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| 5/8/2000 12:00:00 AM

Los empresarios y la economía

La responsabilidad de los empresarios va mucho más allá del simple manejo gerencial de sus compañías.

En un país tan convulsionado como Colombia —y sobre todo en un momento tan crucial como el actual— la actividad gerencial supera con mucho el simple manejo de un conjunto de indicadores relacionados con el desempeño empresarial. Es fundamental, además, tener una clara comprensión del entorno macroeconómico, de la evolución del sistema productivo a nivel internacional y del entorno social. Y esas son la cuatro dimensiones que tendrán que manejar los empresarios este año.

En materia económica las expectativas son relativamente favorables. Para el gobierno la economía puede crecer un 3 por ciento, y para Fedesarrollo puede estar por encima del 2,1 por ciento. Tanto para el uno como para el otro existen razones para un moderado optimismo, debido a que muchas de las variables fundamentales de la economía podrían tener en 2000 un desempeño mejor de lo esperado. Entre las razones para este optimismo se cuentan las siguientes:

En primer lugar, las expectativas de devaluación dejarán de ser un problema en este año y por tanto no se presentará la salida de capitales que se vivió en 1999. De otro lado, los empresarios tendrán unas tasas de interés menos onerosas y más predecibles que en el año anterior. El capital extranjero llegará al país conforme se insinúe el crecimiento y la reactivación de la economía nacional. El spread de deuda externa será menos alto y leyes como la de intervención económica ofrecen alguna expectativa de ajuste empresarial (ver artículo de Carlos Fradique, pag. 118).

Persisten, sin embargo, algunos problemas como el de la crisis de la construcción, la lenta reactivación del crédito y la falta de una solución al problema del déficit fiscal, que es uno de los aspectos que tiene más incidencia en los problemas de la economía.

En la gráfica No. 1 se observa, además, cómo la inversión doméstica, tanto pública como privada, se ha descolgado severamente a partir de 1995, perdiendo casi cerca de 10 puntos de participación en el PIB. Este es quizás uno de los desajustes más dramáticos que sufrió la economía colombiana en el último quinquenio. Por múltiples razones los empresarios ya no están dispuestos o en capacidad de adelantar las inversiones en igual proporción a las que hacían en el pasado. Este período de profundo estancamiento de la inversión ha coincidido inversamente y, como era de esperarse, con el de la elevación de la tasa de desempleo. Un posible condicionante de esta caída de la inversión es el problema del déficit fiscal (gráfica No. 2), que ocasiona severos problemas a la inversión productiva.

Hacia delante, sin embargo, la mayor liquidez facilitará las transacciones económicas y la tasa de cambio más competitiva —junto con el trabajo articulado que viene adelantando el Ministerio de Comercio Exterior— seguirá animando las exportaciones. Además, es positivo advertir que la economía internacional será más dinámica este año. Por todo lo anterior, según Fedesarrollo, la industria bien puede crecer en un 6,6 por ciento este año, el comercio un 6,5 por ciento y el transporte un 4,5 por ciento.

El escenario es entonces de un optimismo moderado, por cuanto hay muchas condiciones nuevas para el desarrollo y la reactivación de la actividad empresarial. Pero no puede perderse de vista que los empresarios seguirán también muy atentos a la evolución del problema fiscal, de manera que se pueda restablecer verdaderamente la confianza en la economía, todo mediante sucesivas reformas que logren el ajuste esperado, no tanto por la vía tributaria sino del control de gasto.

Finalmente, se comenta en algunos círculos que ante la eventualidad de grandes reformas políticas, tal como la posible revocatoria del Congreso, se podría detener la discusión del paquete económico. Esto genera un nuevo interrogante, que debe resolverse adecuadamente.



Los empresarios y las exportaciones

Como se ve en el cuadro No. 1, las exportaciones petroleras han sido sumamente importantes, logrando mitigar en parte el alcance de la crisis en el sector cafetero. El balance total de las exportaciones se ha mantenido entre 1997 y 1999, a pesar de la crisis del comercio regional, lo cual es sumamente alentador.

Con la recuperación de la economía mundial, la mejora en los términos de intercambio con nuestros socios comerciales, los programas para incentivar las exportaciones y los pactos comerciales que se planea adelantar, se estimula el desarrollo de una cultura exportadora que apenas comienza a dar sus primeros resultados.

Uno de los grandes retos es el de buscar una rápida convergencia del Alca y establecer la estrategia de inserción más benéfica para Colombia. De acuerdo con estimaciones de Hernán Vallejo, de la Universidad de los Andes, nuestro socio comercial preferencial y con mayor potencial de comercio es Nafta (61 por ciento), seguido de la Unión Europea (15,2 por ciento) y la Comunidad Andina de Naciones (7,69 por ciento). Y Colombia, a pesar de las múltiples dificultades de nuestra economía, es para Estados Unidos un socio comercial mucho más importante que Chile.



