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| 5/27/1985 12:00:00 AM

NO HAY CUÑA QUE MAS APRIETE

La "guerra de guerrillas" que se veía venir en el Cauca ha comenzado a hacerse realidad

Tras el sangriento asalto a Toribío, Cauca, del grupo Ricardo Franco, disidente de las FARC la movilización militar en busca de los guerrilleros fue verdaderamente espectacular. Fueron tantos los soldados, paracaídistas y helicópteros que se pusieron en juego para perseguir a los guerrilleros que las gentes de la región pensaron que el castigo iba a ser ejemplar. Pero curiosamente la reprimenda no vino en fin de cuentas del ejército. Cinco días después del ataque a Toribío, el viernes 19 de abril, quienes quisieron castigar a los "francos" fueron sus propias ex camaradas del VI y VIII Frentes de las FARC. El ejército se mantuvo al margen del asunto. Pero del combate, que duró cerca de dos horas en Zumbico, corregimiento de Jambaló, fueron los cástigadores quienes salieron bastante mal librados. Catorce heridos y una derrota militar se llevaron los Frentes combinados de las FARC.
El VI y el VIII frentes, habían sido vistos concentrándose en Barandillo, también corregimiento de Jambalo, desde dos meses atrás, y a pesar de que en algunas ocasiones habían amenazado con "barrer con los francos", también es cierto que varias veces habían ofrecido "resolver las contradicciones ideológicamente". Y esto había tranquilizado a los indígenas de la región que saben que a la hora de armarse la de troya entre "francos" y "farolos", los más perjudicados son ellos.
Pero lo de Toribio caldeó los animos de los de las FARC y decidieron tomar por asalto el campamento de Ricardo Franco en Zumbico. Los indígenas habitantes de Zumbico afirman que el Ricardo Franco repelió el ataque "creyendo que era el ejército", que era a quien esperaban. Aseguran que las FARC hablaban de "que venían a recoger todo" y que los militares, cuando se enteraron de las intenciones de las FARC, se retiraron discretamente de la zona. Según un indigena, "uno de los oficiales que perseguían a los "francos" dijo que eso era lo mejor que podían hacer porque a la fija que ahí no había bala perdida". Pero hay más. De acuerdo a las versiones que se manejan en la región, el XII Frente de las FARC, que regularmente opera en el sur del departamento del Huila, también se ha desplazado para esos lados del Cauca. "La consigna es acabarlos" --dice un guambiano--. "Eso es una orden de arriba". De arriba, o sea del Estado Mayor de las FARC. Según rumores convergentes recogidos por SEMANA, es una orden directa de Jacobo Arenas, que es considerado por muchos como el "malo", el "duro", el "Stalin" de las FARC. Un emisario suyo se habría reunido con el comandante del VIII Frente, Rafael Aguilera (quien hasta hace pocas semanas era partidario de que se resolvieran ideológicamente, y no a tiros, las contradicciones con los del Ricardo Franco) para darle instrucciones precisas: "acabar esos sapos enemigos de la paz". La "sapamenta" le merece especial preocupación a Jacobo Arenas; en su libro recientemente publicado, "Cese al fuego", en la página 160 dice "El sapo es lo peor que hay en el mundo. Esta asquerosa especie es reclutada por los mandos militares esto es, por la inteligencia de combate del ejército. De entre rateros, criminales, fumadores de marihuana, degenerados, homosexuales, vagamundos, malos hijos, malos padres traidores y enfermos mentales".
Por su lado el Ricardo Franco ha hecho llegar un cassette a Radio Super de Cali en donde informa de enfrentamiento y lo califica de "agresión burguesa". El comandante Sarmiento, segundo a bordo en los "francos" afirma que "ahora la burguesía tiene dos ejércitos, el de Vega Uribe y el de Tirofijo". "Las FARC --prosigue Sarmiento-- se han comprometido con el gobierno a entregarnos vivos o muertos. Fue por eso que el día 19 a las cuatro de la mañana, 180 hombres atacaron nuestro campamento y asesinaron a nuestro comandante Cristian".
A Cristian lo vieron matar todos los indígenas de Zumbico. Aterrorizados, reacios a servir de testigos, le contaron al reportero de SEMANA, cómo los hombres al mando del comandante Aguilera del VIII Frente, se encontraron por casualidad después del combate, y cuando iniciaban la retirada, con Cristian, que iba sólo, en dirección al campamento. Le quitaron el radio y la ametralladora, luego las botas y el uniforme, lo amarraron, y después de reunir a todos los habitantes del caserío y de explicar por qué "de los delincuentes y sapos del Ricardo Franco no quedará ni uno", le soltaron un balazo en la cabeza, otro en el corazón y un tercero en el vientre. Después se fueron, no sin antes advertir a la población que quien dijera que habían sido ellos correría.igual suerte que las de todos los sapos.
La gente de la región afirma que éste es el principio y que lo que se viene es peor. Según ellos, el furor de las FARC no solamente está dirigido contra los del Ricardo Franco, sino además contra los "emes" (los del M-19) y los "quintines" (los del Quintín Lame) que son amigos de los "francos", y también "Contra la gente que por aquí ya está verraca con las FARC". "Es que son hegemónicos y no quieren que los demás estén por ahí", dice un indígena después de algunas vacilaciones sobre si hablar o no. Según él una frase como esa le puede costar la vida. En una tienda en donde algunos de los habitantes del corregimiento le hacen corrillo al reportero de SEMANA, después de bombardearlo a preguntas sobre su procedencia y su misión (inclusive llegaron a pedirle identificación), fueron soltando comentarios como el de que, el VI y el VII frente de las FARC, llevaran años sin enfrentarse al ejército y que al contrario su tarea es matar abigeos y cuatreros --"que en algunos casos no lo son"-- es intimidar y perseguir a dirigentes de los cabildos y "gente que no les camina" acusándolos de sapos. "Por acá caminan todos los grupos guerrilleros y nosotros no le caminamos a ninguno", dice uno de los asistentes a la reunión improvisada con el reportero. A los que menos quieren es a los de las FARC porque, según dicen "las FARC tienen problemas con el Quintin Lame y creen, lo mismo que los del ejército, que todos nosotros somos del Quintin. Y aquí uno no tiene ni si quiera un cortauñas para que nos tengan miedo". "Es que esa gente es muy embravecida", dice un joven. Pero lo que hay detrás de todo el conflicto, según ha podido establecer SEMANA, no es solamente "embravecimiento" y deseo por parte de las FARC de recuperar la hegemonía perdida en la región desde la aparición de los otros grupos, sino también una discrepancia política de fondo. Para las FARC, la existencia de grupos que no aceptan la tregua, como el Quintín Lame y el Ricardo Franco, pone en serio peligro la estabilización de la paz, y la paz es necesaria para su propio proyecto de fortalecimiento político. Lo que está en juego no es el equilibrio de poder guerrillero en el Cauca, sino la viabilidad misma de la Unión Patriótica, a la cual las FARC le han invertido todas sus energías en los últimos tiempos. Para ellas, la U.P., bien vale unos cuantos sapos.--
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