Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1995/06/26 00:00

LUCES DE COLORES

Por cuenta de la obsesión con el racionamiento, el país no se ha dado cuenta de los profundos cambios que está atravesando el sector eléctrico.

LUCES DE COLORES

CADA VEZ QUE EN COLOMbia alguien menciona la palabra racionamiento, el tema se vuelve de alta tensión. Quizás por esa razón el ministro de Minas, Jorge Eduardo Cock, casi acaba electrocutado hace unos días cuando unas declaraciones suyas pusieron en guardia a una opinión pública que con respecto a los cortes de luz solo entiende dos palabras: prendido o apagado.
La realidad, no obstante, es bastante más compleja. Aunque es en cierto modo comprensible que la única preocupación de los colombianos alrededor del sistema eléctrico sea la posibilidad de un nuevo racionamiento, esa obsesión ha impedido que se mire de manera global un sector en el cual se están invirtiendo cientos de millones de dólares y que ha sido objeto de un profundo cambio institucional.
Para comenzar, diferentes inversionistas privados están metidos en proyectos de generación térmica por un valor superior a los 1.300 millones de dólares. Eso ha sido factible gracias a las nuevas normas que hacen posible la entrada a un terreno que antes solo estaba permitido al sector público. El nuevo sistema ha facilitado liberar recursos estatales de esta área hacia otras también prioritarias como las del campo social.
Sin embargo, como todo tiene dos caras, el gobierno se ha venido encontrando con que la entrada del sector privado, cuyos objetivos no responden necesariamente al interés nacional, ha hecho más difícil ponerle orden al tema de la generación de energía.
Eso es lo que se ha visto en la práctica con la mitad de los proyectos que están programados para comenzar operaciones antes de 1998 y que son definitivos para asegurar el adecuado suministro de energía. Aunque Termobarranquilla, el más grande de todos, superó ya sus tropiezos iniciales y debe estar generando sus primeros 97 megavatios (de un total de 747 mw) en febrero próximo, otras propuestas han encontrado tropiezos.
Así ha ocurrido con Termovalle, programada para generar 232 megavatios a finales de 1996. Según informaciones del gobierno, el consorcio constructor integrado por Enron Corporation y Cartón de Colombia, está a punto de retirarse, apoyado en una cláusula del contrato. Aunque según conocedores del sector el anuncio podría ser una estrategia para presionar la renegociación de algunas cláusulas, el gobierno decidió coger el toro por los cuernos. Llamó a otras firmas que participaron en la licitación original y recibió propuestas similares a la ganadora. El cambio de operador, que está a punto de definirse, aseguraría que Termovalle esté lista en diciembre de 1996, tres meses más que su cronograma inicial.
Por su parte Paipa IV, programado para generar 150 megavatios a finales de 1997, ya tuvo cambio de dueño. El consorcio original comandado por la firma CCI tuvo diferencias con sus proveedores y le vendió su participación en la sociedad promotora a Transalta, una firma canadiense con experiencia en el sector eléctrico.
Como si lo anterior fuera poco, el gobierno nacional ha expresado su preocupación por dos proyectos nuevos: Termoemcali y Termocafé, gestionados por entidades regionales con operadores privados. Según el Ministerio de Minas, el proceso de adjudicación de los contratos no fue transparente y debería ser repetido. En ambas ocasiones la firma beneficiada fue J. Makowski Company, una empresa norteamericana con trayectoria en el medio.
Todos esos casos demuestran que a pesar dé sus bondades el nuevo sistema puede traer algunas sorpresas. Aunque en los casos de los proyectos más críticos la situación parece controlada, lo cierto es que se ha conformado una estructura en la cual el Ministerio de Minas es políticamente responsable por lo que suceda en el sector, pero se ve corto a veces para hacer cumplir ciertos compromisos. De la manera en que se maneje este nuevo esquema dependerá la salud del sector eléctrico. Porque es la conjunción de clima y ambiente institucional, y no los titulares de prensa, la que definirá si el sector eléctrico colombiano sigue con toda la energía en el futuro o si se va a ver expuesto a las consecuencias de un corto circuito.

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