Viernes, 31 de octubre de 2014

| 1992/12/14 00:00

Marcamanía

En la piratería de marcas y patentes, que entre el diablo y escoja.

Marcamanía

CUANDO LA INDUSTRIA Llcorera de Caldas trató de conquistar el mercado venezolano con su Aguardiente Cristal y el Ron Viejo, se encontró con que no podía comercializar sus productos porque ya existían en el vecino país. Desde tres años atrás son fabricados bajo los mismos nombres por Inversiones Licorera Caldas de propiedad de los hermanos Canoso Lares. Para pasar la frontera vecina sin problemas se le exigen unos 200 millones de pesos en compensación.
Como ese, muchos otros son los inconvenientes de marcas y patentes que nublan el proceso de integración binacional. La semana pasada los empresarios venezolanos se opusieron en forma abierta a la propuesta colombiana de libre circulación de mercancías y productos amparados bajo marcas idénticas. Para ellos los "piratas" son los demás y citan como ejemplos la marca Pan, de harina de maíz precocido, notoria en Venezuela desde tiempo atrás pero registrada en Colombia, y los cigarrillos Belmont también notorios allí pero registrados a la vez como ecuatorianos.
Los ejemplos sobran. Polar de Venezuela ha tenido problemas para circular cn Colombia y Perú porque está registrada por una cervecera peruana. En esas circunstancias el tema se está convirtiendo en uno de los más sensibles en la discusión de las herramientas necesarias para afinar el intercambio abierto entre las dos naciones. Los venezolanos insisten en que debe restringirse la circulación de marcas similares entre los dos territorios, sin más.
Sin embargo esa solución no es tan fácil como aparece a primera vista para dirimir el conflicto. Los dos países deberán implementar algún mecanismo ágil que se convierta en cortapisa para las compraventa de productos binacionales porque de lo contrario el contrabando volvería a asumir el papel que durante muchos años reportó millonarias ganancias a sectores no productivos. Pero mientras se discute un arreglo en las condiciones del manejo de marcas, se conoció un estudio que concluyó que la piratería de 16 países latinoamericanos defraudó, durante 1991, más de 660 millones de dólares en ventas potenciales a empresas estadounidenses.
La Alianza Internacional para la Propiedad Intelectual, IIPA, que agrupa 1.500 firmas basadas en derechos de propiedad intelectual, sostiene que debe hacerse algo para acabar con el problema de una vez por todas. Señala que esos 16 países exportaron a Estados Unidos productos exentos de derechos por 3.300 millones de dólares en 1991. "Debemos reexaminar una política comercial que permite a países aceptar concesiones arancelarias por un lado mientras que, por el otro, nos sacan del bolsillo", explica el informe.
Paraguay es el mayor "corsario" en música y grabaciones magnetofónicas. El Salvador es el punto clave de copia ilegal de grabaciones sonoras en Centroamérica, mientras en video, Colombia, al lado de Brasil, Panamá y Venezuela, son los líderes de las violaciones a la propiedad intelectual. En el campo de programas para computadores nadie les gana en la región a Brasil, Venezuela, Argentina, Chile, Colombia y Costa Rica, a la hora de hacerse los "locos" con los reconocimientos monetarios correspondientes. Nuevamente Colombia aparece en el fotocopiado y reimpresión de libros y obras científicas sin pagar los derechos de autor correspondientes. "A medida que las economías crecen en América Latina...esas pérdidas se multiplicarán a menos que se tomen medidas", asegura Eric Smith de la IIPA.
Pero si en algo sirve de consuelo, en Gran Bretaña se publicó un estudio de la Oficina de Inteligencia sobre Falsificación, CIB, con base en Barking, al oeste de Londres, que advierte que en el mundo nadie supera en imitaciones a Tailandia, Hong Kong, Japón, Filipinas e Indonesia. Y en donde tampoco son muy santos es en Italia, Grecia y Turquía. Para detectar los problemas de piratería fue integrado un grupo de investigadores privados que recorre el mundo y denuncia a los copiadores que defraudan unos 100.000 millones de dólares al año y destruyen unos 250.000 puestos de trabajo en ese mismo lapso. Como quien dice, que entre el diablo y escoja.

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