Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/01/02 00:00

MEJOR JUNTO AL FONDO

Rechazo general a propuesta para estatizar el Fondo Nacional del Café.

MEJOR JUNTO AL FONDO

Fue como lanzarse al río a nadar contra la corriente. El proyecto de ley presentado la semana pasada por el senador antioqueño Héctor Quintero Arredondo, al que anunció ponencia favorable otro senador paisa, el ex alcalde de Medellín William Jaramillo, para entregar el manejo de los dineros del Fondo Nacional del Café a una empresa industrial y comercial del Estado, no sólo arrancaba en clara contravía en una época en la que el mundo entero -incluidos los países socialistas habla más de privatización que de estatización, sino que desafiaba la lógica al pretender remplazar un sistema que hasta ahora ha funcionado bien, por uno que sólo despierta inquietud y dudas.

Por eso mismo, lo único que se oyó en la radio y se leyó en la prensa la semana pasada como reacción a la presentación de la iniciativa, fueron rechazos. Que se iba a acabar la concertación entre el gremio cafetero y el gobierno, pues se pasaba de un manejo por decisiones de consenso entre uno y otro, a uno por intermedio de una entidad cuya junta directiva sería mayoritariamente controlada por el gobierno. Que, por eso mismo, se le iba a entregar el manejo de los dineros del Fondo a los políticos. Y, en fin, que se iba a acabar de un plumazo con las garantías de un buen manejo de las jugosas rentas que deja la principal exportación del país.

Pero ésta, como la mayoría de las historias relacionadas con la cosa económica, era contada, para la mayoría de oyentes y lectores, en una lengua desconocida. Pocos entendían los problemas del reintegro cafetero, el impuesto ad-valorem y el subsidio al consumo interno. Sin embargo, la verdad es que para entender el asunto no se requería un curso intensivo de economía cafetera. En realidad, la cuestión era más sencilla de lo que parecía.

Todo había comenzado por el clima que se creó ante el inminente vencimiento el 31 de diciembre próximo, del contrato entre el gobierno y la Federación Nacional de Cafeteros, que ha regido durante décadas el manejo de los dineros del Fondo, una cuenta a donde llegan todos los recursos que se necesitan para financiar la economía cafetera, en cuestiones de publicidad, insumos, asesoría técnica, etc., y que se financia con un impuesto a las exportaciones de café.

Ante tal situación, la semana pasada surgieron dos propuestas. Una, la de los senadores Arredondo y Jaramillo. Y otra, la que el presidente Virgilio Barco anunció ante el pleno del XIV Congreso Nacional Cafetero, en la que el Primer Mandatario planteó una renovación del contrato, con algunas modificaciones.
La razón por la que tanto los primeros como el segundo proponían -en mayor o menor grado modificar la situación, tenía que ver sin duda con las críticas que el manejo del Fondo ha recibido en los últimos tiempos. Estas críticas están relacionadas esencialmente con algunas de las inversiones del Fondo alli donde, según muchos, "no le toca invertir". Se trata de la adquisición de un paquete accionario en la compañía aérea Aces, de la inversión en algunas corporaciones financieras y de lo que el senador Arredondo llamó el "derroche en relacianes públicas y publicidad, y la construcción de faraónicos edificios".

Sobre esto último, la opinión general es que las críticas pueden ser más demagógicas que reales. Los gastos en relaciones públicas y publicidad no sólo pretenden mantener la imagen de que Colombia produce el mejor café del mundo, sino que han servido para mejorar, a través del café, la deteriorada imagen internacional del país.
Y en cuanto a los faraónicos edificios, que el gremio productor más importante del país tenga las mejores instalaciones, inclusive si son muy lujosas, es algo apenas explicable, si se tiene en cuenta además que unas buenas instalaciones son también una cuestión de imagen y relaciones públicas. Más válidos resultan los primeros cuestionamientos, relacionados con inversiones como la de la compra de un paquete de acciones de Aces. Fue algo que despertó múltiples críticas en su momento, que mereció severos comentarios por parte de la prensa y que disgustó, entre otros, a la Contraloría General de la República, que tiene velas en el entierro porque el Fondo maneja dineros provenientes de impuestos.

Pero independientemente de la validez de estas críticas -que en realidad se refieren a inversiones que no sobrepasan el 2% de los activos del Fondo-, prácticamente nadie pensaba que justificaran cambiar el actual sistema y, menos que nada, convertir el Fondo en una empresa del Estado.
Como le dijo a SEMANA el ex ministro y experto en asuntos cafeteros, Jorge Ramírez Ocampo, "pensar que las cosas se purifican con un instituto descentralizado con participación de parlamentarios en su junta directiva, es por lo menos pintoresco".

Las más fuertes reacciones contra el proyecto de los senadores paisas vinieron por el lado que estos menos esperaban: los cafeteros antioqueños.
En un documento de nueve puntos, el Comité de Cafeteros de Antioquia aseguró que "el proyecto rompe, sin juicio ni análisis, 50 años de una política cafetera que ha sido objeto de admiración y modelo para todas las naciones productoras de café".

El debate parecía estar resolviéndose a favor de los defensores del actual sistema, cuya mejor argumentación eran los buenos resultados que éste ha arrojado durante décadas. Pero aparte de esto, se ponía en evidencia que los cafeteros, además de tener la razón, sabian -como siemprevender muy bien sus argumentos. Y no era para menos. A lo largo de los años, han creado una infraestructura de lobbying sutil y de relaciones públicas al más alto nivel y de la mayor eficiencia. Esto hace que en todos los lugares donde se toman las decisiones o donde se crea opinión, haya siempre un amigo de la Federación Nacional de Cafeteros.

Para redondear la historia, al cierre de esta edición se abría paso la propuesta del presidente Barco, de renovar el contrato por 10 años, y de introducirle algunas modificaciones para corregir las cosas que no han funcionado bien. Aunque hasta ahora, el Primer Mandatario ha sido demasiado vago en la definición del tipo de modificaciones que el gobierno desea hacer al contrato--al grado que algunos miembros del equipo económico se están desvelando por tratar de adivinar lo que Barco quiere-, algunos elementos se han filtrado ya.
Se sabe, para empezar, que el Presidente desea tener en cuenta algunas de las recomendaciones que en su momento hiciera el contralor General, Rodolfo Gonzalez, sobre la limitación y reglamentación que se debe introducir a las inversiones de dineros del Fondo. También se sabe que el ex ministro de Minas, Guillermo Perry, un hombre a quien el Presidente suele tenerle confianza, habría hecho un memorando con algunas recomendaciones sobre la forma como debe renovarse el contrato.

Se espera, pues, que en pocos días se inicien los contactos para que el gobierno y los cafeteros renegocien las normas que rigen el manejo del Fondo. Para uno y otros, será un diciembre intenso, con pocas novenas, mucho debate y, ojalá, un feliz Año Nuevo con contrato nuevo. -

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