Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/4/1989 12:00:00 AM

I LOVE New York

Con la compra del Rockefeller Center, los japoneses siguen ganando terreno en Estados Unidos.

Después de que los japoneses se habían "comprado" a Ronald Reagan, parecía difícil en contrar otro simbolo más del capitalismo norteamericano que pudiera ser adquirido por los yenes. Pero así fue. A las pocas semanas de que el ex presidente de los Estados Unidos aceptara un contrato por dos millones de dólares para ir a la tierra del sol naciente, una compañía de ese país se volvió terrateniente en una de las zonas urbanas más exclusivas del mundo.
Se trata de Mitsubishi Estate, una firma de finca raíz, que pertenece al emporio industrial y financiero del mismo nombre. Con los bolsillos llenos de dinero y con una tradición de hacer inversiones a largo plazo, la empresa nipona anunció el lunes pasado que había adquirido por 846 millones de dólares el 51% de las acciones del Rockefeller Group, la compañía que controla y administra en Manhattan un conjunto de 19 edificios, más conocido como el Rockefeller Center. Semejante noticia cayó como un baldado de agua fría en todas partes. Porque la verdad es que pocos sitios son tan neoyorquinos como el Rockefeller Center, el cual comenzó a ser construído hace más de 50 años por la poderosa familia del mismo nombre. Tal como dijo un financista norteamericano, "es nada menos que el sitio donde Nueva York coloca su árbol de navidad".
Y no sólo eso. También allí tienen su sede varias de las compañías más tradicionales de los Estados Unidos. Empresas como General Electric, NBC, Time Warner, Price Waterhouse y Morgan Stanley deberán girarle ahora el cheque del arriendo a una firma controlada por Mitsubishi. Aunque en términos prácticos es seguro que el cambio no se va a notar -los japoneses dijeron que la administración anterior seguirá en su puesto-, el golpe sicológico ha sido tremendo. Desde hace algún tiempo los norteamericanos han tenido la impresión de que su país está siendo comprado por los inversionistas orientales. Aunque hasta ahora no ha habido reacciones concretas, algunos temen que esto ocasione la imposición de medidas abiertamente antijaponesas. Tal preocupación es compartida por Tokio, que en los últimos meses ha recomendado que las compañías que hagan inversión en los Estados Unidos adopten el perfil más bajo posible.
La preocupación de los norteamericanos puede no ser justificada, pero es explicable. Las cifras revelan que las inversiones japonesas en finca raíz en los Estados Unidos pasaron de 500 a más de 10 mil millones de dólares entre 1983 y 1988. A lo anterior se agrega la compra de compañías y la inversión en nuevas fábricas. Hace apenas unas semanas el grupo Sony había adquirido por 3.400 millones de dólares a la Columbia Pictures, una de las productoras de cine más tradicionales de Hollywood.
Con la operación hecha la semana pasada se cierra un capítulo que empezó a ser escrito en 1934, cuando John D. Rockefeller Junior, hijo de quien fuera considerado el hombre más rico del mundo en esa época, dividió su fortuna en cinco partes para asegurar la herencia de sus hijos. Estos fondos se combinaron en el Rockefeller Group, que desde entonces fue una de las principales fuentes de ingreso de los miembros de la familia.
El fuerte de la compañía fue la construcción y administración de edificios, entre los cuales, aparte del Rockefeller Center, se encuentran sitios tan neoyorquinos como el Teatro Radio City. Toda esa tradición hace que, aunque parezca increíble, el socio lógico fuera Mitsubishi Estate. A pesar de ser un firma japonesa, los expertos dicen que su manejo conservador y de largo plazo se acomoda perfectamente al estilo de los antiguos propietarios del Rockefeller Center.
Porque la verdad es que Mitsubishi Estate ha sido así desde que hace un siglo el gobierno japonés le vendió un terreno baldío cercano al palacio imperial. Con el tiempo el área fue conocida como el distrito de Marunoichi, que hoy en día es uno de los sitios claves de Tokio. Teniendo en cuenta que la propiedad raíz en la capital japonesa es la más costosa del mundo, no es sorprendente que el valor de los activos de Mitsubishi Estate supere todos los cálculos. Aunque en libros se dice que estos ascienden a 8.200 millones de dólares, un analista del banco Barclays de Zoete Wedd le dijo a The New York Times que una estimación más ajustada a la realidad daría 84 mil millones de dólares.
Quizás por esa razón los funcionarios de la compañía japonesa no comparten del todo el escándalo que se ha hecho con la venta del Rockefeller Center. Aunque 846 millones de dólares es una suma importante, apenas sí se va a ver en el balance de Mitsubishi Estate que con su poder seguirá adquiriendo propiedades en los Estados Unidos, sin que estas tengan tiempo de decir sayonara.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.