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| 1/15/1996 12:00:00 AM

NADANDO EN CRUDO

Las cifras sobre producción y exportaciones de petróleo demuestran que la tan anhelada bonanza ya comenzó.

UNO DE LOS BRINDIS QUE NO FALTARA EN muchas mesas casanareñas durante este diciembre hará referencia a la lluvia de petróleo. Al fin de cuentas, desde el 6 de julio del año pasado, cuando salió el primer embarque con crudo de Cusiana desde el puerto de Coveñas, es tanto el oro negro que ha corrido por debajo de esas tierras que alguien, al calor de la fiesta, levantará muy seguramente la copa y dirá: al fin apareció la bonanza petrolera.
Y tendrá razones para hacerlo. Si algo pasó en 1995 es que al tan anunciado boom de Cusiana le llegó su hora. De una producción de 10.000 barriles diarios en septiembre de 1994 el campo casanareño pasó a una de 185.000 barriles diarios en julio de este año. La razón es que el cronograma para terminar la fase uno del proyecto se adelantó tres meses. Y como la cifra de producción se refleja en ventas, las exportaciones de petróleo también tuvieron un crecimiento importante, del 56,7 por ciento con respecto al primer semestre del año anterior -ver cuadro-. Los principales compradores fueron Estados Unidos, Puerto Rico y los países del Pacto Andino.
La llegada de Cusiana al mundo petrolero no sólo fue buena por el aumento de la cantidad exportada, sino también por las mejores condiciones en que Colombia pudo colocar el crudo en el mercado internacional, que superaron a la variedad West Texas Intermediate -WTI-, promedio al cual se ha vendido tradicionalmente. el petróleo nacional. Por ser un crudo más liviano, el de Cusiana logró venderse algunos centavos por encima. Eso, luego de una ardua labor de lobby por parte de los socios del proyecto, que le mostraron a los nuevos clientes las bondades del producto.
El camino que tocó recorrer para producir más petróleo no fue fácil. Fueron necesarias inversiones por 1.226 millones de dólares entre todos los socios del proyecto -Ecopetrol, BP Exploration, Total y Triton- para adecuar la infraestructura a las nuevas exigencias. Pero si esa cifra resulta elevada, es mayor aún la que falta: 3.894 millones de dólares. El dinero será necesario para llegar a la fase dos del desarrollo de Cusiana, que terminará a finales de 1997 con una producción de 500.000 barriles, incluyendo Cupiagua, cuyo desarrollo va de acuerdo con el cronograma.
Una de las obras más costosas es la del Oleoducto Central, que tras un tortuoso recorrido para conseguir todas las licencias del caso , arrancó su construcción en agosto por parte de Ocensa, la firma conformada por los socios de Cusiana y las firmas Transcanadá e International Investment. Una vez esté listo, en 1997, se podrá decir que Colombia comenzó a pisar más fuerte dentro de las ligas petroleras del mundo. Será así por cuanto en los próximos 20 años hay planes para extraer del Casanare unos 2.000 millones de barriles de crudo, lo que a precios de hoy va a generar ingresos brutos por más de 36.000 millones de dólares.
Aunque las cifras sean altas para un país como Colombia, que de reservas por 1.600 millones de barriles pasó a tener 3.600 millones de barriles, aún son bajas comparadas con las de los países de las grandes ligas. Venezuela, por ejemplo, tiene 62.600 millones y México 51.300. Lo que quiere decir que Colombia tiene apenas el 2,86 por ciento de las reservas de América Latina. Y si se miran con respecto a las del Medio Oriente, las cuentas son aún menos alegres. En esa región hay 661.000 millones de barriles de crudo.
Tanto es así que Colombia aún sigue importando gasolina. De acuerdo con las últimas cifras del Dane y la Dian, entre enero y junio de este año el país importó 198,2 millones de dólares de ese combustible, con una variación del 29,1 por ciento en relación con igual período del año anterior. De acuerdo con el vicepresidente de exploración de la Empresa Colombiana de Petróleos -Ecopetrol-, Ismael Enrique Arenas, "lo que ocurre es que las refinerías en Colombia no abastecen la demanda de gasolina en el país. Y además, ahí surge la pregunta de si se justifica asumir los altos costos de construir una refinería en lugar de importar la gasolina. Sin embargo, lo que se quiere es estimular al sector privado para que, entre a ese negocio". Por ahora, lo qúe se va a hacer es destinar unos cuantos barriles del crudo de Cusiana -que es más liviano- a la refinería de Barrancabermeja para enriquecer la mezcla de los otros crudos nacionales y producir gasolina. El máximo serían 50.000 barriles, pero aún falta tiempo para llegar a esa cifra.

