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| 12/26/2004 12:00:00 AM

Los dueños del juego

SEMANA le cuenta como los fondos de capital privado se han convertido en los jugadores más poderosos en el mundo de los negocios.

Gordon Gekko, el personaje interpretado por Michael Douglas en la película Wall Street, representó la cara despiadada del capitalismo en los años 80. La imagen del inversionista ambicioso que desde su oficina, en algún rascacielos de Manhattan, compraba y vendía empresas con el único objetivo de aumentar su fortuna, sin importarle que para hacerlo debiera despedir a cientos de trabajadores, se convirtió en el símbolo perverso de los fondos de capital privado.

Dos décadas después, estos fondos dejaron de ser los 'malos' de la película. Hoy son 'héroes' para muchas empresas, especialmente en Estados Unidos y Europa, que encontraron en ellos una fuente de recursos y un modelo de gestión capaces de convertirlas en negocios rentables. Ocupan un lugar central en la economía de estos países, al punto de ser catalogados como los "nuevos reyes del capitalismo", según un reciente informe de la revista inglesa The Economist.

En 2003 las compañías norteamericanas en las que tiene participación alguno de estos fondos emplearon a más de 10 millones de trabajadores, según la Asociación Nacional de Capital de Riesgo (Nvca, por sus siglas en inglés). JP Morgan, el más grande en Estados Unidos, maneja 6.500 millones de dólares. Esto es equivalente a la tercera parte del valor de todas las compañías colombianas que cotizan en bolsa. El segundo, Blackstone, tiene inversiones en negocios con ventas superiores a 50.000 millones de dólares anuales, casi el doble de lo que facturan las 100 empresas más grandes de Colombia.

Pero además de dinero, los fondos de capital privado han atraído a influyentes personajes del mundo de la política. Carlyle, una firma que maneja inversiones por casi 20.000 millones de dólares en 14 países, ha tenido en su nómina al ex presidente de Estados Unidos George Bush padre o al ex primer ministro británico John

Major. Blackstone contrató a quien hasta hace poco era el secretario del Tesoro estadounidense, Paul O'Neill. Y en América Latina, por ejemplo, el actual ministro de Economía del Perú, Pedro-Pablo Kuczynski, creó en 1994 The Latin America Enterprise, un fondo que tiene inversiones en empresas colombianas como la siderúrgica Diaco o Cine Colombia. (Ver recuadro).

Con estos directivos y estas cifras, el poder de los fondos privados es enorme. ¿A qué se dedican? ¿Cómo hicieron para dejar de ser los 'villanos' de otras épocas?

Con la plata del gringo

La operación de una firma de capital privado consiste en recoger dinero de fondos de pensiones, universidades y familias millonarias para comprar acciones en empresas nacientes o ya establecidas y venderlas varios años después dos o tres veces más caras.

Su objetivo, de un lado, es invertir en compañías jóvenes que operen en sectores de rápido crecimiento, como por ejemplo el desarrollo de software, biotecnología o servicios médicos, que por no tener nada que mostrar distinto a una idea innovadora, no pueden recurrir a fuentes tradicionales de financiación como los bancos o el mercado de capitales. Así, los fondos asumen grandes riesgos, pero también, si todo sale como estaba previsto, obtienen jugosas ganancias cuando varios años más tarde sacan las empresas a la bolsa de valores o las venden a otros inversionistas.

A finales de los años 90 este tipo de inversiones (que se conocen como capital de riesgo o, en inglés, venture capital) atravesaron una bonanza sin precedentes. El éxito de empresas como Intel, el mayor fabricante de chips para computadores en el mundo, o de Google, el famoso buscador de Internet, inspiró a muchos inversionistas. Montar un negocio en la red se convirtió en la fórmula mágica para hacer dinero, pero, pocos años después, tras la quiebra de miles de compañías 'punto com', demostró ser el camino más rápido para perderlo.

Los fondos de capital privado aprendieron esta lección. Mientras en 2000 destinaron más de 100.000 millones de dólares para proyectos de capital de riesgo en Estados Unidos, en 2003 la cifra no llegó a 20.000 millones. Hoy sólo la quinta parte de sus recursos van a parar a este tipo de aventuras empresariales, según el informe de The Economist.

El resto lo utilizan para invertir en negocios ya existentes. El truco, como siempre, es comprar barato, aumentar el valor de las empresas durante el tiempo en que las poseen y después salir de ellas. En los años 80 la estrategia preferida por los fondos era endeudarse hasta el tope -con lo que ellos ponían de su bolsillo menos dinero y por tanto podían obtener rentabilidades más altas- para adquirir compañías subvaloradas que luego vendían por pedazos, es decir, dividiéndolas en sus distintas líneas de negocio.

Hoy las cosas son a otro precio. Para poder valorizar las compañías en las que invierten, los fondos se involucran activamente en su administración, con una perspectiva de largo plazo e implementando prácticas de transparencia y protección para los accionistas. Ya no son los 'piratas' del pasado que espantaban a las empresas, sino una fuente de recursos frescos, sin la presión de tener que devolverlos en un plazo fijo y con intereses, como ocurre con la deuda de los bancos. Recientemente, compañías como Burger King, Polaroid y Universal Studios se han beneficiado con la inversión de fondos de capital privado.

Los retornos tampoco son los de antes. Mientras en la década de los 80 los fondos mostraban rentabilidades sobre su capital superiores a 30 por ciento anual, en los últimos años ha sido de entre 15 y 20 por ciento, según la revista londinense. Hay más competencia por quedarse con las mejores oportunidades de inversión, lo que hace que se paguen precios más altos al momento de comprar. Y a la hora de vender, los posibles interesados hoy son más cautelosos que en el pasado. Ya los inversionistas no corren a comprar acciones de compañías de tecnología, incubadas por los fondos privados, cuando estos comienzan a ofrecerlas en la bolsa de valores. Las grandes corporaciones, que en los 90 crecieron a punta de comprar o fusionar nuevas compañías, no siempre con buenos resultados, se cuidan de hacer adquisiciones riesgosas. Todo esto ha hecho más difícil la entrada y la salida de los fondos de capital privado de las compañías en las que invierten.

De otra parte, los escándalos por ocultar o maquillar la información sobre el desempeño de una compañía, al mejor estilo de Enron o Parmalat, han aumentado la presión sobre los fondos privados para que hagan públicos los resultados de cada una de las empresas en su portafolio. Algunos se oponen diciendo que exponerlas al escrutinio de los inversionistas -y sus frecuentes cambios de ánimo- destruiría la ventaja de financiarlas sin los sobresaltos de los mercados. Sin embargo, ante la influencia que ejercen los fondos de capital privado en el mundo de los negocios, parece haber llegado la hora de hacerlos más visibles. Al fin de cuentas, nunca antes los renovados 'Gordon

Gekko' de este siglo habían manejado tanto dinero.
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