Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1999/07/12 00:00

NOCAUT A LA INFLACION

La desaceleración de los precios, a pesar de ser motivada por la recesión, es lo mejor que le ha <BR>pasado a la economía en1999.

NOCAUT A LA INFLACION

La semana pasada el Dane reportó que en los 12 meses terminados en mayo _por primera
vez en los últimos 25 años_ la inflación anual en Colombia fue inferior al 10 por ciento. Pero debido a las
terribles noticias que inundan los medios por la profunda crisis económica que atraviesa el país estehecho
paso casi inadvertido. No obstante que este resultado se debe en buena parte a la impresionante caída en la
demanda de la economía, el quiebre de la tendencia inflacionaria es la mejor noticia que ha tenido la Nación
en materia económica en el transcurso del año. La baja en la inflación a niveles de un dígito tiene
implicaciones positivas tanto desde el punto de vista coyuntural como estructural. En lo que se refiere a la
situación inmediata, si se mantiene la caída en la inflación, se pueden desencadenar una serie de eventos
positivos que aumenten la probabilidad de una pronta recuperación de la economía nacional. En primera
instancia, como el mandato constitucional del Banco de la República es promover la estabilidad de los
precios, la tendencia deflacionista le permite mayor margen de maniobra en el manejo monetario. Es decir, le
otorga la posibilidad de darle mayor liquidez al mercado con el fin de que se mantenga la reducción en las
tasas de interés, lo que genera un importante incentivo para la reactivación de la inversión privada y el
consumo en el país.De la misma forma, una menor inflación reduce los costos de los exportadores pues se
traduce en una devaluación real de la tasa de cambio, con lo que los productos colombianos ganan
competitividad en el corto y mediano plazo (ver gráfica). Además la menor variación de los precios implica
una elevación de los salarios reales y un aumento en el poder adquisitivo de la población en general. En el
largo plazo la tendencia hacia una menor inflación tiene grandes impactos positivos en términos de eficiencia y
equidad debido a los costos que genera este fenómeno, particularmente entre los segmentos más pobres de la
población que no tienen los mecanismos para cubrirse contra el aumento de los precios. Un estudio de 122
países realizado por Robert Barro, profesor de la Universidad de Harvard, indica que disminuir la inflación en
10 puntos produce en largo plazo crecimientos anuales del Producto Interno Bruto del 0,2 al 0,3 por
ciento. En el caso colombiano en par-ticular, un estudio de Javier Gómez, investigador del Banco de la
República, estima que la ganancia en bienestar al reducir la inflación en 10 puntos está entre 0,5 y 0,9 por
ciento del PIB.Desenmascarando mitosEntre 1972 y 1998 la inflación anual en el país fluctúo entre el 15 y el
35 por ciento. El caso colombiano, que no tenía precedentes a nivel mundial por sus inflaciones
relativamente altas pero estables, despertó el interés de muchos economistas como Stanley Fischer,
vicepresidente del Fondo Monetario Internacional. La conclusión a la que llegaron muchos de estos
expertos es que era más complicado reducir a un dígito una inflación moderada como la de Colombia que una
hiperinflación como las registradas en Argentina, Perú, Bolivia y Brasil en la década pasada. La explicación
que encontraron para este fenómeno es que la población que ha sufrido los nefastos efectos de una
hiperinflación es consciente de lo importante que es mantener la estabilidad de los precios, mientras en
Colombia, como dijo Fischer, "la inflación moderada no ha dejado que la población capte realmente los graves
efectos de un aumento constante en los precios, por lo que no están dispuestos a asumir los costos que se
originarían si se presentara una lucha frontal contra la inflación". Sin embargo, aunque nunca existió un
consenso entre la población para combatir la inflación, la crisis pudo más que las políticas del banco y las
teorías de los expertos. Por otro lado, se decía que los mecanismos de indexación presentes en la
economía colombiana _que ataban los salarios y los precios de la gasolina a la inflación_ no permitirían
romper la inercia inflacionaria. En el caso de los hidrocarburos se aseguraba que éstos tenían una
estrecha correlación con la inflación. Sin embargo la liberalización de los precios del combustible desvirtuó
esta teoría ya que, mientras en lo corrido del año los precios de este producto aumentaron en más del 30 por
ciento, el resto de los precios parecen no haber sentido ningún efecto. De la misma forma se afirmaba que
una mayor devaluación generaría una fuerte presión en los precios. No obstante, a mayo la devaluación en
los últimos 12 meses estuvo 10 por ciento por encima de la inflación y hasta ahora no ha sido un factor
determinante sobre los precios.No se puede cantar victoriaA pesar de que desde 1991, cuando se
institucionalizó la independencia del Banco de República, la inflación ha caído del 26,8 por ciento al 9,98
por ciento, existen varios riesgos que podrían originar un repunte en este indicador en los próximos años. El
más grave es que se mantiene la tendencia deficitaria del gobierno central, lo que presiona constantemente
los precios en la economía. Este riesgo se relaciona con otro, y es que así como es evidente que la recesión
ha tenido una incidencia fundamental sobre la caída en la inflación en los últimos años, si no se reduce el
gasto público, cuando se reactive la demanda privada volverán las presiones inflacionarias. En este orden
de ideas y aunque los miembros de la Junta del Emisor han recibido muchas críticas, es primordial
mantener la independencia de este organismo para que no se pierda la perspectiva de lo importante que es
para el país reducir la inflación a niveles de Estados desarrollados. De lo contrario no habrá quien le haga
contrapeso en materia monetaria al gobierno de turno en la constante ansia por gastar más de lo
necesario y disponible.

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