Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/03/07 00:00

Mc Panaca

El original parque agropecuario del Quindío se exporta a México y otros países mediante el sistema de franquicia.

La acogida que ha tenido entre el público el Parque Natural de Cultura Agropecuaria (Panaca) se debe a que los visitantes y sus hijos pueden hacer cosas como alimentar cabras con teteros, ordeñar vacas, montar en búfalo o apostar en carreras de marranos. En una palabra, interactuar con la naturaleza, con los cinco sentidos. Algo que sería cotidiano para un campesino, pero que resulta emocionante y novedoso para los colombianos de hoy en día que son, mayoritariamente, bichos de ciudad.

Ahora este parque, que en sus tres años de operación en Quimbaya, Quindío, ha recibido 750.000 visitantes y que abrió hace unos meses una pequeña sucursal en Bogotá, ha dado pasos firmes para internacionalizarse con la apertura de un Panaca en México mediante el modelo de franquicia. Es una exportación atípica pues lo usual es que los empresarios colombianos salgan al exterior a buscar franquicias para importarlas, no para exportarlas. Lograr esto último es una proeza empresarial que tiene mucho trabajo detrás.

La historia empezó hace cuatro años. "Panaca partió de una reflexión sobre los parques temáticos, que son la principal tendencia del entretenimiento. Los hay de ciencia y tecnología, informática, o de atracciones mecánicas. Y todos tienen algo en común: alejan al hombre de la naturaleza. Nosotros quisimos lograr justamente lo contrario: acercar a la persona urbanizada a su cultura agropecuaria, a sus raíces. Todo el mundo tiene un abuelo campesino", cuenta Jorge Ballén, fundador de Panaca.

El proyecto recibió un empujón definitivo luego del terremoto que sacudió la zona cafetera en enero de 1999. Al enterarse de la tragedia Ballén, un agrónomo y empresario antioqueño que trabajaba en el Quindío, llamó al entonces gobernador del departamento, Henry Gómez, para ofrecerle ayuda. El mandatario le dijo: "Mejor venga y haga ese proyecto loco que tiene. Será de gran ayuda para reactivar la región".

El paso siguiente fue conseguir la plata. Los socios del proyecto aportaron los terrenos y con éstos como garantía consiguieron los créditos necesarios. El IFI, el Banco Agrario y Fonade aportaron el 95 por ciento de los recursos para hacer una inversión inicial, que alcanzó a 8.000 millones de pesos y contempló la construcción de 60.000 metros cuadrados en un terreno de 103 hectáreas en el municipio de Quimbaya.

El 7 de diciembre de 1999 el parque abrió sus puertas, registrando una afluencia de público cada vez mayor. Este éxito inicial, sin embargo, pronto se vio opacado por el temor de los colombianos a viajar por carretera, que redujo el número de visitantes. El bajonazo obligó a los socios de Panaca a reestructurar sus obligaciones financieras y los empujó a buscar otros mercados.

Se abrió así, a mediados de 2002, el parque de Bogotá, ubicado en unos terrenos alquilados junto al Salitre Mágico. Pero este era sólo un proyecto de transición, un paso intermedio hacia un modelo de negocio más ambicioso: la exportación de la franquicia, un campo en el que todo estaba por hacer. "En Colombia son comunes las franquicias de restaurantes de comida rápida, las de empresas de textiles, de química o tecnología. Pero no encontramos antecedentes de parques", cuenta Carlos Alberto Mejía, consultor de Planning S.A., que asesoró a Panaca en este proceso.



Abrir camino

El primer paso fue definir, describir y medir los 350 procesos que se requieren para el funcionamiento del parque. Desde cómo alimentar un cerdo u otro animal, pasando por las prácticas de sanidad y nutrición, hasta el montaje de los diferentes espectáculos que se presentan en Panaca, como las carreras de cerdos o exposiciones de caballos. La idea era producir manuales detallados de estas actividades técnicas, recreativas y pedagógicas. Esta parte educativa es, de hecho, uno de los servicios más importantes que ofrece el parque, que tiene montados 85 currículos para clases de campo para colegios, y además tiene convenios con 28 universidades, cuyos practicantes trabajan temas como zootecnia, administración agropecuaria o ecoturismo.

Tras un trabajo de 14 meses se terminó la producción de los manuales, que le permitieron a Panaca obtener la certificación de calidad ISO 9.000 y próximamente la ISO 14.000, que tiene que ver con su manejo ambiental. Panaca además patentó su marca, su logo y su mascota, que están asociados a estos manuales y, más importante, al concepto y la filosofía del parque.

Esto fue lo que salieron a vender en el exterior. Después de varias reuniones con inversionistas potenciales en algunos países en días pasados cerraron el primer negocio en México. Se trata de un parque que operará en Tamaulipas, al norte de Monterrey, cerca de la frontera con el estado de Texas en Estados Unidos. "Esperamos empezar con el primer Panaca México al finalizar este año. Desde el gobierno central hasta los municipios están entusiasmados con el proyecto. La inversión ya está y es del orden de 11 millones de dólares", dijo a SEMANA Eduardo Garza, uno de los inversionistas mexicanos.

De acuerdo con el esquema de la franquicia Panaca Colombia recibirá el 30 por ciento de la inversió, sin contar las tierras, y capitalizará esos recursos en acciones, para quedar de socio minoritario de la empresa operadora mexicana. Panaca Colombia aportará también su experiencia, capacitará el personal y se hará cargo de la logística y el desarrollo arquitectónico. También adaptará el montaje del parque a la cultura local, con su vestuario, su gastronomía y sus cactus, para demostrar la producción artesanal de tequila, por ejemplo. A cambio recibirá un porcentaje de los ingresos del parque mexicano, que se destinará al mercadeo y el desarrollo de la marca.

Este es el primer negocio concreto de varios en los que Jorge Ballén, gerente de Panaca, viene trabajando de tiempo atrás. "Hay proyectos preliminares en Costa Rica, República Dominicana y España. En este último país estamos trabajando con los gobiernos locales para abrir el primer parque en verano de 2004. De otro lado, a Gabriel García Márquez le ha gustado mucho el concepto de Panaca y quiere promover la apertura de un parque en Cuba, del que se beneficiaría la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños", afirma Ballén. También proyecta la construcción de un parque, no ya temporal sino permanente, al norte de Bogotá, entre Chía y Sopó.

Haber convencido a los inversionistas de comprar la idea es más difícil de lo que suena, pues había que persuadirlos de que es mejor pagar por la franquicia que lanzarse a hacer un parque similar sin tener la experiencia. "Tienen un concepto muy bien elaborado. Le hicieron ver al cliente que le iban a entregar la operación del parque, llave en mano. Además llegaron con unos estudios de mercado previos, muy bien hechos", comenta Luis Guillermo Plata, director de Proexport, entidad que puso su grano de arena facilitando algunos contactos con inversionistas potenciales. "Todos estamos muy impresionados con el proyecto. Nos interesó la filosofía que manejan de volver a los valores en el campo. Fuimos hace dos semanas a Panaca, en el Quindío, y nos sorprendió el orgullo de los visitantes del lugar", dice por su parte el mexicano Garza.

El hecho es que este parque, al igual que otros, como el del Café, le abren perspectivas al turismo en el país. Una actividad que en otros países genera mucho empleo y que en Colombia cuenta además con nuevos estímulos tributarios. Las perspectivas son buenas tanto externa como internamente, a juzgar por la última temporada, en la que las caravanas 'Vive Colombia' llevaron a un aumento de 40 por ciento en el número de visitantes al Panaca de Quindío.

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