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| 4/2/2016 12:00:00 AM

El hombre que derrumbó a Wall Street

Navinder Sarao, el corredor de bolsa británico acusado del ‘crash’ del 2010 en Estados Unidos, podría pasar el resto de su vida en la cárcel. ¿Pudo un solo hombre desplomar el mayor mercado del mundo?

En 2010, cuando Grecia estaba al borde del abismo, el pánico era el pan de cada día en los mercados de valores del mundo. La posibilidad de que su grave crisis de deuda se extendiera y contagiara a otros países (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia, España) hacía temblar las bolsas del planeta, al afectar los principales índices accionarios.

En medio de este ambiente de nerviosismo, el 6 de mayo de ese año ocurrió un incidente que no tenía que ver, propiamente, con la situación de la economía helena. El índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York –que había comenzado la jornada a la baja–, pasadas las dos de la tarde y ante la mirada atónita del mercado, empezó a descender rápidamente y en cuestión de cinco minutos acumuló una baja de casi 1.000 puntos (9 por ciento), un hecho histórico para un solo día en Wall Street. Antes del cierre, el mercado recuperó buena parte de la caída, pero el desplome temporal provocó pérdidas multimillonarias a inversionistas. Este episodio en el mercado se conoce como el flash crash de mayo de 2010.

Como era de esperarse, ante un desplome de este tamaño comenzaron las especulaciones sobre sus causas y sus posibles culpables. Las primeras teorías –algunas absurdas– apuntaron a errores ortográficos de un operador que se habría equivocado al dar una orden de venta. En lugar de poner un ‘million’ de acciones habría escrito ‘billion’ (1.000 millones). Estos rumores luego resultaron falsos. También se habló de fallas técnicas de los programas de algunos operadores, lo que igualmente quedó descartado.

Pero la tesis que pronto saltó a primer plano, como la explicación más veraz de lo sucedido, fue que alguien había usado un programa automatizado para generar grandes volúmenes de venta que empujaron los precios a la baja. Acto seguido, el programa canceló las mismas órdenes para proceder a comprar a los precios derrumbados.

La Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) reveló, varios meses después, que una sola orden provocó la caída de los 1.000 puntos del índice bursátil: la venta de 75.000 contratos de futuros referenciados al índice de Standard & Poor’s 500 por 4.100 millones de dólares. Las autoridades concluyeron que detrás de todo estaría el británico Navinder Singh Sarao, un corredor de bolsa, entonces de 31 años de edad, que operaba desde su apartamento en Londres.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos dijo que Sarao, supuestamente, había manipulado el mercado para generar ganancias, lo que contribuyó a la caída de la bolsa. Desde abril de 2015, cuando oficiales de Scotland Yard lo detuvieron en Londres, se defendía de un pedido de extradición de las autoridades norteamericanas.

Pues bien, el 23 de marzo un tribunal británico autorizó extraditarlo a Estados Unidos donde se le acusa de fraude electrónico y manipulación del precio de materias primas. Enfrentará 22 acusaciones que le supondrían cárcel hasta por 380 años.

La historia ha servido para alimentar las crónicas truculentas, casi de película, sobre la forma como un corredor, a cerca de 6.000 kilómetros de Nueva York, pudo manipular la bolsa más poderosa del planeta.

Según los investigadores, Sarao descubrió que los mercados bursátiles son vulnerables al ser operados a alta velocidad. El mecanismo funciona así: a través de un software se emiten órdenes masivas de venta en milésimas de segundo, lo cual impacta a la baja el precio de la acción (muchos quieren salir del título). Ante esta mayor oferta, otros operadores reaccionan de inmediato haciendo nuevas ventas –el típico comportamiento ‘de manada de ovejas’– lo que provoca la caída libre de la acción. Pero justo antes de que la venta sea ejecutada, el sistema cancela las órdenes. De inmediato, cuando el precio está en el suelo, envían otras órdenes de compra, que más adelante se negocian a mejor precio. Es decir, compra barato y vende caro. Cuando las órdenes de venta son falsas y lo único que pretenden es manipular el mercado, esta práctica es un delito conocido como ‘spoof’.

La BBC de Londres señala en un informe que Navinder comenzó a enviar órdenes de venta a Chicago Mercantile Exchange (operador bursátil estadounidense) en volúmenes que podían llegar hasta 1.967 veces, y luego las cancelaba. Habría hecho eso unas 60 veces el día del crash. Según el FBI, Sarao colocaba una orden real de compra esperando la caída del mercado. Una vez estaba abajo, compraba a un precio más reducido y cancelaba las órdenes de venta. Cuando el mercado se daba cuenta de que estas habían desaparecido, los precios se recuperaban y Sarao vendía a un mejor precio y había una ganancia.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos acusa a Sarao de ganar 900.000 dólares en esa jornada del 6 de mayo de 2010 y otros 42 millones de dólares entre 2010 y 2014 mediante la misma estrategia ilegal de corretaje. Al enviar tantas órdenes simultáneas en grandes cantidades, creó una oferta irreal de acciones. Las autoridades afirman que luego del día del crash, Sarao actuó con bajo perfil durante varios años para no llamar la atención.

El chico veloz

Pero ¿quién es este personaje acusada de provocar sese histórico crash bursátil? La prensa británica se ha ocupado bastante de él, en el último año. Nació en el oeste de Londres, en un barrio humilde poblado sobre todo por inmigrantes de India y Bangladés. Es uno de los tres hijos de la familia y estudió ciencias de la computación en la universidad londinense de Brunel.

El diario Financial Times (FT) señala que Sarao, hoy de 37 años, duerme desde las cuatro de la mañana hasta mediodía, cuando se prepara para operar en el mercado de Estados Unidos. Sus colegas dicen que prefiere las jornadas más volátiles de los mercados. Usa audífonos para aislar el ruido y bebe litros de leche. Suele lucir cansado pero es educado y agradable.

Sarao se está convirtiendo en toda una leyenda. Tiene fama de ser muy habilidoso y de que, incluso, puede leer en una pantalla a gran velocidad, como el tipo de la película futurista de Matrix, sin desconcentrarse. Algunos afirman que independientemente de si Sarao es culpable o inocente, lo que hizo es sorprendente. “Oculto entre miles de transacciones activadas por ‘softwares’, tanto suyas como de otros operadores legales del mercado, Navinder jugó a ser el dios bursátil”, dice la BBC.

A pesar de amasar una fortuna en cuestión de cuatro años, Navinder siguió en el vecindario donde vivía cuando soltero. Para algunos es una forma de ocultar su rastro, para otros es una prueba de que no es culpable de lo que se le acusa.

Los abogados de Sarao aseguran que su cliente no pudo haber contribuido al flash crash. De hecho, las autoridades admiten que no pudo hacerlo él solo, aunque ayudó de manera significativa. Otra firma de trading, Waddell & Redd, de Kansas, ha sido acusada también de jugar un papel en este desplome.

Lo cierto es que si las acusaciones contra Sarao son ciertas y pudo haber ocasionado la caída de la bolsa desde su casa, esto significaría que el mercado más grande y líquido del mundo tiene un riesgo monumental de que lo manipule cualquiera que conozca programación y cómo poner y quitar órdenes. Esto sería catastrófico por la posibilidad de que alguien repita el procedimiento y de paso destruya a miles de inversionistas de buena fe. 

Si las acusaciones son falsas y Sarao es solo un títere usado por participantes del mercado de valores mucho más poderosos, la situación también sería muy grave. Significaría que estas entidades, como los hedge funds y otros inversionistas institucionales, quieren seguir manejando el mercado a su antojo y beneficio.

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