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| 7/9/2001 12:00:00 AM

A media luz

Los racionamientos de California y Brasil dejan lecciones sobre la regulación del sector eléctrico.

La crisis energEtica estalló primero en California, que desde hace varios meses viene lidiando con la escasez. Después fue en Brasil, donde la semana pasada el gobierno anunció un plan de racionamiento. Y si las cosas no mejoran y el clima no ayuda podría haber crisis energética en otros países del hemisferio. ¿Cómo se llegó a esta situación? La historia es distinta según el lugar.

En California lo que hubo fue una comedia de errores de las autoridades que regulan el sistema eléctrico. Crearon un mercado con libertad de precios para que los generadores vendieran energía al por mayor a los distribuidores. Pero, por razones políticas, le pusieron un techo al precio que pagaba el consumidor final. A medida que aumentaba la demanda de electricidad y además se encarecía el gas —el principal insumo de las termoeléctricas en California— los precios en el mercado mayorista se dispararon. Y al no poder trasladar este sobrecosto a los usuarios las principales empresas distribuidoras sencillamente quebraron. Ahora el gobierno estatal tiene que lidiar no sólo con la escasez de energía, sino también con la cascada de deudas que dejó la bancarrota de las distribuidoras.

A diferencia de California, la historia en Brasil no tiene que ver con la regulación del mercado. El principal culpable del racionamiento en este país es San Pedro, según ha dicho el presidente Fernando Henrique Cardoso. La sequía más severa en décadas, en un país que depende en un 93 por ciento de la energía hidroeléctrica, ha llevado a una situación similar a la que vivió Colombia en 1992.

Tanto en California como en Brasil las autoridades buscan soluciones que ataquen las causas del problema. Los cortes esporádicos han sido inevitables en California, donde además ha habido un incremento de 50 por ciento en las tarifas al usuario final. Con esto buscan que, al sentir la crisis en su bolsillo, los consumidores estén incentivados a reducir el consumo —algo que nunca hicieron mientras tuvieron una energía artificialmente barata—. Sin embargo esto no basta y las autoridades trabajan a marchas forzadas para perfeccionar la regulación y aumentar la capacidad de generación de energía.

En Brasil el gobierno se ha propuesto reducir el consumo de energía en 20 por ciento mediante un plan de ahorro que por ahora es voluntario. El que no cumpla con su cuota de reducción será sancionado con mayores tarifas y con cortes en el servicio. Así mismo, en adelante los partidos de fútbol se jugarán de día como una forma más que todo simbólica de contribuir al ahorro.

Pero, al igual que en California, la reducción en el consumo no basta. Por eso Brasil tiene ahora dos prioridades: aumentar la capacidad de transmisión para poder importar más energía desde Argentina —donde está sobrando— e incrementar la generación térmica para no depender tanto de los caprichos de la lluvia. La meta oficial es atraer inversionistas privados que se le midan a construir 54 plantas térmicas.

Mientras otros países están penando por la energía Colombia parece tener el problema solucionado en el corto plazo. Gracias a la recesión, que frenó el consumo, dicen algunos. En todo caso no hay que bajar la guardia. Los brasileños están ofreciendo toda clase de garantías e incentivos para atraer a las multinacionales de la generación térmica. Algunas de sus plantas están en Colombia y existe el riesgo de que las trasladen a Brasil si les pintan un mejor negocio allá. De otro lado, antes de ceder a las tentaciones populistas y controlar las tarifas por decreto, como se intentó hacer hace poco en la ley de servicios públicos, los legisladores colombianos deben entender bien cómo funciona el mercado para no repetir los errores de California.
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