Los empresarios y la paz

Sin lugar a dudas uno de los rasgos más importantes del proceso de paz actual es la activa participación empresarial. Esto ha dado lugar a muchos comentarios. Algunos positivos por el valor y el compromiso de los empresarios al actuar más proactivamente y buscar nuevas fórmulas para resolverlo. Otros comentarios son de crítica, indicando que no se entiende cómo los empresarios dedican su tiempo en ir al Caguán en vez de asistir a los caídos en la guerra o a las personas que han asumido grandes costos por el escalamiento del conflicto. Hay quienes dicen, incluso, que no hay una suficiente conciencia de la naturaleza del conflicto colombiano por parte de los empresarios.

Pero cuando se examina la actitud reciente de los empresarios y la forma como han asumido estos diálogos se encuentra que su participación ha sido positiva, han tomado posiciones muy claras y han hecho buenos aportes a la búsqueda de la superación del conflicto armado. Prueba de esto es la creación de la Fundación Ideas para la Paz, para aportar ideas sobre la forma como se puede abordar el conflicto, superando los lugares comunes y enriqueciendo las conversaciones. Los empresarios no tienen ningún interés en suplantar al gobierno o a los gremios y su actitud es más bien la de mejorar y enriquecer la comprensión del proceso y dar elementos para que la negociación sea más aterrizada y concreta.

Uno de los empresarios que ha presentado una posición más diáfana es Nicanor Restrepo. En su publicación ‘Derecho a la esperanza’ hace una cuidadosa cronología del origen del problema guerrillero en Colombia y además presenta los costos del conflicto armado colombiano, para concluir que la no superación del mismo tiene unos costos descomunales, sobre todo en costos humanos, costos económicos, costos invisibles y otros costos de oportunidad. Pero Nicanor Restrepo no es ingenuo en la solución y advierte que superar un problema tan prolongado, intenso y degradado es difícil. La definición de un nuevo modelo de Estado aceptable para todas las partes toma mucho tiempo, lo que a su turno desafía la paciencia y la comprensión de los ciudadanos.

La junta de dirección general de la Andi ha venido, por su parte, promoviendo principios imprescindibles en cualquier proceso de paz. La Andi considera que todo proceso de paz debe enmarcarse en unos principios irrenunciables de: unidad territorial del país, soberanía nacional, defensa del régimen democrático y respeto de la libre iniciativa de empresa, entre otros.

Hernán Echavarría ha controvertido públicamente que la mesa hubiese arrancado por el tema del empleo, advirtiendo que éste depende en gran medida del sistema de producción, y anotando que es este último tema el que ha debido abordarse previamente. Y concluye: muchos de los que fueron al Caguán el 18 de marzo pasado seguramente no están dispuestos a participar en un sistema de discusión que aparentemente está diseñado para dar resultados a largo plazo, sobre todo mientras continúa la destrucción y la muerte.

Jimmy Mayer, del Grupo Sanford, comentaba en noviembre pasado que le dolía tener que decir que hasta donde podía observar no había visto ninguna señal positiva del lado de la guerrilla. Y cuando se le preguntó por los sacrificios que estaría dispuesto a hacer por el proceso de paz comentaba que estaría dispuesto a hacer sacrificios materiales por el proceso de paz pero que no estaría dispuesto a sacrificar ciertos principios. Y dos empresarios como José Muñoz y Alvaro Dávila, del Grupo Inversiones Mundial y el Grupo Social, cuando han sido interrogados por su disposición de asumir algún sacrificio por el proceso de paz han respondido con total coincidencia que no lo consideran un sacrificio tanto como inversión. Es decir, que están dispuestos a comprometerse con las soluciones siempre y cuando conlleven a la superación del conflicto.

El balance de estas consideraciones es destacar el mayor compromiso de los empresarios en el tema de la paz. Esto de por sí es una buena noticia, en tanto que representa una ruptura con la relativa parsimonia del pasado. Sin embargo los empresarios también anotan que el proceso es sumamente frágil y que el ritmo de las conversaciones es lento, y para colmo las negociaciones se hacen en medio del conflicto y por todo esto dejan entrever cómo el proceso puede erosionarse fácilmente por la falta de credibilidad de la ciudadanía. Sobre todo cuando se negocia presenciando la deplorable destrucción y muerte de tantos compatriotas y los cobardes ataques. En el último año aparece también mayor énfasis entre los empresarios de la necesidad de una negociación, pero con principios irrenunciables más que una negociación a cualquier precio. Es decir, que gobierno y guerrilla deberían sopesar mejor todas estas consideraciones, en tanto que ya no están tan solos en las mesas de diálogo.

El conflicto no es el problema colombiano, el problema nuestro es más bien que seres humanos no puedan resolver sus diferencias de manera pacífica, aspecto que han destacado algunos empresarios. Aquí sí que cae bien la cita de Estanislao Zuleta, cuando indicaba que la fortaleza de una sociedad se mide no por los conflictos que evita, sino por los conflictos que puede resolver.
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