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| 6/26/2000 12:00:00 AM

‘‘Lo más dañino es la apatía’’

SEMANA habló con el padre Gonzalo Gallo sobre los problemas del Valle del Cauca y las posibles salidas para el departamento.

El padre Gonzalo Gallo, con 20 años de vida sacerdotal en la orden de los carmelitas descalzos, se ha dedicado a Cali y al Valle del Cauca con pasión. Por eso no le tiembla la voz para decir, con el tono polémico que lo ha caracterizado siempre, que cree que “la salida a los problemas del departamento están más en la gente de base que en la dirigencia”. El padre habló con SEMANA sobre algunos de los problemas por los que atraviesa esta región del país.

SEMANA: ¿Cuáles son los principales problemas del Valle del Cauca?

Gonzalo Gallo: El gran problema es la falta de liderazgo en todos los órdenes. Luego tenemos un problema social, que se ha agudizado con el tiempo, porque el Valle es un departamento que atrae mucho inmigrante de la Costa Pacífica y de otros departamentos y esto ha hecho que Cali haya crecido con base en invasiones y fallas de planeación. El narcotráfico hizo más daño aquí que en otros lugares del país porque se introdujo como agua subterránea en todas partes. Todo esto ha generado un problema mayor: una actitud de desesperanza, de incredulidad en el futuro. Hay una actitud de apatía, de pesimismo, que es más dañina porque cuando se pierde la esperanza se pierde todo.

SEMANA: ¿Cómo evalúa el efecto del narcotráfico en la vida de Cali?

G.G.: El peor daño fue que los carteles se presentaron en esta región como los carteles buenos y distintos, y por eso mucha gente terminó aceptándolos. El mayor daño no se hizo en la parte económica sino en la inversión de los valores, donde sólo cuenta la plata. Yo recuerdo que en las zonas deprimidas de la ciudad los ídolos eran ‘don Chepe’, ‘don Pacho’, ‘don Miguel’ y, cuando el ídolo de un niño es un narco por que tiene plata y poder, entonces, ¿qué esperanzas hay?

SEMANA:¿Cuáles son los valores que se han perdido?

G.G.: Esto no es diferente de lo que ha sucedido en el resto del país, donde hay una crisis familiar. Tenemos en la Iglesia más bautizados que creyentes y la religión de mucha gente se quedó en ritos, en tradiciones y no en un compromiso de vida. En la parte moral tenemos un eclipse ético porque es más el resultado de normas que de valores interiorizados. Además, aquí pocas familias —como la Carvajal—, han asumido un verdadero compromiso social.

SEMANA:¿Cuáles son las principales virtudes y defectos de la gente de esta región?

G.G.: La gente del Valle es abierta, es universal. El vallecaucano es festivo, alegre. Es un punto intermedio entre las cosas buenas que tiene la gente del interior y de la Costa. Tiene un espíritu tolerante y descomplicado, por lo que también puede llegar a ser superficial y ligero en la manera de tomar la vida. Puede estar abierto a un gran sincretismo. Es un departamento emprendedor, pero quizás al haber sido privilegiado por la naturaleza con recursos y un paisaje sin montañas ni terrenos escarpados hizo la vida más fácil, y cuando las cosas son más fáciles se cae en una actitud en la que no se lucha tanto.

SEMANA: ¿Usted ve en la clase política del Valle el liderazgo y el interés para sacar adelante al departamento?

G.G.: Para mí la clase política no existe ni en el Valle ni en Colombia. Aquí conocemos la politiquería, el clientelismo, la corrupción. Gran parte de los dirigentes políticos del Valle han estado en la cárcel o lo están todavía. Lo mismo que sucedió con los líderes económicos, que no educaron una generación de recambio, no vemos dónde están los nuevos líderes que puedan sacar al Valle del laberinto en el que está.

SEMANA: ¿Cómo construir una nueva clase política o hacer que sectores diferentes a los tradicionales participen en la vida pública?

G.G.: Aquí está la palabra que menos se practica en Colombia: participación. Las herramientas, como las leyes, ya están pero no se cumplen. Se necesitan soluciones de tipo económico y social, pero se requiere alguien que convoque a las personas y las comprometa en un liderazgo colectivo porque las soluciones ya no están en manos de caudillos ni de líderes mesiánicos.

SEMANA: ¿Estaría usted dispuesto a lanzarse a la arena política para llenar este vacío?

G.G.: En un tiempo no me interesaba la política porque, como todos los colombianos, sólo conocía una deformación de ella. De unos años para acá soy consciente de que no interesarse por la política es dejar de comprometerse con lo más importante de ella: salud, justicia, educación, tema social. Ahora siento que sí me interesa la política, hago política, pero no veo claro que deba cumplirla desde un cargo público.

SEMANA: ¿Cuál ha sido su principal aporte en Cali?

G.G.: Yo pienso que es un aporte de orden espiritual, cívico, social y ético. Es airear la fe, sembrar la esperanza y haber asumido compromisos con algunas obras sociales con niños limitados, ciegos, sordos y con adolescentes en alto riesgo, porque creo en lo que decía la madre Teresa de Calcuta: “Una sociedad que no privilegia a los más débiles está condenada al caos”.
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