Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1986/11/10 00:00

LOS OTROS AVIONES

La verdadera historia de los inversionistas que ganaron millones en pocos días en la reciente emisión de acciones de Avianca

LOS OTROS AVIONES

Era un negocio redondo. En una ventanilla se compraban acciones de Avianca a $2.50 cada una, con sólo una cuota inicial del 34%; a los pocos días, los mismós títulos se podían vender en la bolsa de valores con una utilidad aproximada de 4 pesos por acción. Este fue, en pocas palabras, el esquema ingeniado por algunos inversionistas en Medellín, para consumar una operación de suscripción irregular de acciones de la aerolínea, y obteniendo, en pocos días, beneficios por unos 50 millones de pesos. La noticia, revelada originalmente por SEMANA a comienzos de septiembre, fue confirmada la semana pasada, cuando Avianca reconoció que la suscripción irregular se había hecho y estaba adelantando los trámites legales necesarios para perseguir a los culpables.

IDEA DE ALTO VUELO
Todo empezó el 13 de agosto de 1985, cuando la junta directiva de Avianca aprobó una capitalización por mil millones de pesos, consistente en la emisión de 400 millones de acciones de la compañía con un valor nominal de $2.50 cada una. En ese entonces los bancos extranjeros que se encontraban en el proceso de reestructuración de la deuda externa de la compañía, impusieron como condición, que Avianca--entre otras medidas--se recapitalizara para aumentar su solidez. Una vez tomada esta decisión de la junta, los trámites siguientes frente a la Superintendencia de Sociedades, a la Comisión Nacional de Valores y al Fondo de Capitalización Empresarial, se llevaron varios meses, de tal manera que sólo hasta el pasado 2 de abril se publicó el aviso de oferta pública de las acciones.

El reglamento de emisión preveía que en una primera ronda los accionistas tenían derecho a suscribir un número de acciones equivalente al 305.8% de las que eran titulares en la fecha de publicación de la oferta, dentro de los 30 días hábiles siguientes a la fecha de dicha publicación.
Disponía, además, que si quedaban acciones por suscribir, el representante legal de la compañía quedaba autorizado para ofrecerlas y colocarlas libremente, mediante comunicación escrita individual, dentro de los 15 días hábiles siguientes al vencimiento del plazo de la primera oferta. En otras palabras, era de esperarse que si sobraban acciones después de la primera ronda, estas fueran ofrecidas por el presidente de la compañía individualmente a sus accionistas antiguos.

EL GOLPE
Sin embargo, no fue eso lo que sucedió. Cuando el 16 de mayo se terminó la primera ronda, se encontró que los accionistas, en ejercicio del derecho de preferencia, habían suscrito 358'512.152 acciones, quedando un remanente de cerca de 41.5 millones de acciones. Tal información le fue suministrada en mayo a la junta directiva por el entonces presidente de Avianca, Hernán Rincón, quien supuestamente debía colocar el remanente mediante el mecanismo de la comunicación escrita.

No obstante, en la primera semana de junio uno de los miembros de la junta directiva que había solicitado el listado de accionistas, detectó que entre el 17 y el 27 de mayo un grupo de personas, en su mayor parte residentes en Medellin, había suscrito 13'575.858 acciones sin que mediaran los requisitos del caso. Cuando se comprobó el hecho, varios de los miembros de la junta solicitaron al presidente de Avianca, que le informara al cuerpo directivo en pleno. Este lo hizo a mediados de junio y en ese momento se decidió que los funcionarios involucrados se presentaran ante la junta y dieran su versión, al mismo tiempo que la contraloria de la empresa adelantaba una investigación. En el intermedio, el saldo de las acciones se colocó en la forma debida.

NULIDAD RELATIVA
El hilo del ovillo empezó a desenvolverse en la junta siguiente. Una vez concluidas las investigaciones internas, Rincón sostuvo que la orden de venta se había dado a sus espaldas por parte de Maria del Pilar Rocha, ex funcionaria de la Superintendencia Bancaria y quien había sido contratada para ser la asesora jurídica de la empresa en lo que tuviera que ver con la colocación de las acciones. Por su parte, la abogada Rocha se defendió con el argumento de que había entendido de buena fe que tenia facultades del presidente de la empresa para negociar las acciones. De tal manera, cuando el tesorero de Avianca le habia consultado sobre la posibilidad de colocar una parte de la emisión ante una solicitud hecha en Medellín, ella había dado su visto bueno.

