Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1995/10/02 00:00

A MEDIA MARCHA

Por cuenta de las regulaciones y de la salud de la economía se acabó el crecimiento en las utilidades del sector financiero.

A MEDIA MARCHA

DURANTE EL GOBIERNO DE Virgilio Barco hizo carrera la frase el país va mal, pero la economía va bien. Esta premisa, que explicaba que la convulsionada situación política no se reflejaba en el clima de los negocios, le dio la tranquilidad a los inversionistas de que así el país se estuviera cayendo la economía seguía sana.
Es por ello que cuando la Superintendencia Bancaria reveló un estancamiento en las utilidades de los establecimientos de crédito, durante el primer semestre del presente año, más de uno se hizo cruces. Según las cuentas, el saldo en negro del sector financiero llegó a 377.000 millones, apenas un 3 por ciento más que en el mismo período de 1994. Pero a pesar del campanazo en el medio financiero no hay pánico, por lo menos todavía. Los expertos sostienen que lo sucedido obedece en gran parte a una apreciación contable: los recursos destinados para respaldar la siniestralidad de los créditos -provisiones- fueron incrementados de forma importante. Por cada peso que se guardaba antes, ahora hay que dejar dos, después de que se hicieron más duros los criterios de calificación de la cartera de las entidades. El superintendente bancario, Jorge Castellanos, sostiene que era indispensable adoptar esa medida porque "las normas existentes operaban para un sistema altamente regulado como el de los 80. Ahora hay más libertad, más competencia y hay que ser más prudentes".
A pesar del consenso, el aumento de las provisiones no fue la única medida que afectó los balances, pues otras determinaciones gubernamentales jugaron un papel importante. Por ejemplo, las compañías de leasing resultaron especialmente golpeadas y vieron disminuidas sus utilidades en un 88,9 por ciento por los cambios en las normas sobre depreciación de sus activos. Por su parte, las corporaciones de ahorro y vivienda redujeron considerablemente sus ingresos por la decisión del Banco de la República de no recibir los encajes en Upac sino en pesos: es decir que por ese dinero ya no obtienen ninguna rentabilidad.
Si bien los gremios del sector han llorado y pataleado por estas disposiciones, no todas las medidas oficiales han obligado a los establecimientos de crédito a darse la pela. La resolución 500 de la Superbancaria que exigió la valoración de las inversiones a precios de mercado, golpeó duramente a un buen número de entidades, pero a otras les permitió registrar utilidades como le sucedió a Corfinsura, que vio aumentar éstas en 165.000 millones de pesos.
Lo sucedido no obedece únicamente a las nuevas normas. El alto costo del dinero también es una explicación, sobre todo en el caso de las corporaciones de ahorro y vivienda y las compañías de financiamiento comercial.
Aunque el acuerdo logrado entre el gobierno y el Banco de la República bajó efectivamente las tasas no se puede decir que el negocio financiero esté libre de espinas. El nubarrón más grande es la cartera vencida, que ha crecido notoriamente (la Superbancaria también endureció los criterios sobre morosos y, por ahora, es imposible detectar cuál ha sido el aumento). Ante esta situación comienzan a escucharse las voces escépticas, como la del presidente de la Asociación de Instituciones Financieras -Anif-, Javier Fernandéz Riva, quien prevé que "este semestre va o ser bastante flojo, tanto por los cambios normativos como por el incremento de la cartera morosa". Los prestamos de consumo han sido los más golpeados, con una siniestralidad del 11,4 por ciento, contra un 4,0 por ciento de la cartera comercial y un 3,2 por ciento de la hipotecaria.
No sólo ha caído la calidad de los deudores de consumo, también su participación en el total del crédito. Según cifras de la Superbancaria, pasó de representar el 27 por ciento de la cartera en 1994 al 24 por ciento en 1995. Y es que, en parte, los mismos establecimientos crediticios se han conformado con tener menos clientes, pero de mejor calidad. María Cecilia Otoya, presidente de Leasing Aliadas, reconoce que "en medio nos estamos volviendo mucho más cautelosos, a pesar de que el 'Leasing' es uno de los negocios menos riesgosos en el terreno financiero".
De las filas del mercado financiero se fueron otros de los buenos clientes: los municipios y departamentos a los cuales el gobierno central metió en cintura. Ahora las entidades crediticias están en la obligación de controlar los préstamos a las entidades territoriales para que éstas no abusen del endeudamiento.
Pero el gran interrogante que hoy se formulan los banqueros tiene que ver con el futuro político. Por una parte, algunos de sus clientes han preferido esperar antes de que les sean desembolsados créditos y, por otra, el comportamiento del precio del dólar ha contribuido a aumentar la incertidumbre. Quizás por eso existen dudas sobre una nueva época de vacas gordas y ya se habla de que todo tiempo pasado, incluido el primer semestre del 95, fue mejor que el de ahora.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.