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| 10/13/2012 12:00:00 AM

Negros nubarrones

El FMI presentó un panorama mundial más sombrío de lo que pronosticaba hace poco y con riesgos de empeorar. Reconoce que la austeridad ha entorpecido la recuperación.

La semana pasada Tokio fue el epicentro de la economía mundial. Más de 10.000 gobernadores de bancos centrales, ministros de Hacienda y Desarrollo, ejecutivos del sector privado y representantes del mundo académico se reunieron para debatir los problemas económicos del planeta durante las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

En este marco, el FMI presentó el panorama y las proyecciones para 2013 los resultados son francamente desa-lentadores, pues para el organismo han aumentado los riesgos de que se acentúe el deterioro. El Fondo bajó los pronósticos de crecimiento mundial a 3,3 por ciento este año y a un todavía anémico 3,6 por ciento en 2013. Y las naciones avanzadas mostrarán el peor comportamiento, dado el recorte en el gasto público y la debilidad de sus sistemas financieros.

Pero con una economía globalizada, el destino de las grandes potencias no solo les concierne a ellas. El economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, afirma que la baja tasa de crecimiento y la incertidumbre en las economías desarrolladas están afectando a los mercados emergentes y a las economías en desarrollo por vía de los canales comerciales y financieros, lo cual agrava las debilidades internas.

En los principales mercados emergentes -China, India, Rusia y Brasil- se registrará una desaceleración. Se proyecta que el comercio mundial se contraerá a 3,2 por ciento este año, y por esta vía nadie se escapará de resultar afectado. En China, la reducción de sus exportaciones explica la mayor parte del menor crecimiento.

Una salida a la actual coyuntura dependerá de que las autoridades europeas logren controlar la crisis de la zona del euro, y que las estadounidenses adopten medidas para evitar el precipicio fiscal, es decir, impidan que entren en vigor el aumento automático de los impuestos y los recortes del gasto previstos desde la era Bush. Si no se toman decisiones con respecto a cualquiera de los dos problemas, las perspectivas de crecimiento mundial serían mucho peores.

Nuevamente, el FMI reconoce que la política de recorte del gasto puesto en marcha por las economías avanzadas, si bien en algunos casos ha sido necesaria, ha entorpecido la recuperación. La directora del organismo, Christine Lagarde, dijo que "a veces es mejor darle más tiempo a las políticas de austeridad, es lo que aconsejamos para España, para Portugal, y también para Grecia". Estas declaraciones fueron interpretadas como una posición contraria del Fondo ante la insistencia de los países que, encabezados por Alemania, exigen un duro ajuste fiscal a los socios en crisis, en busca de efectos a corto plazo. Para muchos analistas, de ese modo el organismo reconoce que la llamada política de consolidación fiscal -que no es otra cosa que los recortes que han causado malestar en Europa- mal aplicada, puede ser una receta contraproducente pues ha terminado por empeorar la salud del paciente. Sin duda, se trató de un cambio en la posición del FMI que en el pasado fue el 'coco' de los países con sus programas de ajuste.

Ahora bien, mientras persisten las preocupaciones en Europa y Estados Unidos, el resto del mundo trata de capotear los efectos en sus economías. Se espera que China reciba un impulso, con la aprobación de proyectos de infraestructura. El gigante asiático crecería 7,8 por ciento este año y 8,2 por ciento el próximo. América Latina también bajará el ritmo. Se prevé que Brasil, el país latinoamericano que más se ha desacelerado, retome el impulso con medidas que buscan gastar más en infraestructura y con menos tasas de interés para promover la demanda interna.

Los expertos recomiendan para las economías en desarrollo seguir impulsando la demanda y una política macroeconómica más laxa que propicie más inversión. Sin embargo, no se proyecta que se retornen a los niveles previos a la crisis.

Lo cierto es que esta crisis es de largo aliento. A Grecia, Portugal y España, les esperan dos años muy duros antes de comenzar a ver resultados. Ahora bien, si el mundo depende de que las autoridades de la Eurozona se pongan de acuerdo y acierten en sus medidas, y que no se cometan errores graves en la conducción de la política fiscal de Estados Unidos, hay razones más que suficientes para ser pesimistas.
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