Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/12/23 00:00

LO QUE EL VOLCAN SE LLEVO

Aparte del drama humano, la tragedia de Tolima y Caldas plantea numerosos dramas económicos.

LO QUE EL VOLCAN SE LLEVO

Dos semanas después de haberse producido la erupción en el nevado del Ruiz, que ocasionó los destrozos conocidos en los departamentos de Tolima y Caldas, el gobierno colombiano se enfrenta al problema más agudo de todas las tragedias: ¿qué hacer con los sobrevivientes?
Y es que aparte de más de 20 mil muertos o desaparecidos, el lodazal sepultó miles de viviendas, cultivos semovientes, y afectó una zona de 11 mil hectáreas, según cálculos del Himat. Los estimativos de pérdidas materiales superan con facilidad los 50 mil millones de pesos y existe temor sobre el futuro de la región, cuya área de influencia cubre buena parte de los departamentos de Caldas, Tolima y Cundinamarca, e influye directamente sobre el estilo de vida de más de 200 mil personas.
La magnitud del problema es tal, que los especialistas han reconocido que, pese a la solidaridad internacional, el Estado colombiano va a tener que poner la inmensa mayoría del dinero que se necesita para que, en un futuro, regrese la normalidad. Las experiencias dejadas por la reconstrucción de Popayán indican que el proceso va a ser largo, costoso y que sólo al cabo de muchos años se podrán sanar las cicatrices dejadas por la avalancha del 13 de noviembre.
Una vez absorbido el shock de la tragedia, los conocedores del tema han señalado que ahora sí empieza el verdadero trabajo. El tratamiento que se le debe dar a los refugiados y las consideraciones de corto plazo en los temas de vivienda, empleo y alimentación, son definitivos para lograr que el país pueda salir de la tragedia con la frente en alto. Aparte de social y político, tanto el gobierno como sus colaboradores han reconocido que el reto es eminentemente económico.

