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| 11/6/1989 12:00:00 AM

MAS VALE PREVENIR...

Antes de que la economía entre en coma, el gobierno decide tomar medidas para evitar la crisis en el mediano plazo.

La duda ha estado reinando en el ambiente durante meses. A pesar de los llamados a la tranquilidad y las declaraciones de los principales integrantes del equipo económico, más de un observador está preocupado por el futuro de la economía colombiana. Tal inquietud comenzó a hacerse patente desde que se vieron los problemas en el mercado internacional del café y se acentuó - por razones obvias - cuando se inició la guerra contra el narcotráfico.
Como consecuencia, la incertidumbre se volvió la constante en el clima de los negocios.

No obstante, aunque nadie sabe lo que va a pasar, son pocos los que creen que el desenlace para la economía será bueno. Esa impresión es compartida al parecer por banqueros y funcionarios de entidades internacionales. Según varios de los asistentes a la reciente asamblea del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional en Washington, el futuro de la economía colombiana es mirado con creciente pesimismo. Los más escépticos piensan incluso que dentro de un año el gobierno entrante comenzará a hablar de la necesidad de reestructurar la deuda externa, debido a que no se han comenzado las gestiones para conseguir créditos que compensen los que se van a pagar en 1990 y 1991. Si bien para el próximo año ya se obtuvo una parte con la negociación del crédito Challenger, los analistas creen que es indispensable obtener fondos de entidades multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
En total, se estima que Colombia pagará unos dos mil millones de dólares anuales por concepto de amortización de su deuda en 1990 y 1991.

Semejante panorama tan sombrío fue puesto en blanco y negro hace unas semanas por un estudio de la publicación La Nota Económica, que dirige el ex jefe de Planeación Nacional de la administración Betancur, Jorge Ospina Sardi. Según el trabajo, "la actual coyuntura económica presenta tendencias preocupantes de deterioro que si no se rectifican conducirán inevitablemente a una recesión económica prolongada, similar a la que han sufrido otros países latinoamericanos". Peor aún, el documento dice que "hasta ahora no hay indicios claros de que este gobierno, en vísperas de elecciones, esté dispuesto a emprender esas rectificaciones".
Si eso es así, no hay duda de que las perspectivas son realmente graves.
No sólo la situación económica actual es mala, sino que el país ya no va a ser el mismo de antes. El cambio en el mercado cafetero y la pérdida eventual de divisas por concepto de narcotráfico son dos hechos que van a tener carácter permanente. Ante eso, los observadores, al igual que las entidades financieras internacionales consideran que el manejo económico tampoco puede ser el mismo.

Y tal parece que no lo va a ser.
SEMANA ha podido establecer que desde hace unas tres semanas el gobierno se encuentra en la preparacion de un plan que incluiría medidas de ajuste económico, algunas de ellas abiertamente impopulares. Contrario a lo que se cree, todo indica que se va a preferir el desprestigio que dejaría apretarse el cinturón ahora, con tal de no "dañarle el caminado" al próximo gobierno. La decisión de seguir adelante se basa en el simple hecho de que este tipo de medidas se debe tomar cuanto antes. Tal como anota el trabajo de La Nota Económica, "la experiencia reciente en Colombia muestra que entre más se permita el deterioro de las tendencias macroeconómicas, mayor.es la dificultad y el rigor del ajuste, que tarde o temprano deberá emprenderse". El ejemplo más claro en ese sentido es el de la administración Betancur, en la cual durante los primeros dos años se hizo poco o nada para frenar una caída incuestionable de la economía. Este deterioro acabó siendo detenido cuando Roberto Junguito llegó al Ministerio de Hacienda, pero el costo fue considerable.

La verdadera voluntad sobre el ajuste debe manifestarse en los próximos días. El primer campo de confrontación debe ser el aumento del precio interno del café, el cual toca directa o indirectamente a unos dos millones de personas. Tradicionalmente, los cafeteros han reclamado que se les mantenga su poder de compra, pero es innegable que ahora cumplir esa petición es imposible. Los cálculos hechos demuestran que al país le cuesta 1.05 dólares colocar una libra de café en el mercado internacional, lo cual no es compatible con precios por debajo de los 80 centavos de dólar por libra. Aunque la semana pasada en Londres hubo algunos avances en las conversaciones, nada permite esperar que en el mejor de los casos el Pacto Cafetero se restablezca antes de varios meses. Frente a esa certeza, no hay otro camino que disminuir los costos del grano y en ese esquema la rebaja del precio interno real es clave (se estima que este equivale a unos 70 centavos de dólar por libra).

