Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1999/01/11 00:00

MONEDA DURA

La adopción a partir de enero del euro como divisa en 11 países de Europa amenaza la hegemonía global del dólar.

MONEDA DURA

Nadie duda que en materia de monedas el siglo XX será recordado como la era del dólar. Con el fin de la hegemonía del imperio británico y la desaparición del patrón oro como mecanismo de conversión tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos surgió como la primera potencia económicadel planeta y con ello su moneda se expandió rápidamente por el globo y se convirtió en la primera divisa verdaderamente universal. Hoy, a las puertas del nuevo siglo, está a punto de nacer un rival de peso para la moneda norteamericana. Se trata del euro, divisa que comenzará a ser utilizada en 11 países de Europa a partir del primero de enero del próximo año.
La verdad es que el euro nacerá en un hogar privilegiado. Los 11 países que conforman la llamada 'Eurozona' _es decir aquellas naciones de la Unión Europea (UE) que comenzarán a utilizar el euro el próximo año_ tienen 289 millones de habitantes y conforman un bloque económico con un producto interno bruto de 6,8 billones de dólares (ver cuadro). Si a éstos se agregan Gran Bretaña, Dinamarca, Suecia y Grecia _países miembros de la UE que o han optado por ahora no ingresar a la unión monetaria (caso de los dos primeros) o no cumplieron a tiempo los requisitos del acuerdo de Maastricht (caso de los dos segundos)_ se tiene el bloque económico más importante del planeta, con una actividad económica casi un 10 por ciento mayor a la de Estados Unidos.

Nace un coloso
La mecánica de la entrada en vigor del euro parece relativamente sencilla. El 31 de diciembre de este año la Comisión Europea fijará, utilizando las tasas de cambio del cierre de ese día, las tasas de conversión entre las divisas de cada uno de los 11 países de la Eurozona y el euro. El fin de semana siguiente _entre el primero y el 3 de enero_ será un gran feriado bancario durante el cual todas las entidades financieras del continente pondrán a prueba y luego en funcionamiento sistemas que les permitan trabajar con el euro a la vez que con su moneda nacional. A partir del lunes 4 de enero de 1999 el recién creado Banco Central Europeo tomará las riendas de la política monetaria de la Eurozona, los bonos y acciones del área se transarán solamente en la nueva moneda, los bancos mostrarán los extractos de sus clientes en euros y la moneda local, algunas grandes compañías comenzarán a llevar su contabilidad en euros y los habitantes y empresas de los países miembros tendrán la alternativa de utilizar sus respectivas monedas nacionales o la nueva moneda para todas las operaciones de tarjeta de crédito, cheques, transferencias entre cuentas y otros pagos electrónicos
Sin embargo, para hacer más fácil la transición, las monedas y billetes denominados en euros no entrarán en circulación hasta el primero de enero de 2002 y las divisas nacionales no dejarán de operar sino hasta el primero de julio de ese año. En ese momento el euro se convertirá en la moneda única de al menos 11 países de Europa. Los otros cuatro miembros de la Unión Europea y otros países del continente, como Polonia, la República Checa y Turquía, que están buscando integrarse a la UE, tendrán la posibilidad de adoptar el euro siempre y cuando cumplan ciertas metas de índole macroeconómica.

El euro y las empresas
Para el sector privado europeo la adopción del euro constituye el mayor reto económico desde el proceso de reconstrucción que siguió al desastre de la Segunda Guerra Mundial. Se estima que el costo de la transición a la nueva moneda en términos de inversiones en nuevos sistemas para las empresas de la Eurozona será cercano a los 65.000 millones de dólares. Más allá de los costos directos, las empresas tendrán que enfrentar un entorno competitivo radicalmente diferente donde las imperfecciones de precios y mercados que existían entre los países de la zona dejarán de existir y las estrategias puramente nacionales no bastarán para ser exitoso. En este proceso seguramente habrá ganadores y perdedores.
Uno de los sectores que a juicio de muchos será un perdedor con la adopción de la moneda única será el financiero. Este, además de tener que sufragar los mayores costos en términos de sistemas, verá desaparecer muchos de sus negocios más rentables como lo es el de cambio de monedas (en este campo la pérdida de los bancos es ganancia para las empresas no financieras que gastan más de 12.800 millones de dólares al año en comisiones por conversión de divisas). En el área de corretaje la posibilidad de hacer arbitraje de tasas de interés y tasas de cambio entre países europeos aprovechando las imperfecciones del mercado también se acabará. Sin embargo los bancos más fuertes y mejor preparados para el cambio podrán crecer, realizar mayores economías de escala y explotar un mercado financiero que sin dudas crecerá.
Si la transición con la moneda única es exitosa, los europeos comunes y corrientes se verán beneficiados. Al integrar todas las economías de la zona el euro aumentará los niveles de competencia, lo cual tenderá a reducir los precios de bienes y servicios para los compradores finales. Además el Banco Central Europeo calcula que la unión monetaria podría aumentar la tasa de crecimiento de largo plazo de la UE en un 1 por ciento por año.
Del otro lado del Atlántico seguramente no habrá celebración. Al fin y al cabo es posible que en unos cuantos años George Washington deje de ser el rostro más reconocible del mundo.

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