LOS MILLONES PERDIDOS
Antes del desastre, la zona de Armero era, sin lugar a dudas, una de las despensas del interior del país. La existencia de los canales de riego que conformaban el distrito del río Lagunilla, había permitido explotaciones agrícolas y ganaderas altamente tecnificadas. La concentración de maquinaria y equipo era una de las más altas del país y permitía conseguir rendimientos similares a los obtenidos en otras regiones del mundo que poseen explotaciones intensivas.
En lo que hace a productos agrícolas, el golpe más duro lo sintió el mercado del sorgo. Este cultivo, que tradicionalmente se rota con el de algodón, fue el más afectado de todos. Las estimaciones preliminares de Fenalce indican que unas 5 mil hectáreas sembradas en sorgo podrían resultar total o parcialmente destruidas. Si bien a finales de la semana pasada el Ministerio de Agricultura no había terminado una evaluación completa de la situación, Fenalce calculaba que las pérdidas de la cosecha de este año superan fácilmente los 600 millones de pesos. La cifra anterior no incluye el lucro cesante de unas tierras cuya producción se puede ver detenida durante más de cinco años (ver recuadro) y la reposición de equipos agrícolas avaluados en más de 300 millones de pesos.
Pese a semejante cuantía, las pérdidas en sorgo no deben crear problemas de abastecimiento a nivel nacional. La cosecha en el área del Tolima equivalía a un 5.5% de la producción del país y las proyecciones de demanda del producto indican que, pese al faltante, no habrá escasez.
Un caso similar es el del arroz. Se calcula que el área afectada es de unas 2.500 hectáreas con una producción de cerca de 13 mil toneladas, suma que, considerando los excedentes en el mercado, tampoco debe originar dificultades de abastecimiento. Una vez más, las pérdidas mayores se concentran en la maquinaria existente y las obras de infraestructura que permitían una tecnificación notable. Cálculos conservadores indican que debido al lucro cesante de las tierras, las pérdidas podrían superar fácilmente los 10 mil millones de pesos en el lapso de cinco años.
Para el café, el trago amargo resultó menor que lo esperado. Pese a que se alcanzó a presentar pánico en el mercado internacional, los daños en la zona cafetera fueron relativamente menores. Con excepción de unos 35 mil sacos que estaban almacenados en bodegas de Chinchiná y Armero, las pérdidas del grano no afectan la cosecha de este año y mucho menos el abastecimiento adecuado en el mercado de exportación. Con todo, los destrozos en infraestructura e instalaciones de la Federación Nacional de Cafeteros son cuantiosos y podrían alcanzar los 2 mil millones de pesos.
Quizás donde más se siente la pérdida, es en el área de producción de maní. Pese a que el consumo interno de éste no es muy alto, se había logrado paulatinamente sustituir las importaciones del bien y se cree que casi una cuarta parte de la producción nacional quedó destruida.
En el campo ganadero la avalancha del Lagunilla acabó parcialmente con unas 12 mil reses y, entre ellas, algunos de los mejores hatos de raza cebú del país. Adicionalmente, existe el problema de los pastos contaminados con ceniza proveniente dé las furmarolas del volcán, pero se cree que las lluvias de los últimos días han "lavado" las tierras dándole una solución a la emergencia.
Actualmente, la gran incógnita tiene que ver con el área que se salvó y la que se puede recuperar. El alto contenido de potasio del barro volcánico, aparentemente asegura renovación de los terrenos. Sin embargo, ese proceso es demorado y mientras tanto serán necesarias medidas especiales para corregir las emergencias en lo que hace a pago de créditos por parte de los agricultores y creación de nuevos puestos de trabajo.
Un problema adicional que han señalado varios expertos en tragedias, es que hechos como el de hace dos semanas crean tensiones sociales y movimientos migratorios considerables. Por el lado de distribución del ingreso es innegable que la gente de menores recursos tiene que volver a empezar prácticamente de cero, después de haber perdido en un momento lo acumulado a lo largo de toda una vida. Lo ocurrido en otros países indica que aunque las clases más pudientes también resultan damnificadas, cuentan con mejores elementos para protegerse (ahorros, seguros, etc.). Semejantes factores pueden influir para que se originen grandes migraciones hacia los centros urbanos. Lo sucedido en Popayán, a donde llegó un gran número de damnificados del resto del Cauca, es un claro ejemplo de esa afirmación.

