Lunes, 23 de enero de 2017

| 2000/04/17 00:00

A medio camino

Existen señales claras de una recuperación económica. ¿Pero se podrá consolidar ésta sin una reactivación del crédito?

A medio camino

Paul Krugman, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y uno de los más célebres economistas norteamericanos de la actualidad, decía en 1999 que la inesperada recuperación de las economías asiáticas se basó en lo que los expertos denominan “el principio del acelerador’’. Este —de manera muy gráfica— se asemeja, según él, a lo que pasa cuando una larga fila de automóviles que avanzan por una carretera a 95 kilómetros por hora se encuentra de repente con un tramo de vía en mal estado. El primer carro reduce su velocidad a 48 kilómetros por hora. El segundo tarda un poco en reaccionar y tiene que frenar aún más para no chocar al primero. Y así sucesivamente, hasta que los últimos tienen que parar casi del todo. La velocidad promedio bajará no a 48 sino a 25 kilómetros por hora o aun menos. Pero poco a poco el efecto del primer frenón se disipará y aunque la carretera siga en mal estado la velocidad promedio tenderá a 48 kilómetros por hora.

Según Krugman, algo similar les sucede a las economías cuando entran en crisis. En una primera etapa se da un declive en la demanda, los negocios acumulan grandes cantidades de inventarios y las compañías reducen la nómina. Se origina así un círculo negativo en el que se profundizan los problemas económicos. En la segunda etapa, y para salir de sus inventarios, los empresarios disminuyen los niveles de precios hasta el punto en que se estimula de nuevo la demanda, dando origen a un aumento de la producción en general. Esta situación se replica en varios sectores y termina generando un repunte de la economía. No obstante, según el mismo Krugman, para que se mantengan los nuevos vientos de crecimiento las empresas necesitan fondos frescos o, de lo contrario, tarde o temprano volverán a disminuir la producción industrial y se dará un nuevo descenso económico.



¿Alcanzará la gasolina?

En Colombia pareciera estar funcionando el principio del acelerador desde finales de 1999. En febrero la mayoría de los comerciantes afiliados a Fenalco dijeron haber tenido un repunte en sus ventas. En el sólo caso de Cadenalco, por ejemplo, las ventas de enero y febrero subieron en más de 14 por ciento con respecto al mismo período del año anterior según su presidente, Darío Jaramillo. Y la encuesta de la Asociación Nacional de Industriales (Andi) sobre producción industrial en el mes de enero muestra un crecimiento cercano a 12 por ciento frente al año pasado. Con un dato fundamental: el nivel de inventarios de las empresas está en su punto más bajo en cerca de una década, lo que demuestra que la economía colombiana no sólo tocó fondo sino que es evidente una aceleración del aparato productivo.

A pesar de lo anterior el crecimiento de la cartera de crédito de las entidades financieras se encuentra paralizado. Este hecho ha despertado una serie de temores sobre el vigor de la recuperación ya que en condiciones normales un incremento de la actividad económica debería desembocar en un aumento de la demanda de dinero. Ejemplo de esto fueron los primeros cinco años de la década pasada, en los que el PIB crecía al 5 por ciento y la cartera de crédito hacía lo mismo a una tasa de 35 por ciento. Hoy esto no está ocurriendo. Y la pregunta que surge es: ¿podrá seguir acelerando el paso la economía nacional sin que el sector financiero irrigue con recursos a las empresas?

Para Juan José Echavarría, director de Fedesarrollo, “uno pensaría en principio que no porque, como lo diagnosticó Milton Friedman, las grandes crisis, como la depresión de Estados Unidos en los años 30, responden a un fenómeno monetario en que la reducción de la liquidez estrangula a la economía; pero se debe reconocer que gracias al exceso de capacidad instalada que existe, y a que algunas industrias sí tienen liquidez, la economía pueda crecer, pero de manera lenta”.

