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| 6/23/1986 12:00:00 AM

LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE

Quiénes serán los timoneles de la política económica del nuevo gobierno

Aunque parezca increíble, de todo el grupo de gente que acompañó a Virgilio Barco hasta la victoria del pasado 25 de mayo, hubo una serie de personas que empezó a prepararse para gobernar desde hace ya varios meses: los miembros del equipo de asesores económicos.
En lo que se puede describir como un acontecimiento sin precedentes en la historia del país, el Presidente electo tiene ya practicamente definidos los nombres de las personas que le acompañarán en el manejo de la economía a partir del 7 de agosto, así como escogidas las prioridades de la política económica durante el próximo cuatrienio. Pese a que en lo que resta para la posesión el abanico se puede volver más extenso, quienes conocen del asunto aseguran que "son todos los que están".
LOS NOMBRES
A la cabeza de ese grupo se encuentra el economista Eduardo Sarmiento Palacio, en quien muchos ven al futuro ministro de Hacienda. De amplia trayectoria en el mundo de la academia, Sarmiento fue subdirector del Departamento Nacional de Planeación y asesor de la Junta Monetaria en la administración López Michelsen. A su salida del gobierno estuvo adscrito a Fedesarrollo y en los últimos años se ha venido desempeñando como consultor de varios organismos internacionales, y como columnista dominical del diario El Espectador. Según quienes le conocen Sarmiento es una especie de Roberto Junguito liberal, con un nombre que infunde respeto entre los economistas. Cuando fue asesor de la Monetaria en 1977, Sarmiento tuvo que entenderse con la bonanza cafetera de ese entonces y fue particularmente exitoso al lograr controlar la inflación mediante una serie de medidas del orden monetario.
Pero si el nombre de Eduardo Sarmiento se considera como "fijo" hay un persona más en quienes los especialistas ven grandes posibilidades. Se trata de José Fernando Botero, senador vallecaucano, quien es una de las estrellas del Parlamento en la cuestión económica. A pesar de no ser considerado como un técnico, Botero fue especialmente efectivo en la coordinación de los grupos de trabajo y estudio de la campaña de Barco, en donde más de 200 técnicos hicieron informes sobre una veintena de temas de gobierno. Hábil, pausado, Botero fue consultado por SEMANA el viernes pasado desde su oficina en Cali, pero se negó a hablar sobre el asunto.
Aparte del economista Sarmiento y del senador Botero, los observadores consideran que existe un segundo grupo donde se puede encontrar el resto de nombres del futuro equipo económico. Entre estos se destaca Luis Fernando Jaramillo, ex vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, quien fuera administrador de la campaña de Barco. Con gran prestigio en los círculos internacionales, Jaramillo es amigo personal del Presidente electo, quien se lo trajo de Washington, y en quien deposita gran confianza.
De igual manera, se tiene en cuenta el nombre de Hernando Gómez Buendía, del Instituto de Estudios Liberales, quien ha sido un permanente trabajador en las comisiones técnicas de la campaña. El ex miembro de Fedesarrollo (donde fue compañero de Eduardo Sarmiento) es mencionado en algunos círculos como el futuro jefe del Departamento Nacional de Planeación.
Sin tener puesto fijo, pero con posibilidades, se mencionan dos nombres mas: César Gaviria y Rodolfo González García. El primero ha tenido una trayectoria destacada en el Congreso y en el Partido Liberal donde se ha desempeñado como uno de los expertos en materia económica. Aunque muchos ven a Gaviria en una posición más política que técnica, para otros el joven dirigente cuenta con las cualidades suficientes para ser aceptado en ambos mundos.
La otra gran incógnita tiene que ver con el futuro del actual contralor General de la República, Rodolfo González. Al cabo de una labor exitosa en la Contraloría, el economista santandereano es mencionado como una de las posibles sorpresas. Pese a no estar vinculado a la campaña por razones obvias, Gonzalez es señalado como una ficha clave dentro de cualquier esquema de manejo económico. Su paso por la Contraloría le ha permitido enterarse de una serie de minucias sobre el tejemaneje interno del gobierno, que pueden ser definitivas para el éxito de una gestión.
Finalmente, existe la duda sobre el papel de los gremios dentro del futuro gobierno. Como se recordará, en 1982 Fabio Echeverri, actual presidente de la Asociación Nacional de Industriales, rechazó el Ministerio de Hacienda ofrecido por el presidente Betancur. En esta oportunidad, se afirma que un representante de los gremios puede tener la posibilidad de pasar a formar parte del nuevo equipo económico. Aunque existen dudas sobre el cargo, la mayoría de conocedores señala a Juan Martín Caicedo, actual presidente de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, como el indicado. Al frente de uno de los gremios más duros del país, este abogado javeriano se constituyó en noticia a lo largo de la actual administración por sus críticas al gobierno en varios frentes y en especial por la introducción del IVA.
