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| 10/20/2012 12:00:00 AM

Más impuestos a los ricos en Francia: ¡Oh la lá!

Hay pánico entre los hombres más ricos y las grandes empresas de Francia. El presidente François Hollande está cumpliendo su promesa de ponerlos a pagar más impuestos. Muchos alistan maletas para salir del país galo.

En Europa no solo protestan los ciudadanos de a pie, indignados por los recortes de los beneficios públicos, por la desigualdad y el desempleo que se ha acrecentado con la crisis que ya completa cinco años. Por increíble que parezca, también lo hacen los ricos. Sucede en Francia, donde el presidente François Hollande ha puesto a temblar a los poderosos con más impuestos.

Para mostrar que Francia sí tiene el rigor fiscal que tanto se les ha pedido a otros países de la eurozona como Grecia, Portugal, España o Italia, el presidente Hollande, dentro del presupuesto para 2013 -presentado hace un par de semanas- anunció un aumento del impuesto sobre las rentas más altas y sobre las empresas. El mandatorio socialista creó una tarifa del 45 por ciento para aquellas rentas que superen los 150.000 euros y un impuesto excepcional, durante dos años, del 75 por ciento, para los franceses que ganen más de 1 millón de euros. Francia se coloca así a la cabeza de los países con impuestos más altos y menos atractivos para los ricos.

El tema es comidilla en toda Europa. En la prensa no se habla de otra cosa que de las medidas de Hollande y las reacciones de los poderosos. Laurence Parisot, jefe del Movimiento de Empresas de Francia (Medef), organización patronal, le dijo al diario británico The Telegraph que algunos líderes empresariales están en un estado de cuasi-pánico. "Grandes inversionistas extranjeros están evitando Francia por completo. La situación se está viendo realmente dramática", dijo.

Jean-Paul Agon, consejero delegado de L'Oréal, la mayor empresa de cosméticos en el mundo, citado por The Financial Times, afirmó que ahora será muy difícil atraer talento a trabajar en Francia, "casi imposible, en un cierto nivel".

Stéphane Richard, CEO de la compañía de telecomunicaciones Orange, afirmó al diario francés Le Monde, que está preocupado por el impacto en la economía francesa. "Me preocupa que empecemos por impuestos a los ricos, y eso sea todo. Una cosa es hacer un llamamiento al patriotismo económico y otra a organizar un saqueo (de los ricos) y que se encienda la máquina del exilio fiscal".

Ya desde antes de conocerse el megaimpuesto, el hombre más rico de Francia, Bernard Arnault, dueño de Louis Vuitton, con una fortuna calculada por la revista Forbes en 41.000 millones de dólares, anunció que iba a adoptar la ciudadanía belga. Sus declaraciones generaron tal escándalo que tuvo que aclarar que seguiría pagando sus impuestos en Francia y que la doble nacionalidad era una estrategia para sus negocios en Bélgica. Obviamente esto no ayudó a amainar la tormenta desatada. El presidente francés le recordó que en un momento como el actual, debería medir mejor su decisión, pues muchos deben pensar que abandona el barco.

Pero todos los días la prensa da cuenta de millonarios menos conocidos que Arnault que alistan maletas en busca de tierras más hospitalarias para los ricos.

El temor por un éxodo de los hombres más ricos y de las empresas es más serio de lo que parece. Según la agencia francesa AFP, los agentes inmobiliarios y asesores financieros aseguran que hay una avalancha de lujosas propiedades a la venta y de empresarios tratando de salir de Francia. "Es casi un pánico general. Entre 400 y 500 viviendas por valor de más de 1 millón de euros han aparecido en el mercado de París", le dijo a la agencia Daniel Feau, un corredor de bienes raíces.

La firma inmobiliaria del Reino Unido Knight Frank reveló que durante el último trimestre aumentaron en casi un 20 por ciento las consultas online desde Francia en busca de casas de lujo en Londres.

Muchos están recordando el éxodo de los ricos franceses después de la elección del presidente socialista François Mitterrand en 1981. Aunque la situación todavía no es de esa magnitud, la verdad es que los vendedores de bienes raíces ven un perfil diferente entre quienes se estarían marchando de Francia. Ahora no solo son los ricos ociosos sino los gerentes de grandes corporaciones internacionales, empresarios e inversionistas que tienen miedo por la nueva carga impositiva.

Lo cierto es que muchos están dispuestos a recibir a quienes quieran dejar a Francia. Según la BBC de Londres, el primer ministro David Cameron, quien no está interesado en seguirle los pasos a Hollande en el Reino Unido, dijo que tendería la alfombra roja a todos los franceses que quisieran cruzar el Canal de la Mancha.

Realmente, la marcha de los franceses a Reino Unido no es nueva. Hay cálculos que indican que en ese país viven unos 300.000 de ellos.

La fórmula gala

La verdad es que los serios problemas de la economía francesa requieren de un gran sacrificio de todos. Las cifras no son nada buenas. En el segundo trimestre el desempleo se situó en 9,7 por ciento, el más alto desde 1999. La deuda pública creció a 91 por ciento del PIB, el mayor nivel desde la Segunda Guerra Mundial; el crecimiento económico ha estado cerca de cero durante los últimos cinco trimestres y las previsiones para 2013 son muy flojas, de 0,8 por ciento.

El mandatario socialista pretende congelar el gasto para reducir el déficit público al 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2013 y redireccionar la economía francesa hacia el nivel de Alemania.

Hollande -quien lleva 5 meses en el gobierno- prometió durante su campaña electoral que reactivaría la economía y frenaría el desempleo. Y para ello se comprometió a que la mayor carga fiscal recaería sobre los que más tienen. Apelando al patriotismo dijo que no debe haber excepciones, "todos tenemos que hacer un esfuerzo y aportar".

Hasta hace poco, muchos estaban de acuerdo en que todos deberían hacer un sacrificio para reactivar la economía. De hecho, el año pasado16 magnates y dueños de grandes fortunas en Francia suscribieron una carta publicada en internet por la revista semanal Le Nouvel Observateur en la que le pidieron al gobierno cobrarles más impuestos para ayudar a resolver los problemas del país.

Pero está visto que la oferta de los poderosos franceses fue una antes de conocer la medida de Hollande y otra después. Le Monde consultó de nuevo a los magnates y la mayoría de ellos ahora piensa que el megaimpuesto va mucho más allá de lo que habían propuesto. "Moralmente es legítimo, pero económica y políticamente es estúpido", señaló una de las personas al periódico.

Ya se armó un gran debate nacional. Hay quienes dicen que el polémico impuesto no va a llenar las arcas del país, pero sí enviará una mala señal, espantará a los que tienen medios para crear puestos de trabajo, y evitará que otras personas inviertan en Francia. Afirman que entre 2.000 y 3.000 hogares franceses se verían afectados y eso añadiría poco a los ingresos del Estado. La revista mensual Économiques dice que desde el punto de vista económico el impacto será marginal, pero los socialistas esperan un efecto más político. "Hay un resentimiento profundo (por el público) frente a los ultrarricos, que podría alimentar el populismo".

Lo cierto es que muchos consideran que la estrategia de Hollande de acudir al sentimiento patriótico de las élites francesas, es la forma de hacer que los ricos carguen con el mayor peso de esta crisis. Algunos ya están proponiendo un impuesto para todos los ricos de Europa, algo que será bien difícil. Como dice un análisis de la BBC, la reacción de los hombres más ricos de Francia a la propuesta de Hollande fue típica de un siglo XXI dominado por una globalización sin muchas más lealtades que la ganancia y el paraíso fiscal para atesorarla.
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