Como consecuencia de las explicaciones, la junta le ordenó al presidente de la empresa que le informara a la Comisión de Valores sobre los hechos y al mismo tiempo solicitara una investigación. La Comisión respondió el 20 de agosto y conceptuó que efectivamente la suscripción se había hecho en forma irregular y que por la via legal se podría llegar a una "nulidad relativa" de la operación. Asi mismo, sostuvo que Avianca "podrla adelantar una investigación interna para esclarecer los hechos y sus implicaciones jurídicas y adoptar medidas que eviten su repetición en el futuro".
Finalmente, dio traslado de ambas cartas a la Superintendencia de Sociedades.

Conocida esta respuesta, a finales de agosto la junta le ordenó a Rincón que le solicitara a la Superintendencia llevar a cabo una investigación de los hechos. Aunque la semana pasada todavía no se había producido el fallo de la entidad, SEMANA pudo establecer que tanto Hernán Rincón como el revisor fiscal de Avianca fueron llamados a la Superintendencia a hacer los descargos del caso.

De igual manera, la publicación de los nombres de las personas que hicieron la suscripcion permitió formular algunas hipótesis sobre la manera en que esta se llevó a cabo. A la cabeza de todo, se encuentra el inversionista antioqueño Sergio Alvarez Cock, quien en compañía de su mujer y sus tres hijos adquirió algo más de 5 millones de acciones, las cuales habrían sido vendidas en forma casi inmediata en la bolsa de Medellín con una utilidad cercana a 4 pesos por acción. Alvarez, un ex corredor de bolsa que no pudo ser contactado la semana pasada, fue seguido por una serie de grupos familiares que realizaron un negocio similar. En total, 45 personas estuvieron involucradas en la operación, la cual se concentró en Medellín (hubo suscripciones menores tanto en Bogotá como en Cali).

Aunque de manera extraoficial algunos de los implicados llegaron a afirmar que la oferta de suscripción provino de la oficina de Avianca en Medellín, varios miembros de la junta creen que todo fue un esquema hábilmente montado con la colaboración de personal de la empresa. A pesar de que todavía falta para que se identifique plenamente a los responsables, es indudable que ya hay más de un tiznado en todo el asunto. Quizás el más afectado de todos hasta el momento es Hernán Rincón, quien a comienzos del mes pasó a ocupar la presidencia del Banco del Estado. Servidor por 30 años de las empresas del Grupo Santodomingo, Rincón está sindicado de haberse dejado meter un gol que influyó en su salida de la aerolinea.
Hombre de reconocida rectitud y capacidad, al parecer Rincón pecó de negligente al no apersonarse debidamente de la suscripción de las acciones en la segunda ronda lo cual, según varios observadores, deberia haber sido coordinado directamente por la presidencia de Avianca. Igualmente, parece increible que un miembro de la junta directiva ajeno a la administración directa de la empresa, haya sido quien detectó la irregularidad con las acciones.

Sea lo que sea, lo cierto es que el gol parece imposible de invalidar. El hecho de que las acciones hayan sido ya transadas en la bolsa hace dificil devolver el dominó y aunque la empresa podria tener asidero legal, las complicaciones prácticas del proceso hacen pensar que todo quedó como estaba. No obstante, Avianca piensa iniciar una serie de acciones legales contra el personal de la empresa involucrado y los inversionistas si hay indicios claros de que todo fue un montaje.
Sin embargo, a pesar del tropiezo con las acciones, es dudoso que el hecho tenga implicaciones serias sobre los negocios de la aerolinea y mucho menos sobre el resto de las empresas del llamado Grupo Santodomingo. El nombramiento la semana pasada del abogado Bernardo Botero Morales como nuevo presidente de Colseguros fue, para los observadores, una confirmación más de que existe la convicción en el grupo de poner orden en sus empresas. Botero, reputado como el hombre que más sabe de seguros en Colombia, arriba a la primera aseguradora del país después de una impresionante gestión en Seguros Colmena, compañía que en 6 años pasó de la nada a ser una de las 10 más grandes de Colombia.

La llegada de Botero le permitirá a Orlando Cabrales, comenzar en propiedad en Avianca en el momento preciso en que la aerolinea está confirmando su despegue. Los planes de reorganización interna y externa llevados a cabo le aseguran a la empresa un futuro promisorio y a pesar de haber descubierto que en Colombia existe otro tipo de aviones, los directivos de la compañía insisten en que todo fue como un mal sueño: cortico, sin consecuencias serias y apenas dejó un sabor amargo en la boca. --

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