AGUAS NEGRAS
Pero aun cuando el crudo que produce Colombia no sea todo el que el país quisiera, el hecho de que la bonanza haya comenzado quiere decir que también tienen que empezar los cuidados por la plata que va a entrar por la mayor producción de petróleo. Y si hay un lugar al que toca echarle ojo especialmente es a Casanare, un departamento de 200.000 habitantes, con las características propias de una provincia petrolera, cuyo curso ya comenzó a cambiar dramáticamente.
Al menos eso es lo que demuestra el estudio del Centro Regional de Estudios Cafeteros y Empresariales -Crece-, contratado por los socios privados del proyecto Cusiana. De acuerdo con el informe, los ingresos del gobierno departamental llegaron a 30.509 millones de pesos el año anterior, frente a 555 millones de pesos en 1984. Con ese volumen de recursos no es de extrañar entonces que este año las copas suenen por cuenta del petróleo. No obstante, como no todo es color de rosa, los gastos fueron levemente superiores a esa cifra -30.822 millones de pesos-. Esa ha sido la tendencia desde 1992, y a pesar de que en 1994 la mayoría se fue a inversión, el 13 por ciento se destinó a gastos de funcionamiento y el 12 por ciento al servicio & la deuda.
Aunque una parte de la historia ha sido el probable exceso de gastos, hay otra que es bien distinta. Casanare tuvo entre 1985 y 1993 un sorprendente crecimiento promedio, del 8,3 por ciento, que es el doble del que hubo a nivel nacional. Y aunque el agro y la ganadería perdieron participación dentro del total de la torta de producción, mantuvieron ritmos importantes de crecimiento. El sector petrolero. Por su parte, como era obvio. pasó de aportar el 12,5 por ciento de la producción en 1985 a participar del 45 por ciento en 1993. Y esas cifras seguirán creciendo en los próximos años, pues si hay algo que fluye en la región llanera es ese líquido negro y viscoso que se llama petróleo.
La fiesta no se acaba ahí. Otra cosa para celebrar ha sido el surgimiento de nuevos sectores, como la construcción, el comercio y el financiero, que han llegado atraídos por una región que de aquí a 10 años tendrá un ingreso por habitante 10 veces mayor al promedio nacional y que, tradicionalmente, ha tenido uno de los niveles salariales más altos de Colombia. Pero, según el Crece, pese a los avances, dos sectores donde habrá que poner más atención serán los de educación y salud, pues a pesar de que la oferta de colegios y camas ha aumentado en proporciones considerables, los niveles de calidad aún no son los ideales y tienen mucho espacio para mejorar.
De cualquier manera, lo que quieren a toda costa evitar los conocedores es que en Casanare se repita la historia que vivió Arauca, donde las excentricidades y el despilfarro ocultaron los lados buenos de la bonanza que les llegó cuando comenzó a brotar el crudo de Caño Limón. La pista de coleo, la piscina con olas y otras obras opacaron, por ejemplo, el hecho de que los mayores niveles de petróleo contribuyeron al crecimiento de la producción nacional y regional.
Sin embargo, los cuidados no sólo tendrán que dirigirse hacia un departamento que apenas cumple cuatro años de historia. La Nación también tendrá que echarle el ojo a sus finanzas para evitar que los mayores ingresos por concepto de exportaciones hagan temblar algunas variables macroeconómicas como la inflación. Y hay razones de sobra para pensar que la economía va a girar de tal forma que las manos tienen que ser de seda para amoldarse a las nuevas condiciones. De hecho, en tanto que en 1994 las exportaciones de crudo aportaron el 15 por ciento del total de ventas de Colombia al mundo, las estimaciones oficiales dicen que en 1998 significarán el 31,7 por ciento, que serían unos 4.170 millones de dólares.
Los cuidados tendrán que ser aún mayores si se tiene en cuenta que hay cálculos de Ecopetrol según los cuales el Piedemonte Llanero podría tener otros 2.000 millones de barriles. De esta manera el país superaría los 4.000 millones de barriles de reservas. Al menos eso es lo que indican exploraciones preliminares que tardarán tiempo en confirmarse. Las cuentas alegres, sin embargo, no pueden convertirse en un motivo para embriagarse, alzando las copas para celebrar la llegada al fin de una bonanza petrolera, sino para tomar con calma los brotes de oro negro, confiando en que, esta vez, Colombia podrá evitarse el guayabo de una nueva borrachera.
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