Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/09/25 00:00

No dejes para mañana...

Un plan de ahorro bien hecho permite sortear situaciones difíciles y asegurar un futuro mejor.

No dejes para mañana...

Quien no ha soñado con pasar los últimos años de su vida en una isla paradisíaca al lado de la mujer que ama? ¿Qué padre no piensa en el costo que tendrá la futura educación de sus hijos y sueña con poder pagarles un posgrado en Harvard o, simplemente, ofrecerles un capital para que puedan empezar su vida profesional? ¿Qué persona no se ha preguntado cómo quiere vivir en el futuro —a cinco, a 10, a 15 años, o cuando sea viejo—? Ahorrar y planear el futuro financiero ha dejado de ser algo “sólo para ricos” o para expertos financieros. Toda persona, ya sea con ingresos bajos, medianos o altos, requiere del ahorro para poder prosperar y alcanzar sus metas.

Los nuevos planes de ahorro, como los fondos de inversión o los fondos de pensiones voluntarios, permiten a los colombianos asegurarse un retiro, una vejez tranquila o garantizar el estudio de los hijos. Atrás han quedado los tiempos en que las decisiones de inversión se limitaban a comprar un apartamento, mantener un saldo en el banco y tener efectivo debajo del colchón para lo que se pudiera necesitar.

Los instrumentos de ahorro han cambiado tanto en los últimos tiempos que hasta los más enterados se ven en dificultades a la hora de analizarlos. Aunque hay quienes se las saben todas, la mayoría de los ahorradores no conocen sus propias necesidades financieras y mucho menos las opciones de inversión que existen en el mercado. Ese es el caso de aquellos que ahorran en la misma cuenta en la que les consignan el sueldo y no en la institución que mejores condiciones financieras ofrece, o el de los que adquieren un CDT en el banco en el que tienen la cuenta corriente sin investigar las oportunidades que ofrece el mercado.

También está el caso de quienes conocen los rendimientos que ofrecen diversas opciones financieras pero ignoran el costo de las comisiones. De hecho, en los últimos años se ha observado un inmenso desbalance entre el aumento en la variedad de productos financieros especializados y el limitado rango de preferencias de los ahorradores. Esta circunstancia paradójica ha sido el resultado de un círculo vicioso en el que el potencial inversionista no busca variedad porque no entiende muy bien, y a su vez no entiende porque no busca.

Pero además hay muchas personas que no tienen muy claro por qué y para qué necesitan ahorrar, y por tanto tampoco saben qué instrumentos financieros les convienen más. Muchos piensan que la única prioridad es comprar casa y carro, y ante los dilemas que plantea la posibilidad de una enfermedad, la necesidad de pagar la educación de los hijos o la eventualidad de un retiro, prefieren invocar la filosofía según la cual por el camino se arreglan las cargas.



Futuro en problemas

Pese a la difícil situación económica que atraviesa el país la gran mayoría de colombianos siguen escépticos frente a la importancia de ahorrar. Pero cuando se analizan las perspectivas hacia el futuro la necesidad de invertir se hace evidente. Por ejemplo, hace 30 años un solo sueldo era suficiente para la mayoría de la familia de clase media o alta. Además, para un universitario, el trabajo estaba asegurado desde la graduación hasta la pensión. En los años 80 esta situación cambió y para vivir bien muchas familias jóvenes de clase media o alta necesitaban dos sueldos. Hoy la situación es aún peor. De acuerdo con un estudio realizado en el país por el experto en economía internacional Thierry Defauw, el 95 por ciento de las familias conformadas por menores de 35 años necesitan dos sueldos para vivir decentemente y con la crisis actual muchas familias alcanzan con dificultad a pagar todos sus gastos.

Pero el tema del deterioro de la calidad de vida no es nada comparado con la reducción de las posibilidades laborales. Así, quienes pensaban que podrían trabajar hasta los 65 años ya no están tan seguros de poder hacerlo. Las empresas consideran a los mayores de edad como costosos y técnicamente obsoletos y por esta razón despiden a sus funcionarios a una edad cada vez menor. Hoy no es extraño que para reducir sus gastos las organizaciones despidan a sus ejecutivos de 45 ó 50 años para reemplazarlos por jóvenes con menor experiencia por el solo hecho de que cuestan menos. De acuerdo con un estudio realizado por la Organización Mundial del Trabajo, la carrera profesional de un universitario ha pasado de 35 a 30 años y en el futuro será solamente de 25.

Para complicar aún más las cosas Colombia —al igual que varios países del globo— ha tenido un aumento importante de la esperanza de vida de los ciudadanos. A principios del siglo pasado un colombiano vivía —en promedio— 50 años y actualmente la esperanza de vida supera los 70 años. Y en el futuro se espera que siga hacia arriba. Un aumento de cinco años de vida puede no parecer tan importante pero cuando se consideran las condiciones de jubilación la cuestión no es tan sencilla. Para muchas personas de ingresos altos puede terminar siendo insuficiente la pensión que recibirán en el futuro si se atienen tan sólo a ahorrar en un fondo privado de pensiones obligatorias. De hecho, las estadísticas señalan que los montos de ahorro deben ser sustancialmente mayores para las personas de ingresos medios y altos si quieren mantener su nivel de vida después de su retiro.



