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| 3/7/1994 12:00:00 AM

MAS CLINTON QUE BUSH

Con su plan de empleo productivo el candidato Enesto Samper se aparta de los postulados neoliberales que han estado de moda en los ultimos años.

EL PENDULO PARECE ESTAR DE VUELTA. EN Estados Unidos, el presidente Bill Clinton cambió la política radical de libre cambio de sus antecesores por una política de intervención inteligente del Estado. Y en países más cercanos a Colombia, como México y Chile -donde el neoliberalismo hizo igualmente de las suyas- sus respectivos gobiernos iniciaron hace meses ambiciosos programas sociales, con el fin de hacer partícipes de sus procesos de apertura a un mayor número de ciudadanos.
En esa misma línea -más cerca de Clinton que de Bush o de Reagan- el candidato liberal Ernesto Samper dio a conocer, en octubre del año pasado, las bases de su programa económico y social. Y hace apenas 10 días, partiendo de la convicción de que "una política social es ante todo una política de empleo", y de que la intervención del Estado es necesaria en muchos campos, concretó su propuesta en un ambicioso Plan de Empleo que busca generar en el próximo cuatrienio un millón 500 mil nuevos puestos de trabajo.
El plan es producto de muchos meses de discusión en el interior de la campaña. Desde mediados del año pasado, el Comité de Programa, coordinado por Guillermo Perry -y en el cual participan expertos en el tema, como Antonio Urdinola, Luis Bernardo Flórez, Cecilia López, Marta Lucía Ramírez y Antonio Hernández-, llegó a la conclusión de que el eje central del programa económico y social del candidato debía ser el empleo. Y se puso en la tarea de materializarlo.
Varias fueron, según ellos, las razones para escoger el empleo. La primera, que màs del 45 por ciento de los colombianos vive en la miseria y la única manera de salir de ella es con un trabajo. La segunda, que los últimos avances de la teoría económica sostienen que para crecer es necesario ser competitivos, y esto sòlo se logra generando empleos productivos. Y la tercera, que los problemas de seguridad del país -urbanos y rurales- están íntimamente relacionados con la falta de oportunidades en materia laboral.

PLANES SECTORIALES
El primer componente del plan es el crecimiento mismo. Es decir, la política econòmica en general. "El plan de empleo -dijo Samper la semana antepasada en Medellín- operará en el contexto de una política económica que facilite un comportamiento dinámico de la inversiòn privada y un crecimiento económico superior al seis por ciento anual, sin generar presiones inflacionarias". De lograrse tales metas, se podrían generar más de un millón de empleos en los próximos cuatro años.
La cuestión es cómo alcanzar esas tasas de crecimiento. Y es allí donde radica la primera diferencia de la propuesta dc Samper con las polìticas en boga. Si bien el candidato ha repetido en varias ocasiones que no reversarà la apertura y que mantendrà los principios de desregulaciòn y eficiencia que han guiado la polìtica de la actual administraciòn -y en ese sentido su programa serìa continuista-, Samper considera que para acelerar el crecimiento es necesario volver al diseño de polìticas sectoriales, en las que el Estado desempeñe un papel importante de apoyo al sector privado.
Una de esas polìticas tiene que ver con el sector exportador. Segùn el plan, la polìtica macroeconòmica debe estar orientada a evitar la revaluaciòn y a garantizarles a los exportadores la ampliaciòn de sus mercados. En concreto, propone la adquisiciòn de canales de comercializaciòn en el exterior; la realización de negociaciones agresivas para abrir mercados externos; la destinación de mayores recursos para Proexport; el fortalecimiento del Cert, y el apoyo a las zonas francas industriales. Con ello, según el plan, se podriàn duplicar las exportaciones menores en cuatro años y generar más de 150.000 empleos.
Otra política sectorial es la que tiene que ver con el sector agropecuario. En este campo, Samper ofrece aumentar la inversión en adecuación de tierras, y en el desarrollo y difusión de mejores variedades; crear fondos de estabilización de precios; establecer subsidios a la capitalización del agro; fortalecer la Caja Agraria, el PNR y el DRI, y apoyar los comités de cafeteros y, en general, la caficultura. La meta, en este caso, es lograr una tasa de crecimiento del 4 por ciento anual, con lo que se podrían generar más de 120.000 empleos en el campo.
La otra política es la de modernización industrial. Esta propone crear un fondo de modernización para la reestructuración industrial; la creación de centros sectoriales y regionales de productividad; el apoyo a las incubadoras de empresas; la subcontratación de empresas grandes con medianas y pequeñas, y una política de compras estatales que favorezca la producción y los servicios nacionales. El objetivo es que la industria crezca a tasas superiores al 7.5 por ciento y que se generen alrededor de 150.000 nuevos empleos en el sector.
Pero además de las políticas sectoriales, el plan contempla tres grandes programas de inversión, que podrían generar 320.000 empleos más: el programa de inversiòn en infraestructura, que busca recuperar el atraso del país en materia de vías, comunicaciones y suministro de energéticos; el programa de inversión en capital humano, que pretende incrementar la productividad de los trabajadores mejorando sus condiciones de salud y educación, y el programa de vivienda de interés social, que persigue profundizar el actual sistema de subsidios.

NO BASTA CRECER
Samper y sus asesores consideran, no obstante, que para superar los problemas de empleo -y en particular las enormes desigualdades que se presentan entre los diferentes sectores de la población- no basta obtener elevadas tasas de crecimiento. Al fin y al cabo, dicen, por lo menos una docena de países industrializados afrontan hoy tasas de desempleo superiores al 10 por ciento. Por eso el plan contempla varios programas específicos de empleo -y en esto también se aleja del credo neoliberal- dirigidos a la microempresa, a los sectores vulnerables de la población y a la capacitación de los trabajadores ocupados.
El más ambicioso es el programa de microempresa y pequeña empresa, que busca generar 350.000 nuevos empleos. Su objetivo es facilitar el acceso de las microempresas al crédito y la tecnología, mediante el fortalecimiento del Fondo de Garantías para el sector; el establecimiento de un Finurbano -una especie de Finagro urbano-; el apoyo a las fundaciones de microempresarios; la ampliación de los programas de crédito para profesionales que creen empresas productivas, y el fortalecimiento de los canales de asistencia técnica y difusión tecnológica.
Los programas de entrenamiento y enganche para grupos vulnerables buscan, con la activa participación de los municipios y los departamentos, estructurar programas especiales de empleo en las zonas más pobres del país, focalizados hacia los jóvenes, las mujeres, los cesantes y los discapacitados. La idea es que las entidades territoriales que impulsen estos programas reciban contrapartidas en dinero de un Fondo Solidario de Empleo, alimentado con recursos del presupuesto nacional.
La meta, según Samper, es que los gremios, el movimiento sindical, las asociaciones profesionales y los gobiernos departamentales y municipales se comprometan en un gran acuerdo social para sacar adelante el plan. "Plan ambicioso, pero realista", según sus asesores.
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