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| 3/24/2012 12:00:00 AM

A muy buen ritmo

La economía colombiana creció el año pasado 5,9 por ciento, una de las tasas más altas de la región. Pero mientras la minería va disparada, hay sectores que marchan lentamente. ¿Por qué no aceleran el ritmo?

Las cifras que reveló el Dane la semana pasada sobre el comportamiento económico en 2011 no sorprendieron a nadie. Por el contrario, ratificaron lo que ya todos sabían: que el pasado fue un año excelente -con un crecimiento del 5,9 por ciento- el mejor desde 2007, pese al difícil panorama internacional. En el contexto externo, Colombia ocupó el año pasado el quinto lugar en términos de crecimiento, después de China (8,9 por ciento), Argentina (8 por ciento), India (6,1 por ciento) y Chile (6 por ciento).

Los datos sobre el Producto Interno Bruto (PIB) también confirmaron que una de las cinco locomotoras del gobierno del presidente Juan Manuel Santos es la que lleva el mayor impulso. Por segundo año consecutivo, la minería, con un crecimiento del 14,3 por ciento, sigue sacando la cara por la economía.
 
"Hoy por hoy el principal contribuyente del Estado es el sector minero-energético, lo que ratifica que es el más importante en el país", reconoció el ministro de Minas, Mauricio Cárdenas, que destacó los millonarios recursos que se giran a través de impuestos, regalías y contribuciones. Solo el año pasado, por ejemplo, Ecopetrol le transfirió a la nación una cifra récord de 19,5 billones de pesos, que equivalen al 90 por ciento de todo el presupuesto para el sector defensa del país. En el buen desempeño del sector de minas y petróleo influyó el alza en los precios internacionales, como es el caso del barril del crudo, que superó los 100 dólares.

Para algunos analistas, el país no está creciendo de manera homogénea y sana y ven con alguna preocupación la excesiva dependencia de la economía colombiana de la minería, que no es intensiva en mano de obra. Esto podría llevar a un proceso de desindustrialización preocupante con consecuencias graves sobre el empleo y hay quienes temen por el síndrome de la llamada enfermedad holandesa, nombre general que se le asigna a las consecuencias dañinas provocadas por un aumento significativo en los ingresos de un país.

Otros piensan que no hay que dramatizar el asunto. Daniel Niño, director de Investigaciones Económicas de Bancolombia, afirma que "no hay que culpar a la minería, pues tenemos una ventaja natural que debemos aprovechar. Hay que tener en cuenta que en ninguna economía todos los sectores son igual de productivos". Además, reconoce que si bien la minería crece a más del doble del PIB general, los otros sectores están reportando buenos comportamientos.

Daniel Velandia, director de Investigaciones de Correval, señala por su parte que las cifras reflejan que el boom minero-energético se está irrigando por toda la economía.

La verdad es que el sector de minería y petróleo es de las grandes apuestas del gobierno, gracias al importante monto de regalías e impuestos que giran a la nación. Hace 40 años la economía colombiana dependía en gran medida de lo que sucediera con el café, el principal producto de exportación en ese momento. Ahora, la bonanza es minero-energética y el país tiene que aprovecharla, pero también el reto es inmenso por los temas ambientales que son críticos en este sector.

El asunto es que mientras la minería parece un tren de alta velocidad, hay otras locomotoras que parecen de vapor. Es el caso de algunos subsectores de la infraestructura, donde el país tiene puestas todas sus esperanzas para superar el atraso de más de 30 años. Todo el mundo está esperando que esta locomotora acelere su ritmo, ahora que entra en aplicación el TLC con Estados Unidos. En su conjunto, este sector creció el año pasado 6,5 por ciento. Pero no todos los subsectores tienen el mismo comportamiento. Por ejemplo, la construcción de carreteras, puentes y túneles cayó 16,2 por ciento como consecuencia del fuerte invierno que vivió el país y a la mayor fiscalización de organismos de control como la Contraloría, que han llevado al freno en muchos proyectos ante el temor de los inversionistas de terminar empapelados. La construcción de vías férreas y pistas de aterrizaje reportó un descenso mucho mayor como consecuencia del invierno, mientras que la construcción de represas y puertos aumentó 42 por ciento, así como las obras de ingeniería, que crecieron 72 por ciento.

Según la Cámara Colombiana de la Infraestructura, el desempeño de obras civiles está asociado básicamente al boom minero-energético (vías de acceso a los campos petroleros, por ejemplo) y no a la construcción de los grandes proyectos viales, que siguen rezagados como consecuencia de problemas contractuales tales como compra de predios y discusiones con las comunidades.

La vivienda es la otra locomotora que por fin despegó, pero debe acelerar su ritmo. El año pasado creció 5 por ciento, registrando un mayor dinamismo en el segundo semestre. Se espera que en 2012 la cifra récord en licencias de construcción se traduzca en la ejecución de los proyectos de vivienda.

Ahora bien, la caída del 11,2 por ciento en la producción cafetera, que tiene un alto peso en el PIB agropecuario, frenó la locomotora del agro que, en su conjunto, según el Dane, creció 2,2 por ciento el año pasado. El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, dice: "Todavía no la tenemos a la velocidad de crucero como querríamos verla, pero ha salido de ese taller de reparación donde estaba parada". En el caso del agro influyó negativamente el fuerte invierno que anegó más de un millón de hectáreas dedicadas a la agricultura y ganadería.

Hay sectores que se han visto impulsados por el mayor consumo de los hogares. El comercio y la banca crecieron casi un 6 por ciento el año pasado. Juanita Téllez, directora de Investigaciones Económicas del BBVA, afirma que hay otros factores que jugaron a favor del buen crecimiento económico del año pasado como el crédito de consumo, que creció a tasas superiores al 25 por ciento por las bajas tasas de interés.

Aunque las cifras que reveló el Dane son muy buenas, la verdad es que nadie está esperando que se repitan este año. En el último trimestre de 2011 el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) fue de 6,1 por ciento, inferior al registrado en el trimestre comprendido entre julio y septiembre (7,7 por ciento), lo que demuestra que comenzó un aterrizaje suave de la economía. Las proyecciones para Colombia en 2012 oscilan entre 4,6 por ciento y 5,2 por ciento, dependiendo de cómo avance la crisis internacional. La política del Banco de la República, al aumentar las tasas de interés, tendrá también el efecto de bajarle entusiasmo a la economía. El crédito de consumo ya comenzó a mostrar un menor dinamismo y se espera que este año crezca 17 por ciento.

Lo cierto es que el gobierno está muy contento con las cifras del año pasado. El ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverri, afirmó que el crecimiento, que fue liderado por el consumo de las familias y la inversión del sector privado, se está reflejando en más bienestar para los hogares, en más empleo y calidad de vida. "El crecimiento del PIB 2011 refleja la consolidación de un crecimiento sostenible", señaló. La verdad es que este es el gran reto que tiene el país. Lograr un crecimiento sostenible entre 5 y 6 por ciento en los próximos años, pues es la única manera de generar más empleo, bajar la inequidad y lograr una mayor distribución de la riqueza. Y aunque en ninguna economía todos los sectores son igualmente productivos y crecen al mismo ritmo, es de esperarse que las otras locomotoras también marchen a toda máquina.
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