Planeación financiera

Pero el tema de las pensiones no es lo único importante. También hay que hacer las previsiones adecuadas en el campo de la educación y la salud. Si usted no quiere que su hijo sea autodidacta más vale que empiece a ahorrar desde ya. Cálculos financieros señalan, por ejemplo, que una persona debería ahorrar 140.000 pesos al mes durante 20 años para pagar la carrera universitaria de un hijo en Colombia. Pero mientras estos costos son relativamente previsibles, los de la salud lo son menos. Entre algunos profesionales del sector circula un chiste pesado, según el cual, lo peor que le puede pasar a una persona a los 55 años es tener una operación imprevista, que la deja con 20 años más de vida y 50 millones de pesos menos en el bolsillo.

Con semejantes desafíos los motivos para ahorrar ordenadamente son más que suficientes. Sin embargo, aunque exista la voluntad, muchos ahorradores no saben qué hacer. Y es que para cada persona debe existir un plan de ahorro particular que tenga en cuenta sus características específicas en lo referente a edad, estado civil, número de hijos, propiedades, condiciones de salud, etc. En palabras de un alto ejecutivo de Skandia, una de las entidades que más ha trabajado sobre el tema de la planeación financiera en el país, “hemos querido romper con la tradición de esquemas de ahorro que no tienen en consideración quién es el cliente, porque en cada etapa de la vida hay necesidades de ahorro e inversión diferentes”.

Claro está que existen ciertas pautas básicas que un ahorrador corriente podría seguir si quiere hacer una pla-neación financiera eficiente para su futuro (ver cuadro). La primera se relaciona con el ciclo de vida de la familia: edades de padres e hijos, antecedentes, valores y necesidades (vivienda, educación, cuidados de salud, planeación para el retiro, etc.). La segunda implica establecer prioridades con los montos requeridos para definir los plazos asignados para la realización de los proyectos: ¿qué hacer a un año, a tres, a cinco, a 20 años a partir de hoy?



Soluciones de fondo

Desde hace algunos años existen en el país los fondos de pensiones voluntarios y los fondos de inversión, que permiten ahorrar y estar preparados para las contingencias futuras. Si bien hasta hace poco ahorrar en este tipo de planes era sinónimo de disminución en la retención en la fuente hoy se consideran uno de los mecanismos más efectivos de ahorro. Prueba de lo anterior, son los 93.633 afiliados a planes de pensiones voluntarios y los 1,2 billones de pesos producto del ahorro de los trabajadores afiliados a los mismos.

Los más grandes fondos son los administrados por sociedades fiduciarias, que se dividen en ‘comunes ordinarios’ y ‘comunes especiales’. Mientras los primeros se especializan en inversiones en papeles de renta fija y están orientados a cualquier clase de ahorradores, los segundos hacen todo tipo de inversiones y están más centrados en atender inversionistas institucionales. De otro lado están los ‘fondos de valores’, administrados por sociedades comisionistas de bolsa, que a su vez se dividen de acuerdo con su especialización en papeles de renta fija o en acciones. En ambos casos se pueden encontrar opciones de ahorro de liquidez inmediata o con plazos determinados.

Los ‘fondos de pensiones’ obligatorias y voluntarias, así como los ‘fondos de cesantías’, constituyen una categoría aparte pues en estos casos el propósito del ahorro está claramente definido: cubrir al individuo ante las eventualidades del desempleo y el retiro. Finalmente, para algunos ahorradores la mejor opción pueden ser los ‘fondos mutuos de inversión’, constituidos por empresas específicas para canalizar exclusivamente el ahorro de sus propios empleados.

La inmensa popularidad de este tipo de fondos radica en las ventajas que ofrecen a los ahorradores. Según Mauricio Botero, gerente de Corredores Asociados, “el ahorrador común y corriente muchas veces toma decisiones a ciegas cuando decide invertir solo. En cambio, si lo hace a través de un fondo, tiene la garantía de que su inversión está en un portafolio diversificado, diseñado con criterio por profesionales conocedores del mercado”. Y es que una de las grandes ventajas de los fondos reside en su capacidad de reestructurar permanentemente los portafolios de sus inversiones de acuerdo con las condiciones del mercado y a las preferencias de sus ahorradores. Adicionalmente, quien confía su dinero a un fondo está sumando sus recursos a los de otros para lograr así volúmenes de ahorro interesantes que obtengan mejores rendimientos financieros.

Los fondos de inversión simplifican además la tarea del inversionista. Son ellos quienes se ocupan de la rotación necesaria en los valores de la cartera para cumplir el binomio rentabilidad-riesgo adecuado. “Invertir en fondos es una excelente decisión, sobre todo para personas con escasa cultura financiera o con poco tiempo para atender y seguir sus inversiones y que prefieren, por tanto, confiar la gestión de sus ahorros a una institución profesional”, asegura Leonor Montoya, presidenta de Asofondos.

Muestra de este promisorio futuro es la incursión de fondos del exterior a través de instituciones que operan en el país, los cuales ofrecen la posibilidad de invertir en moneda extranjera. Lo que está claro entre los expertos es que con el deterioro del nivel de vida, la reducción de las posibilidades laborales y el aumento de los impuestos será cada vez más difícil ahorrar. Peor aun , mucha gente deberá consumir parte de su ahorro antes de llegar a su pensión, porque no conseguirá trabajo en los últimos años de su vida activa. Para evitar que esto suceda los colombianos no tienen otro remedio que empezar a ahorrar cuanto antes una parte importante de sus ingresos.

Para el ahorrador común y corriente, que no conoce los mercados a fondo y que quiere una buena rentabilidad con bajo riesgo, la mejor opción son los fondos de inversión. Nadie está como para ponerse a jugar con su futuro.

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