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| 9/18/2010 12:00:00 AM

Misión casi imposible

Ante las poderosas fuerzas del mercado que han derrumbado el dólar en todo el planeta, es hora de pensar en opciones más novedosas para evitar que la revaluación arruine a más empresas.

La semana pasada el dólar en Colombia rompió la barrera de los 1.800 pesos, y quién dijo miedo. Industriales, exportadores, agricultores, comerciantes locales que compiten con las mercancías importadas y analistas pusieron el grito en el cielo, pues con la tasa de cambio en ese punto más de un negocio se puede ir a pique.
 
La divisa estadounidense se descolgó en los últimos días hasta los 1.788 pesos, un nivel que no se veía desde hace dos años, y ya la moneda colombiana es la más revaluada del planeta. En los primeros nueve meses de 2010, el precio del dólar ha perdido cerca de 250 pesos.
 
Con razón hay inquietud. Los productores de bienes y servicios que exportan ven cómo se reducen sus ingresos cuando convierten a pesos los dólares que les pagaron sus clientes internacionales. Mientras tanto, la mayoría de sus gastos en moneda local, como los salarios, siguen subiendo. Con este desbalance los trabajadores terminan pagando los platos rotos pues muchas empresas acuden a recortar personal para sostenerse. Para el gobierno es muy preocupante que las empresas comiencen a despedir empleados, justo cuando la economía comienza a tomar fuerza. Además, el presidente Juan Manuel Santos se comprometió a crear 2,5 millones de nuevos puestos en el cuatrienio.
 
En medio del desespero cambiario, muchos miran hacia el Banco de la República para reclamarle que intervenga con más energía en el mercado a través de la compra de divisas, mientras otros le piden a gritos al gobierno una ayuda para paliar el momento.
 
El problema es que ninguno tiene la fórmula mágica para revertir la tendencia a la revaluación que se viene dando desde hace varios años.
 
No hay que perder de vista que este no es un fenómeno exclusivamente de Colombia. El dólar se está debilitando frente a todas las monedas. Por primera vez en seis años, Japón acaba de comenzar a intervenir en el mercado de divisas con 20.000 millones de dólares para frenar el alza del yen, y en Brasil las autoridades anunciaron medidas para contener la revaluación del real y evitar la pérdida de competitividad de sus empresas. Lo más crítico es que los analistas no ven en el corto plazo un cambio en esta tendencia porque los problemas fiscales de Estados Unidos persisten, y mientras sea así, continuará debilitándose su moneda.
 
A esta coyuntura internacional hay que agregarle los ingredientes puramente locales que están ayudando a la apreciación del peso. La economía está dando señales muy positivas, lo cual anima a pensar que el crecimiento este año podría estar alrededor del 5 por ciento, lo que quiere decir que el país seguirá siendo atractivo para la inversión extranjera directa y llegarán más dólares a futuro. Por otro lado, los pronósticos sobre el auge minero-energético incrementan las expectativas de mayor revaluación.
 
Como se ve, las fuerzas del mercado son muy poderosas y es hora de actuar en otros frentes y no necesariamente con los acostumbrados subsidios a los exportadores que más lobby han hecho. Entre julio de 2007 y junio de 2008, el gobierno Uribe entregó ayudas por 650.000 millones de pesos a los exportadores afectados por la revaluación. Estas ayudas se dieron a través de los Certificado de Reembolso Tributario (Cert); de créditos blandos de Bancóldex; de apoyo directo a sectores como banano, flores, café, y por la vía de la reducción de aranceles para que los empresarios importaran materias primas a menor costo. También se aplicaron controles sobre los flujos de endeudamiento externo y de inversión de portafolio.
 
Todas las medidas anteriores no fueron suficientes. En esta dirección están comenzando a llegar propuestas como la del ex ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, quien ha puesto su grano de arena con una fórmula novedosa.
 
Su idea consiste en crear un fondo que cubriría una parte de la carga laboral de las empresas exportadoras si la tasa de cambio baja de cierto nivel. Si la tasa sube, esas mismas empresas contribuirían al fondo. Carrasquilla dice que se pondrían unos requisitos básicos a las empresas y que el gobierno aportaría el capital semilla de ese fondo. "La garantía de conversión propuesta no buscaría proteger el patrimonio de las empresas, sino defender los puestos de trabajo formales que dichos patrimonios amparan".
 
A los floricultores les sonó la propuesta. Augusto Solano, presidente de Asocolflores, dice que el esquema ataca el problema en donde es, pues el mayor impacto de la revaluación recae sobre el incremento del costo laboral, y esta medida busca neutralizarlo. Esta propuesta, sin embargo, no está exenta de obstáculos. Por ejemplo, ¿quién pondría la plata para el fondo? Solano dice que lo debe asumir el gobierno con recursos provenientes de la bonanza extractiva y de los beneficios que obtiene por el servicio de la deuda a causa de la revaluación. Otros, como Marc Hofstetter, economista de la Universidad de los Andes, creen que debe ser plata de las propias empresas.
 
Para otros analistas es preferible que se cubra con recursos del presupuesto para proteger el empleo, antes que dar subsidios a quienes más se quejan porque cayeron sus utilidades. En este sentido, para Hofstetter la idea de Carrasquilla rompe con la experiencia reciente que mostró que los sectores que más lloran reciben ayuda. "En los buenos tiempos, en términos de tasa de cambio, estos sectores guardan prudente silencio y sus arcas se llenan; en tiempos de tasa de cambio apreciada, alzan la voz y los contribuyentes les echamos una mano".
 
El presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, también destapó su fórmula. Recomienda reducir rápidamente los costos de producción para ganar competitividad. En particular, sugiere eliminar la sobretasa del 20 por ciento en las tarifas de energía no regulada industrial y reducir los aranceles de bienes de capital y materias primas no producidos en el país, receta que ya se utilizó en el pasado.
 
En esta misma dirección de aportar su granito de arena, el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, piensa que sería bueno reducir los aranceles para los insumos del sector agropecuario como fertilizantes, agroquímicos y maquinaria agrícola no producidos en el país, lo cual permitiría bajar los costos a los productores agropecuarios muy golpeados por la revaluación.
 
Ahora bien, en el gobierno muchos piensan que al sector privado aún le falta un mayor esfuerzo para ganar en competitividad y para no depender exclusivamente de la ventaja que da la tasa de cambio. Los empresarios, por su parte, dicen que el gobierno tiene que avanzar más aceleradamente en sanear las finanzas públicas. El déficit fiscal presiona aún más hacia la revaluación del peso, pues hay que financiarlo con deuda.
 
De todo lo anterior, lo que queda claro es que la situación para muchas empresas es crítica y se requiere una fórmula que vaya más allá de las tradicionales que se han aplicado en Colombia. El palo no está para cucharas y la coyuntura se torna más crítica día tras día. La intervención del Emisor con la compra de divisas puede resultar una cura momentánea y no la cirugía que se necesita en este caso. Valdría la pena innovar en la receta para aprender a vivir con revaluación, que al fin de cuentas es un costo que hay que pagar por el éxito de la economía.
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