En consecuencia, el gobierno desea que el precio interno del café sencillamente no se reajuste. Tal como le dijo a SEMANA un experto en el tema "es evidente que nuestro café no es competitivo internacionalmente y que en los niveles actuales de precio interno no es posible desempeñarse en el mercado libre". Tal decisión deprimiría indudablemente a las zonas cafeteras, pero parece que el gobierno está dispuesto a correr con el costo del desprestigio, antes de dejar en peores condiciones a las finanzas del Fondo Nacional del Café. El interrogante consiste en saber si existe la voluntad política para resistir las presiones del gremio cafetero,que vería reducido su poder de compra en cerca de un 25%

El otro campo donde se debe librar la batalla interna es en el del déficit fiscal. La Nota Económica afirma que si no se hace nada para impedirlo, el saldo en rojo del Estado sería equivalente a un 4% del Producto Interno Bruto en 1990. Ese nivel le crearía serios problemas a la política económica. La experiencia del ajuste anterior indica que la financiación de un déficit demasiado grande acaba afectando negativamente a otros sectores de la economía, al tiempo que puede crear presiones inflacionarias y cambiarias.

Por lo tanto, el gobierno se ha fijado la meta de limitar el déficit a no más del 2.5% del PIB en los próximos años. El cumplimiento de ese objetivo se hace especialmente difícil teniendo en cuenta la destorcida cafetera. Por esa razón, son necesarios los recortes anunciados por el ministro de Hacienda, Luis Fernando Alarcón, en el campo de la inversión pública y los gastos del gobierno. Adicionalmente se prevén posibles aumentos en las tarifas de servicios públicos y eliminación de subsidios con el fin de ahorrarle dinero al Estado. Aunque desde ya se sabe que esas medidas tendrán un costo social inevitable, se dice que este sería mucho mayor si se deja que el déficit se desborde. Como si lo anterior fuera poco, algunos proponen la introducción de nuevos impuestos para disminuir el faltante del gobierno, pero se cree que no existe el clima político para que la idea prospere y por lo tanto esta se aplazaría hasta la llegada de la nueva administracibn.

Con esos frentes bajo control, el desafío siguiente es el del crédita externo. A diferencia de lo que sucedió en años anteriores, en esta oportunidad el reto no se centra en obtener el apoyo de la banca privada internacional, sino en conseguir la cooperación del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
A pesar de la claridad en ese aspecto, el problema consiste en que el Banco Mundial está frío con Colombia. Todo se explica por los repetidos incumplimientos de los planes de ajuste del sector eléctrico, el cual, según un observador, "está acabando con la economía". La carga financiera del sector es tan grande que es necesario ponerlo en cintura antes de que el hueco se siga agrandando.

Por lo tanto, si Colombia quiere dinero de la entidad, lo primero que debe hacer es recuperar su credibilidad.
La semana próxima debe llegar a Bogotá una nueva misión de funcionarios del Banco Mundial para ver cómo va el ajuste eléctrico. Si eso se soluciona, el paso siguiente es el de hacer varias solicitudes de préstamo. Según el ex ministro de Hacienda, Rodrigo Llorente, quien estuvo como observador en la Asamblea del Banco en Washington, "no hay un solo proyecto de Colombia en trámite ante la entidad ".

No obstante, el gobierno aspira recuperar el tiempo perdido con la ofensiva del ajuste que piensa comenzar en los próximos días. Tal como le dijo a SEMANA un miembro del equipo económico, "el lío con el Banco Mundial es solucionable". Con ese precepto en mente, se asegura que el panorama externo se encuentra despejado hasta 1992.

Adicionalmente, hay conocedores que opinan que se deben explorar otras alternativas. Tal como dice el ex ministro Llorente "hay que decidir por qué puerta se quiere entrar". En consecuencia, el economista conservador aconseja presionar al gobierno norteamericano. Llorente piensa, por ejemplo, que Colombia puede aspirar a créditos blandos para el Fondo Nacional del Café, otorgados por Washington a través de la Agencia Internacional para el Desarrollo (50 años de plazo, 3% de interés anual y cinco años de gracia), así como la que las agencias de sustentación de precios agrícolas del gobierno de los Estados Unidos compren parte de los inventarios de café a un precio superior al del mercado internacional.

Todos esos planes y alternativas empezarán a aplicarse y estudiarse en los póximos días. Por ahora, a pesar de la impopularidad que eso representa, todo indica que el gobierno preferirá actuar más temprano que tarde.
Aunque pocos dudan que la lluvia de críticas se avecina, parece que Alarcón y su equipo han decidido hacer de tripas corazón y comenzar a aplicar cuanto antes ese refrán que dice que más vale prevenir que curar.
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