EL PLAN DE DESARROLLO
Tales personas, de manera formal o informal, han tenido que ver con el escogimiento de prioridades y políticas por parte del Presidente electo. Una vez confirmada la victoria en las elecciones del 9 de marzo, el equipo de asesores empezó el diseño "en serio" de la política económica futura.
Dentro de este, se definieron los puntos importantes. Es así como se acordó que el sector agricola va a ser el nuevo "sector clave" de la economía en remplazo de la vivienda, estimulada por la administración Betancur. En opinión de algunos técnicos consultados, se consideró que el área tiene grandes posibilidades de desarrollo y es definitivo su estimulo en los momentos actuales.
Esa prioridad está estrechamente relacionada con la idea de reorientar parte del gasto público hacia la realización de obras sociales. A pesar de las limitaciones presupuestales conocidas, se quiere intensificar la labor del Estado en áreas concretas como las de salud, educación y seguridad social.
Sin embargo, aun los más optimistas reconocen que faltará entrar formalmente al gobierno para que se escoja un rumbo determinado. Por ahora los observadores reconocen que, dentro de las limitaciones conocidas, el próximo gobierno va a recibir el país en mejor situación de la que normalmente se acostumbra.
Economistas independientes prevén un aumento en la producción interna del 6% para 1986 -la mejor de toda la década- y problemas que antes parecían angustiosos, tales como el déficit fiscal y la crisis cambiaria, están por lo menos parcialmente solucionados. Adicionalmente, se anticipa que la bonanza cafetera durará por lo menos un año más, hecho que da un margen de maniobra amplio en varios sectores de la economía. De la misma manera, el país continúa con sus programas de exportación de carbón y de petróleo los cuales, pese a la coyuntura internacional, van a generar recursos importantes en el futuro.
Lo anterior no quiere decir que el panorama se presente despejado. En el área de la política económica la inflación y el desempleo siguen constituyéndose como los grandes interrogantes hacia el futuro. Así mismo, existe temor sobre otros temas que exigen solución prácticamente inmediata.
Quizás el primer test verdadero que va a enfrentar el nuevo equipo económico va a ser la negociación del próximo acuerdo cafetero a partir de septiembre. Los planes del manejo de la bonanza trazados por la actual administración se quedaron escritos en el papel y los errores en ciertas tácticas de negociación llevaron a que, según los entendidos, los productores del grano le metieran un "gol" al gobierno. Hechos tales como la "upaquización" del precio interno y el mantener fijo el impuesto ad valorem, han sido señalados por algunos técnicos liberales como pendientes de revisión. No obstante, habrá que ver si un gobierno con apenas dos meses de inaugurado logra "meter en cintura" a los cafeteros, con el mínimo costo político posible.
Pero no es sólo la política cafetera la que requiere atención. Los problemas del sector financiero continúan y aunque en lo que va del año varias instituciones han demostrado que van en franca mejoría, un caso concreto, el del Banco de Colombia, sigue marcando la pauta de las dificultades. El primer banco del país necesita una inyección de capital que puede superar la barrera de los 60 mil millones de pesos. De aprobarse, ello significaría una erogación sustancial de recursos que además complicaria el manejo de varios agregados del resto de la economía.
Un sector que al parecer va a requerir acción inmediata es el eléctrico. Con un faltante de financiación cercano a los 150 mil millones de pesos, el nuevo gobierno va a tener que decidir rápidamente cómo provee los recursos y cómo enfrentarse a las regiones que desean construcción de nuevas centrales eléctricas, a pesar de las opiniones técnicas en contra.
Esos son los retos inmediatos que algunos de los nombres citados tendrán que enfrentar en menos de tres meses. La experiencia de los gobiernos anteriores indica que normalmente se requiere un tiempo prudencial para que la máquina del Estado vuelva a engranar en su funcionamiento. No obstante, en este caso se asegura que ha existido una preparación de meses para empezar a tomar el control de la economía desde el primer momento. Tal como dijera uno de los técnicos de la campaña la semana pasada, "nosotros vamos a empezar a gobernar de verdad desde el 7 de gosto".
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