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| 7/16/1990 12:00:00 AM

Mejor prevenir

Medidas para controlar el riesgo en la emisión de bonos

La mayoría de los ahorradores colombianos son alérgicos al riesgo. Sobre todo después de los sucesos ocurridos en el sistema financiero en la primera mitad de la década pasada y en las bolsas de valores hace mucho menos tiempo, y en los cuales, según los analistas, tuvo mucho que ver el Gobierno, por falta de control.
Por eso, y para curarse en salud, las autoridades acaban de modificar las normas sobre captación de ahorro privado a través de la emisión de bonos al público. Estos papeles, que estuvieron de moda el año pasado, se han convertido en una muy importante altemativa de inversión. De paso, se adoptó un novedoso mecanismo de transparencia para el mercado con la creación de sociedades calificadoras de riesgo, encargadas de certificar la confiabilidad de los papeles que salgan a las ruedas bursátiles.
Antes de salir al mercado, todo bono será objeto de calificación de por lo menos una sociedad independiente y especializada, inscrita ante la Comisión de Valores. La evaluación tendrá en cuenta la capacidad del emisor para pagar oportunamente el capital y los rendimientos correspondientes, la liquidez del título y otras características financieras que se revisarán periódicamente. La medida entrará en vigencia cuando sea creada la primera calificadora.
Aunque las alternativas de reglamentación apenas se estudian, se parte del principio de que quienes formen parte de esas sociedades deberán tener honorabilidad intachable y ser expertos en los campos financiero, comercial, contable y bursátil. Serán inhábiles, por ejemplo, si aparecen sancionados por la Superintendencia Bancaria o por la Comisión de Valores.
La calificación tendría categorías, por ejemplo A, B, C, D y E. Obtendría "A" los valores con una buena capacidad de pago de capital e intereses en los términos y plazos pactados, no susceptibles de ser afectados por cambios predecibles en la empresa emisora, en el sector industrial o en la economía general. Serían "B" los papeles modificables por variaciones de la compañía o del devenir económico. A la "C" pertenecerían los que no tienen buena capacidad de pago por eventuales cambios sectoriales. A la "D" los que tienen una alta probabilidad de retardo en los pagos o pérdida de lo intereses y del capital. Y a la "E", los que no tienen información de respaldo válida ni garantías suficientes.
En el futuro estarían cobijados los demás títulos de obligaciones de contenido crediticio emitidos por las empresas. Pero hay dudas sobre la aplicabilidad de la calificación a las acciones o en el campo financiero a los certificados de depósito a término. Los CDT deberían ser evaluados, pero es claro que la calificación C, D o E para uno de ellos implicaría una reacción de desconfianza entre los ahorradores del emisor.
En teoría, la idea de las calificadoras es buena, según los observadores pero se resquebrajaría en la práctica. ¿Acaso el volumen del mercado colombiano las justifica? Sergio Uribe director de banca de inversión de Corredores Asociados, alaba la medida pero considera que no es muy probable que tenga éxito. Los observadores del mercado bursátil piensan que el tamaño de las emisiones no da para tamto. En Estados Unidos existen apenas dos o tres firmas especializadas en calificación.
Sería, según expertos consultados, una empresa económicamente poco factible porque debe poseer el objeto social único de calificadora de riesgo. La otra pregunta es ¿cuánto pueden valer esos servicios? No se augura supervivencia larga a quien se dedique sólo a eso. Al ritmo que van las emisiones de bonos, en 1990 el negocio parece improbable.
Para algunos, el gobierno quiere quitarse de encima aquel estigma de que por autorizar los papeles de inversión, está respondiendo ante un presunto fracaso. En realidad ahora su rol no pasa de verificar si cumple con las condiciones formales.
Los emisores de bonos no han defraudado a los ahorradores pero se quiere evitar que llegue el primer caso sin que se hayan tomado medidas para prevenirlo. Recientemente un emisor de acciones fue sancionado por la Comisión de Valores porque omitió a los inversionistas cifras y datos sobre circunstancias que podían afectar su desenvolvimiento financiero. Sus informes presentados a una misma fecha de corte y a diferentes estamentos como Superintendencia de Sociedades, Cámara de Comercio y Comisión de Valores diferían notoriarnente. Ese suceso demostró que todo puede pasar. Lo cierto es que la inversión tiene siempre como uno de sus requisitos el riesgo, lo que se busca es que sea un riesgo controlado.
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