Javier Fernández Riva, director de Prospectiva Económica y Financiera, concuerda con Echavarría. “En mis proyecciones de comienzo de año ya había previsto un problema con la cartera de préstamos, pero a pesar de esto el PIB puede tener un ascenso del 2,7 por ciento”, dice. No obstante lo anterior, Fernández Riva asegura que no se podrá retornar a los niveles de crecimiento del 5 por ciento de principios de la década pasada ya que se requiere un aumento de cerca del 50 por ciento en la inversión, lo cual no ocurrirá mientras el sector financiero siga siendo débil y las empresas no sean capitalizadas.



Deuda o capital

De acuerdo con los resultados arrojados por la encuesta de la Andi los industriales ven hoy por hoy un clima de negocios apto para invertir. Tanto es así que de mayo de 1999 a enero de 2000 la proporción de empresarios con dicha expectativa aumentó de 14 a 35 por ciento. En ese orden de ideas resultaría fácil diagnosticar una tendencia altamente positiva en la economía del país. Sin embargo el problema vuelve a ser el mismo: la falta de capital de trabajo, que se ha convertido en un dolor de cabeza para esos mismos empresarios, que no han podido encontrar las fuentes de financiamiento para renovar sus inventarios (ver gráfica).

Para el presidente de uno de los bancos más importantes del país —que prefirió permanecer anónimo—, el problema de cartera no se puede explicar por la aversión al riesgo crediticio por parte de los bancos, aunque reconoce que después de una crisis financiera como la que ha vivido Colombia siempre existe temor a prestar dinero. Para él hay dos razones para el lento ritmo de crecimiento de la cartera: por un lado, el hecho de que las compañías se volvieron más eficientes y trabajan con una menor cantidad de capital que hace unos años y, por el otro, el que todavía no existen suficientes inversionistas dispuestos a apostarle a la reactivación.

El banquero asegura que los industriales fueron los primeros en reconocer que la crisis económica desnudó un sobreendeudamiento de las empresas colombianas, razón por la cual considera que no es lógico pensar que ahora deban volver a acrecentar sus pasivos. Por el contrario, afirma que lo que debe hacerse es capitalizar dichas empresas mediante un fortalecimiento de su capacidad patrimonial. Según él, basta con ver el caso de México, donde la economía está creciendo al 4 por ciento y la cartera no ha repuntado.

No obstante el decano de la facultad de economía de la Universidad de los Andes, Santiago Montenegro, no piensa igual: “Es evidente que sin una recuperación del sistema financiero no habrá una nueva dinámica en los créditos y será imposible consolidar una reactivación; además Colombia no se puede comparar con México ya que en ese país la inversión extranjera directa alcanzó el año pasado 11.000 millones de dólares y en Colombia fue apenas de 250 millones”.

Sin una repatriación de divisas por parte de los industriales colombianos para capitalizar las compañías y sin una considerable inversión extranjera no ve de dónde saldrán los recursos para alimentar la reactivación. Por eso, para Montenegro, el sistema financiero sigue jugando un papel fundamental como fuente principal de liquidez para la economía nacional.

Quien resume mejor este tema es Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi: “No tenemos dudas de que la reactivación está en camino, pero para poder suplir la nueva demanda se requieren recursos frescos para la industria. Por eso hoy más que nunca es vital la ley de intervención económica y la creación de un fondo nacional para las capitalizaciones, que le dé oxígeno a las compañías, permitiéndoles así producir y aprovechar el aparente crecimiento de la demanda agregada”.

Si lo que dice Villegas no ocurre los primeros síntomas de reactivación se desvanecerán rápidamente y Colombia seguirá sumida en la crisis. Por ello, y aunque la mayoría de los expertos piensen que en el corto plazo la economía puede repuntar sin un crecimiento en las fuentes de financiación, es claro que en el mediano y largo plazos la liquidez en la economía —acompañada por tasas de interés bajas— marcará la diferencia entre un país letárgico y uno que recupere de manera sostenible su dinámica económica.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.