisis cambiaria en el país vecino, "el comercio organizado se vio afectado duramente por esa situación, hasta el punto que en 1982 se clausuraron en Ipiales 120 establecimientos y en Pasto más de 150".
Peor aún, Patricia del Hierro insiste en que las consecuencias del contrabando pueden llegar más allá, debido a que la mayoria de los productos introducidos ilegalmente son los mismos que los campesinos nariñenses cultivan en sus parcelas. "Teniendo en cuenta la estructura minifundista de la propiedad agraria aquí, es claro que si los campesinos no pueden vender sus cosechas se va a crear un gran problema social", agregó.
El llamado de atención hecho ante la situación del Ecuador, vino a sumarse a las preocupaciones del sector privado nacional frente a lo que ocurre en Venezuela. Debido a las facilidades geográficas que existen en la frontera y al desarrollo relativo de la economía venezolana, los especialistas estiman que el comercio ilegal es mucho más grande y abarca más productos que en el caso del Ecuador. En las calles de Bogotá los vendedores ambulantes ofrecen dentífrico, jabones, productos para bebé y decenas de artículos con la marquilla "hecho en Venezuela", a un precio que en algunos casos es la mitad del cobrado por el mismo bien nacional.
El impacto del contrabando es tal, que los expertos sostienen que ha sida definitivo para que la tasa de inflación en Colombia sea una de las más bajas de los últimos 15 años. A pesar de ciertos tímidos esfuerzos para controlar el comercio ilegal, la semana pasada el director de Aduanas Rafael Poveda, se declaró prácticamente impedido para lograr algo concreto debido a la falta de recursos y a la magnitud del problema. Es por ese motivo que los conocedores del tema insisten en que la solución no tiene que ver con medidas policivas. Aunque quizás en el caso del Ecuador las condiciones geográficas de la frontera se prestan para controlar la entrada de productos, en el de Venezuela eso es imposible. Por lo tanto, se asegura que la única manera es la de lograr que los artículos producidos en Colombia se vendan a precios similares a los de contrabando. Para ello, se reclaman tasas de interés subsidiadas a los agricultores y menores impuestos para los insumos agrícolas. No obstante, lo más probable es que la verdadera solución la dé el tiempo. Tal como ocurrió con la crisis pasada, la experiencia indica que poco a poco se van corrigiendo las diferencias cambiarias que genera el contrabando y éste empieza a disminuir. La gran duda en este caso tiene que ver con el tiempo que tome ese proceso. Si las crisis en Ecuador y Venezuela continúan, existe el temor de que, para cuando todo se equilibre de nuevo, buena parte de la agricultura y la industria colombianas estén quebradas.



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