NUEVA OPORTUNIDAD
Así mismo, se ha anotado que la recuperación de una zona de tragedia es, pese a lo difícil, una oportunidad para "replantear" la administración de un área geográfica.
En el caso de Armero, se cree que están dadas las condiciones para que se convierta, al cabo de unos años, en una de las regiones más importantes en el interior del país. Existe la oportunidad de construir una nueva ciudad, sin los errores e imprevisiones del pasado y aprovechar importantes recursos que, lamentablemente, no habrían sido inyectados si no se hubiera presentado la tragedia.
En Popayán, se cree que la ciudad ha recibido unos 20 mil millones, cantidad que equivale a unas diez veces la inversión anual promedio, antes del terremoto.
Esas impresiones sostenidas por expertos extranjeros y colombianos han contribuido a darle una luz de esperanza al país, en el sentido de que en un futuro no muy lejano San Lorenzo de Armero renazca del lodo. Hasta ahora, el manejo de la crisis por parte del gobierno ha sido caótico, pero varios observadores han señalado que si se logran coordinar esfuerzos y prioridades, el país se enfrenta ante una oportunidad inmejorable para crear un polo de desarrollo económico regional. Así como anotara Alfredo Solarte Lindo, ex alcalde de Popayán, "el mayor problema en Colombia no lo constituyen los recursos, sino su utilización adecuada y eficiente".
EN 1845 LA ERUPCION ARRASO Y FERTILIZO
Las incontables pérdidas, no sólo humanas sino económicas, que originó el aluvión del río Lagunilla, no son nuevas en la zona de Armero. Tal como cita John Parker Harrison, un historiador norteamericano, en un libro sobre la bonanza tabacalera del siglo pasado, "se refiere que el 19 de febrero de 1845, apenas entrada la mañana, se oyeron ruidos subterráneos hacia la parte alta de la cuenca del Lagunilla, acompañados de temblores de tierra. De pronto, por el propio cañón de la fuente se desbordó a gran velocidad un enorme y extraño torrente de espeso lodo, que arrastraba grandes bloques de nieve, cascajo, arena, palizadas, que al salir de la cordillera se desplegó en varias corrientes sobre la llanura haciendo un verdadero barrejobo, esto es, arrasando todo cuanto encontraba a su paso: gentes, animales, árboles, casas. Como por un milagro algunas personas lograron salvarse, refugiándose en elevados montículos, en donde sufrieron el azote del hambre y la sed; otras, imitando con innegable oportunidad y urgencia los simios, hubieron de ejecutar arriesgadas acrobacias al utilizar, como providencias y mágicos senderos, ramas y troncos sobre los cuales pudieron huir".
El testimonio reproducido por Harrison bien podría haber sido utilizado para describir la avalancha que borró a Armero del mapa el pasado 13 de noviembre. Sin embargo, la experiencia del siglo pasado permite conocer un epílogo que actualmente está en discusión ¿qué va a pasar con las tierras cubiertas por el lodo?
Según lo sucedido después de 1845 los millones de metros cúbicos de lodo dejados por el Lagunilla convirtieron la región, al cabo de una década, en una de las más fértiles del país. Tal como cita Harrison refiriéndose al hecho, "desde entonces ha sido proverbial la fecundidad de lo que se llamó, con más cariño, las "vegas de Lagunilla". El hizo fértil la tierra que poco antes había convertido en erial, o más propiamente en campo de muerte y desolación, muy a su pesar, cuando la misma tierra pretendió interponerse en su camino... ". Lo ocurrido hace siglo y medio en el valle del Tolima, ha motivado a varios agrónomos a predecir que, pese a las incontables pérdidas ocasionadas por la erupción del Nevado del Ruíz la zona cubierta por el lodo volverá a ser más rica que antes. Estimativos preliminares ubican ese lapso en cinco años, después de los cuales se cree que se tendrá un terreno dotado de los nutrientes necesarios para reiniciar los cultivos y el pastoreo. Aunque esa perspectiva puede ser poca ante las cuantiosas pérdidas actuales, es al menos un alivio que, dentro del cúmulo de malas noticias, exista casi certeza de que dentro de un tiempo, el área afectada volverá a ser tan productiva como antes.
Pueda ser que en ese entonces las cicatrices actuales se hayan cerrado y vuelva a tener significado la cita de Harrison sobre el aluvión de 1845: "No es extraño, pues, que cuando el viajero transite por la región, oiga de pronto que alguna voz de cadenciosa entonación calentana le interrogue: ¿no sabe, pues, lo que hizo una vez el Lagunilla?".

LAS PERDIDAS EN NUMEROS*
Vidas: 21.000
Hectáreas afectadas: 11.000
Hectáreas invadidas por el lodo: 3.000
Casas destruidas: 6.000
(Incluye Chinchiná)
Vehículos destruidos: 1.000
Depositos de las sucursales bancarias que operaban en
Armero: 1.025 millones de pesos
Préstamos de las sucursales bancarias que operaban en
Armero: 921 millones de pesos
Vías afectadas: 200 kilómetros
Pistas de aterrizaje: 5

PERDIDAS AGROPECUARIAS
Sorgo: 20.000 toneladas
Café: 35.000 bultos
Arroz: 13.000 toneladas
Maní: 300 toneladas
Ganado: 12.000 cabezas

ADECUACION DE TIERRAS
Distrito de riego del río Lagunilla
Maquinaria y equipo agrícola
por cerca de 300 millones de pesos
*Cifras estimadas con base en reportes del Ministerio de Salud, Ministerio de Agricultura, DANE, Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Himat, Asobancaria, Fenalce, Fedearroz.

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