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| 8/7/2005 12:00:00 AM

Negocios sin visa

Mientras el país celebra todavía la venta de Bavaria a la surafricana SABMiller, en el mundo se vive una ola de 'patriotismo empresarial' que está bloqueando las fusiones transnacionales y le está poniendo freno al libre comercio.

Una compañía norteamericana comprando la mayor empresa de alimentos de Francia, una refinería china comprando una enorme petrolera de Estados Unidos. ¿Qué tendría eso de raro? Nada, de no ser porque los gobiernos de uno y otro lado se encargaron de bloquear ambos intentos de fusiones transnacionales. El reciente veto del gobierno francés a la compra de Danone por parte de la estadounidense PepsiCo y la oposición del Congreso norteamericano a la compra de la petrolera Unocal por parte de la estatal china Cnooc, han puesto en la picota un viejo tema que preocupa a compañías de diferentes países. Se trata del proteccionismo económico, una especie de patriotismo empresarial que implica graves obstáculos al comercio mundial y viola la libre circulación de capitales consagrada en los tratados. El tema es complejo porque son los mismos gobiernos que promueven la globalización los que después, invocando el interés nacional, les sacan todo tipo de trabas y peros a las fusiones.

La operación que intentó llevar a cabo Cnooc, la principal refinería china, era la mayor que se conocía de una empresa del país asiático sobre otra estadounidense. Cnooc había ofrecido 18.500 millones de dólares por Unocal, superando incluso la oferta lanzada por el grupo petrolero estadounidense ChevronTexaco, que se mostró dispuesto a pagar hasta 17.500 millones de dólares.

El pasado primero de julio, sin embargo, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó por aplastante mayoría una resolución que califica de "seria amenaza para la seguridad nacional" el intento de compra de Unocal por parte de la petrolera china Cnooc. Ante la oposición de los legisladores y luego de varias semanas de presión política en el Congreso norteamericano para evitar la entrada de las empresas chinas en el sector petrolero, el martes de la semana pasada Cnooc retiró su oferta por la productora de gas y crudo de California.

En un comunicado, la compañía china señaló su decepción por haber sido sometida a una "oposición política sin precedentes", en clara alusión a la campaña en la que participaron varios congresistas republicanos y demócratas en contra de una compra que, según ellos, habría puesto en peligro la seguridad nacional, dado el carácter estatal de Cnooc. La compañía china calificó como "lamentable e injustificada" la actitud de las autoridades norteamericanas y las acusó de trancar un esquema de adquisición que ha sido "exitoso durante décadas".

El otro caso reciente de cómo los políticos están bloqueando los negocios transnacionales es el de Danone. Ante la posibilidad de que el mayor grupo de alimentos de Francia quedara en manos de la estadounidense PepsiCo, la clase política francesa montó una campaña sin precedentes para impedir la adquisición. Los más importantes políticos y sindicalistas tocaron la cuerda de los sentimientos antinorteamericanos y antiliberales de la población para defender lo que llamaron un "coloso nacional". Desde el primer ministro francés, Dominique de Villepin, hasta el propio presidente Jacques Chirac, aseguraron que el gobierno francés debería defender los intereses de Francia, y su joya nacional. Hace dos semanas, ante las presiones patrióticas, PepsiCo renunció a adquirir Danone, el primer grupo lácteo mundial.

No es la primera vez que el gobierno francés impide una transacción transfronteriza. El año pasado tampoco dejó que la farmacéutica suiza Novartis adquiriera Sanofi. Entonces, el ejecutivo francés medió fuertemente por una fusión entre Sanofi y Aventis, sus dos laboratorios nacionales, creando el segundo grupo farmacéutico más grande del mundo después del estadounidense Pfizer. "Está claro que en nuestra economía necesitamos actores fuertes a nivel mundial y no compañías en manos de actores extranjeros", declaró en ese momento a la prensa el titular de la cartera de Economía, Francis Mer.

El caso de la banca italiana es otro ejemplo. En aras de un patriotismo económico, el Banco Nazionale del Lavoro (BNL) ha conseguido frenar ser adquirido por el español Bbva. Lo mismo ha hecho el Antonveneta con el holandés ABN Amro. Uno tras otro, los intentos de bancos extranjeros por adquirir una entidad financiera italiana han caído en saco roto.

Lo que más llama la atención de todos estos casos es que suceden justamente en países donde más se pregona la globalización, la economía abierta y de mercado. Y esto, al margen de ser poco o nada ético, plantea un verdadero problema: la interferencia de los gobiernos de los países desarrollados en los mercados mundiales.

Los recientes casos de Danone y Unocal muestran cómo los gobiernos y políticos del Primer Mundo están trancando cada vez más las fusiones transnacionales, a fin de evitar así que sus grandes colosos nacionales terminen en garras extranjeras.

Lo opuesto sucede en Colombia, donde continúan llegando legiones de empresas foráneas en busca de riquezas nacionales. Con la reciente venta de Bavaria a la surafricana SABMiller y la de Coltabaco a la estadounidense Philip Morris, quedó claro que las grandes empresas colombianas están dejando de ser colombianas. Algo que para muchos no resulta fácil de comprender, si se tiene en cuenta la ola de patriotismo empresarial que vive el resto del planeta.
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